Jorge Obeid, Nicolás Correa, José Bernhartd y las preguntas pendientes.


Versión completa de la carta publicada hoy en Rosario 12 como Cartas de lectores bajo el titulo de Pendiente y firmada por Alejandro Cordoba, Jorge Pedraza, José Schulman y Graciela Rosello, ex presos políticos, querellantes y testigos en la causa  por los delitos cometidos en la Cuarta en los juicios realizados en 2009 y 2010

 

 

 

En algún tiempo muy lejano, Jorge Obeid dirigía la Regional II de la Juventud Peronista. Eso fue antes.  Antes que los jóvenes peronistas se fueran de la Plaza de Mayo en protesta por el giro que insinuaba el gobierno nacional  y entonces él, junto con algunos pocos más fundara la J.P. Lealtad para luego  “hacer la plancha” durante la dictadura y luego,  ya con su perfil profesional de Ingeniero se reciclara como dirigente  en el Peronismo de santafecino, el mismo que ganó las primeras elecciones del ´83 con una lista, que dicen, se armó en el despacho del Segundo Cuerpo del Ejercito.

No sabemos si conoció a Alicia López, una militante de la Jotape que era descendiente del Brigadier Estanislao López y que se fue al norte santafecino a fortalecer las Ligas Agrarias aportando a editar el periódico de los agricultores pobres y su labor docente con los niños del campo. Si sabemos que cuando su compañero cayó preso, Alicia pensó que estaría más acompañada y segura en su ciudad natal y se volvió a Santa Fe para ser  secuestrada, torturada y asesinada por los grupos de tareas. La historia es conocida, su caso ha sido juzgado y fue condenado el Comisario Mario Facino, ya fallecido, aunque no todos los imputados en la causa llegaron al juicio por razones biológicas.  Uno de ellos se llamaba Nicolás  Correa y está comprobado (con testimonios y documentos oficiales) que actuaba para el Servicio de Inteligencia en diversos sitios del circuito represivo santafecino, incluyendo la celebre Seccional Cuarta de Policía.

Alicia llegó allí para fines de octubre, algunos de nosotros estábamos allí; y todos los testimonios coinciden en que falleció para mediados de noviembre.  Antes, había recibido las visitas del oficial Nicolás  Correa, como el propio Facino relató en sus “palabras finales” tratando de trasladar a otro su inexcusable responsabilidad de todo lo que pasaba en la Cuarta por su condición de Jefe de la Seccional, puesto allí por el Segundo Cuerpo del Ejercito. Fue otro oficial de Inteligencia del Segundo Cuerpo, José Bernhartd, quién convocado por el Ingeniero Jorge Obeid en su primer mandato de gobernador para el cargo de subsecretario de Seguridad (nada menos), el que puso a Nicolás Correa como asesor de seguridad, cargo que mantuvo por cuatro años, entre 1995 y 1999, a pesar de las denuncias que los sobrevivientes de la Cuarta hacían sobre Brusa, Ramos, Correa y otros personajes menores de aquel drama.

El juicio por Alicia fue en el 2010 y varios de nosotros  reclamamos que el Partido Justicialista expulsara de sus filas a los afiliados que habían sido condenados en la causa Brusa:  el Oficial de Inteligencia Eduardo Ramos y el Comisario Mario Facino, ambos con actividad publica en el peronismo y el último, electo dos veces Jefe Comunal de Rincón en las listas del Pejota.  También que Obeid y Reutemann dieran una explicación por la designación de Bernhartd y  Correa.

Luego de varias idas y vueltas, Ramos y Facino fueron dados de baja del padrón partidario. Pero nunca nadie explicó porque un oficial del ejercito a cargo de un grupo de tareas, que se salvó de la condena por la muerte de Alicia López solo por motivos biológicos, era el asesor de seguridad de un Militar retirado, integrante del Batallón 601 de Inteligencia, nombrado a cargo de la Seguridad de la Provincia primero por Obeid y luego por Reutemann.

El Ingeniero Obeid tiene una vez más la oportunidad de saldar su deuda con  la memoria histórica: dar explicaciones y pedir disculpas a las víctimas de Correa. Porque si este evitó la condena judicial es por la protección que Obeid y otros le dieron por tantos años. La impunidad se construyó con mil acciones que desembocaron en la impunidad biológica que lo salvó de la condena, pero la memoria es más fuerte que el olvido y en nombre de ella venimos a exigir la explicación que nos debe. Y le debe a la democracia argentina.


Confirmaron la sentencia contra Victor Brusa y el grupo santafecino condenado en el 2009


el 18 de agosto de 1992, el diario La Capital de Rosario publicó mi denuncia que el candidato a Juez Federal de la Nación del Pejota Santafecino era un torturador; los Señores Senadores se cagaron en la denuncia y lo hicieron Juez Federal; en 1999 junto a otros compañeros lo denunciamos en España ante la Audiencia Nacional Nº 5 de Madrid que en el 2001 pidió su extradición, rechazada por De la Rúa; en 2002 pedimos que se abra un juicio penal en Argentina y lo logramos (antes de que caigan las leyes!!!!), en el 2005 lo indagaron y detuvieron; en el 2009 lo condenaron a 21 años de prisión en cárcel común y hoy, 30 de mayo de 2013, luego de veintiunaño de luchas, 249 meses,  unos 7560 días y otras 7560 noches, la Cortes Suprema ha rechazado todos los recursos y la sentencia está firme…..en memoria de Alicia Lopez y todos los que no llegaron hasta aquí, mi puño izquierdo en alto para unirse a la V de mis compañeras y compañeros de la Cuarta, de la Guardia de Infanteria, de Coronda y de todas las luchas: al Mono, al Negro, a las Patricia y la Stella, a la Chile y a todas y todos…salud compañeros y camaradas, que nosotros vencimos, esta vez, en esta batalla, al menos, vencimos y vale la pena celebrarlo

Esta no es la Justicia que nos prometieron…


El torturador Curro Ramos (“mi” torturador, para no hablar como un flemático investigador sueco del genocidio argentino) y el archí violador de los derechos humanos, Víctor Brusa (archí represor porque era funcionario judicial cuando colaboraba con los torturadores y llegó a ser Juez Federal de la Nación), condenados a penas de más de 20 años por delitos de terrorismo de Estado, pasaron las fiestas con sus familiares, en sus casas. ¿Que tierno, no?, y cuanto me hicieron recordar mis fiestas de 1976, encerrado como un perro en la Guardia de Infantería Reforzada de Santa Fe. ¿Cuántos de los miles de encerrados en las cárceles santafecinas, pasaron sus fiestas en sus casas con sus familiares?.

El asesino de Alicia López, muerta por desgarro vaginal en el patio de la Comisaría Cuarta, donde él era comisario y yo estaba secuestrado en la celda que daba al patio donde Alicia fue violada, Mario Facino, que ya cuenta con dos condenas[1], una por torturas a varios presos (entre los que me cuento) y la muerte de Alicia, toma café con sus amigos en un coqueto bar de un supermercado del barrio más recoleto del pueblo donde vive en su casa, y del cual fue Jefe de Comuna. ¿Y cuántos condenados, mayores de setenta, frecuentan bares y supermercados como simples jubilados que intercambian anecdotas con sus viejos amigos y compañeros de juegos?

El General Santiago Omar Riveros,  ingeniero para más datos y ex Jefe de Institutos Militares (Campo de Mayo) y representante argentino ante la Junta Interamericana de Defensa, condenado a prisión perpetua en cárcel común por el Tribunal Oral Federal Número Uno de San Martín por el crimen de Floreal Avellaneda, militante comunista de quince años muerto por empalamiento y tirado su cadáver al Río de la Plata, donde apareció flotando pero del lado de Montevideo, cumple su condena en su “modesto” departamento porque la Cámara de Casación consideró que su condena no está firme hasta que la Corte no la confirme, y la Corte no la confirma porque Casación no la trata, y así podríamos seguir uno por uno con los perpetradores del Genocidio que hoy burlan la justicia, gracias a la justicia, cumpliendo las condenas que supimos conseguir en duros y largos años de batalla popular, en sus domicilios, rodeados de sus afectos, gozando de los bienes materiales que han comprado gracias a los servicios prestados al Poder Económico durante los años de plomo.

En la condena a Etchecolatz, el presidente del TOF La Plata, el Dr. Carlos Rosanzky, al fundamentar la negación del beneficio de la domiciliaria estampó “Etchecolatz cometió delitos atroces y la atrocidad no tiene edad. Un criminal de esa envergadura, no puede pasar un sólo día de lo que le reste de su vida, fuera de la cárcel. Así voto.”

En el debate sobre los fueros parlamentarios de Patti, que lo hubieran salvado del juicio que lo condenó por terrorista de Estado, el periodista Mario Wainfeld desarrolló un concepto que conviene retener: la situación de estos ciudadanos no es equiparable a quien es acusado del robo de una bicicleta y merece el derecho de la presunción de inocencia; no fueron juzgados en su momento porque el Estado los protegía abiertamente (periodo 1976/1983), o los consentía vergonzosamente (1983/87) o intervino brutalmente con leyes y decretos para proteger su impunidad (1987/2003); decía Wainfeld que en estos casos “la presunción de inocencia” debe ser relativizada; y digo yo, que cuando el Estado que los protegió por más de treinta años, finge que son delincuentes comunes (y ni eso, porque hay miles de mayores de setenta años pudriéndose en vida en las cárceles argentinas, muchos de ellos sin condena), y se aferra a la “normalidad procesal” (lectura dogmática y descontextuada de la Ley) es para continuar defendiendo su impunidad como en los casos de Brusa, Ramos, Facino y Riveros.

He aquí hoy el centro de la discusión: seguir adelante con la normalidad procesal terminará frustrando el proceso de juicio y castigo a los terroristas de Estado; reconocer el exacto “objeto procesal” en debate, que no es otro que un genocidio cometido para fortalecer el Poder Económico y sus cómplices militares y civiles, obliga a volver a la doctrina Rosanzky: “Un criminal de esa envergadura, no puede pasar un sólo día de lo que le reste de su vida, fuera de la cárcel”

 

 


[1] fui querellante y/o testigo en los dos juicios

Nueva matemática jurídica: el doble para los militantes y la mitad para los genocidas


El 22 de diciembre el Senado de la Nación (ojo, el mismo que en 1992 elevó al Dr. Víctor Hermes Brusa al podio de los Jueces Federales de la Nación) aprobó el proyecto de Ley Antiterrorista elaborado por el gobierno nacional y antes aprobado por los Diputados Nacionales. La Ley establece que -en caso de que un Juez Federal considere que se ha delinquido “para aterrorizar a la población” o “pretender hacer que un gobierno haga lo que no quiere hacer” el monto de la pena del delito que sea (y hay mil tipos penales en el Código Penal) se duplicará. Si el Código Penal dice cinco años, serán diez; y si dice diez, serán veinte. Para los militantes populares condenados por “terroristas” (la misma denominación que sufrieron San Martín y Monteagudo por parte de los españoles o los treinta mil desaparecidos por parte de Videla y sus acólitos) cada día de prisión valdrá la mitad. Es toda una demostración del odio que el Poder -y sus amigos en el gobierno y el Congreso- reserva para los que luchan por los derechos del pueblo, para los que conquistaron la Memoria, la Verdad y la Justicia que gozamos.

El 29 de diciembre, el mismo Tribunal Oral Federal constituido en Santa Fe para juzgar a un grupo de represores entre los que se encuentran el ex Juez Federal Víctor Brusa, el torturador Curro Ramos y la perversa policía María Eva Aevis, que en diciembre de 2009 había dado una condena ejemplar, sin absoluciones y con montos punitorios que rondaban los 20 años o más, en una voltereta digna de acróbatas de circo, decidió computar cada día de la prisión preventiva de 2005 al 2009 como doble y como si eso fuera poco, también los días de prisión transcurridos luego de la condena por ellos firmada, ya que fue apelada y no está firme todavía.  El cálculo es inedito y encierra una paradoja brutal: la intervención del Estado para garantizar la impunidad de los represores, que los dejó libres por años y años, ahora es considerado motivo de nuevos beneficios que se acercan bastante a la idea que cualquiera tiene de la impunidad. Gracias a la nueva matemática jurídica los represores pasaron las fiestas con su familia gozando de salidas transitorias que se incrementarán sino prospera la apelación del fiscal santafecino Suarez Faisal quien alegó la enorme contradicción entre haber juzgado delitos de lesa humanidad, y por ello imprescriptibles, y ahora banalizarlos con la nueva matemática jurídica.

Desde 1992, en que el Senado Nacional nombró Juez Federal a Brusa no hemos dejado de luchar contra su impunidad. En 1998 declaramos ante la Audiencia Nacional Número Cinco de Madrid.  En 1999 lo hicimos ante el Consejo de la Magistratura que lo terminó destituyendo por un “accidente fluvial”.  En el 2002 pedimos al Juez Cavallo, ante la negativa de De la Rúa de extraditarlo a España que abriera juicio en el país.  En mayo del 2002 declaramos ante el Juez Rodriguez de Santa Fe. Recién en el 2005 los indagaron y detuvieron pero desde entonces el Poder Judicial ha sido solicito y tierno con Brusa como si no se hubiera demostrado en el Juicio Oral del 2009 que era parte necesaria del circuito terrorista con centro en la Cuarta.  Jueces que se niegan a juzgarlo, conjueces que se niegan a formar parte del Tribunal y cuando parecía que todo se había superado, el mismo Tribunal que lo condenó considera que dos años de condena valen por doce. Prodigios de las matemáticas y muestra de lo que es el Poder Judicial: una asociación lícita de defensores de la impunidad, aunque a veces tengan que condenar alguno.

El Tribunal de Santa Fe no ha aplicado la nueva ley antiterrorista, pero ha entendido perfectamente el mensaje que el gobierno y los legisladores le dieron al Poder Judicial: ya no hablaremos más de terroristas de estado, actores de un genocidio sufrido por todo el pueblo; los terroristas fueron, son y serán los que luchan por la felicidad del pueblo y a ellos sí que les caeremos con todo “el rigor de la ley”, tan “comprensivo” y “solidario” con los represores.

Que tomen nota los funcionarios y legisladores que elaboraron y aprobaron la Ley: es a este Poder Judicial, a estos represores Jueces amigos de los represores, que les han entregado la Ley Antiterrorista.

A no quejarse cuándo amén de liberar a los verdaderos terroristas condenados, comiencen a perseguir a los compañeros del campo popular, muchos de los cuales los votaron.

Agradecimientos


Se sabe que al ser interrogado sobre el autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada (el 26 de julio de 1953), en la farsa de juicio oral montada en su contra, el Comandante Fidel Castro, respondió que era el mismo José Martí, padre de la nación cubana.

La respuesta, que formaba parte del alegato “La Historia me absolverá” constituía una de las definiciones programáticas que el Movimiento 26 de Julio primero y el Partido Comunista de Cuba, fruto de la unificación de todas las fuerzas revolucionarias, sostendrían como el paradigma articulador de su concepción de la nación cubana.

Y también encierra una enseñanza metodológica permanente: no se puede comprender la lucha de los pueblos si no se la piensa desde una larga perspectiva histórica, como procesos sociales  y por definición colectivos, plurales y hasta contradictorios.

En la lucha de clases, y el juicio contra Brusa y Cía. es la más evidente confirmación de que la lucha de clases está en el mismo centro de los procesos sociales, nadie puede adjudicarse la autoría individual o grupal de un acontecimiento.

Dicho esto, y reafirmando que la condena a Brusa y Cía, primera condena al terrorismo de Estado en la provincia de Santa Fe, primera condena a alguien que llegó a ser Juez Federal de la Nación y primera condena a una mujer represora, todo lo cual constituye un duro golpe a la impunidad santafesina (y estoy pensando en los que transformaron la pampa gringa en una mega empresa sojera bajo el dominio de la trasnacional Mosanto o los que inundaron Santa Fe en el 2002 o los que mataron a Graciela Acosta y Pocho Lepratti o en el Obispo violador Storni o en la protección de los Gobernadores Reutemann y Obeid del grupo de represores ayer condenados, etc. etc.) es el resultado de una larga lucha plural, colectiva y donde ha habido debates y puntos de vista no siempre coincidente, quisiera hacer ahora el agradecimiento hacia quienes posibilitaron mi aporte personal, el del organismo de derechos humanos al que pertenezco y del partido político en el que milito.

Así pues que agradezco

  1. a Graciela Rosello, con quien compartí las persecusiones y resistencias bajo la dictadura y que supo educar a nuestros hijos en los valores que distinguen a los que no “pasan por la vida” sino que la honran con su dignidad y aporte a la lucha colectiva.
  2. a Carlos Peresuni, y en el simbolizo a toda la fede santafesina, que en marzo del 76 me protegió y cobijó hasta que me detuvieran en octubre del 76 para seguir siendo solidarios durante mi primera detención y mi segundo secuestro
  3. a Mateo Rosello, que encabezaba entonces el Partido Comunista y no dejó puerta sin tocar ni fuerzas a que apelar en procura de mi libertad o de mi vida
  4. a mi tía Rebeca y mis primos que me alojaron una y otra vez en su vivienda, a pesar de que era público que era perseguido por los grupos de tareas
  5. a mi madre Flora y mis hermanos Pablo y Cacho que sufrieron las consecuencias de la bomba de diciembre del 75, el allanamiento del 24 de marzo y los hechos posteriores que fueron objeto procesal en esta causa
  6. a Pura Rosello, la madre de Graciela y la familia de Hernan Gurvich, que hicieron todo lo que había que hacer por nuestra libertad
  7. a Raúl Gómez que avisó a mi familia de mi primer secuestro en la Cuarta en octubre del 76 a pesar de revistar entonces en la fuerza policial.
  8. al Dr. Marcelo Rousic Tournon, que como testimonió en el juicio, presentó dos veces recurso de habeas corpus por mi persona y me asesoró para la denuncia por apremios ilegales en diciembre del 77, acción judicial que insólitamente ahora es motivo de justificación para exculpar al Curro Ramos de mi segundo secuestro
  9. a la Familia Nadalutti que organizó y realizó la mudanza clandestina en enero del 78 de Santa Fe a Rosario
  10. a Fidel Toniolli y Daniel Zapp, dirigentes comunistas rosarinos que mantuvieron funcionando la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y la Comisión de Familiares de detenidos desaparecidos de Rosario que funcionaba en la calle Ricardone 53 y que me enseñaron el abc de la lucha por los derechos humanos en 1978 cuando me incorporé a la actividad cotidiana de la Liga en ese local
  11. a Raúl Jauzat, entonces militante de la Fede rosarina que llevaba a mi mamá en su auto a la Cárcel de Coronda y que cuando ella le decía que se quedara lejos, llegaba con ella hasta la puerta
  12. a los compañeros Norberto Olivares, Rubén Naranjo (q.e.p.d.) y Carlos de la Torre que me bancaron en la primer conferencia de prensa contra Brusa en Rosario en agosto de 1992, intentando impedir su  nombramiento como Juez Federal a iniciativa de Reutemann, Rubeo y Gurdulich de Correa (gobernador y senadores nacionales peronistas de la provincia)
  13. a los compañeros Luís Canalis y Bachi que fueron  los  primeros militante de esta denuncia en Santa Fe
  14. a los compañeros de la Central Intersindical Galega que me alentaron en 1998 a presentar denuncia ante el Consulado de España en Rosario primero y la Audiencia Nacional Número Cinco de Madrid luego
  15. al compañero Patricio Echegaray, secretario del Partido Comunista, que decidió respaldar y financiar el viaje a España y creó las condiciones para que pudiera llevar el caso Brusa a España, Portugal y Francia
  16. a la compañera Adriana Calvo de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos y Graciela Rosenblum de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre que me sostuvieron en la denuncia contra Brusa ante el Consejo de la Magistratura que terminaría en el Jury de destitución que lo volteó en el 2000
  17. al compañero Carlos Zamorano que estudió el tratado de extradición con España y encontró la forma de exigir su juzgamiento en la Argentina en setiembre de 2001
  18. al compañero Rodolfo Yanzón que me acompañó a entrevistar al Procurador General de la Nación, Carlos Becerra  y aportó a convencerlo que ordena iniciar la causa
  19. al compañero Norberto Olivares que diseñó el recurso de amicus curiae y la presentación ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por la misma razón y fuera hasta el 2002 mi asesor legal
  20. al compañero Rubén Contín que sostuvo la querella en la causa Brusa desde el 2002 hasta su elevación a juicio oral en 2008
  21. al diario Rosario12 que por 17 años difundió mis denuncias y opiniones, sin ningún tipo de censura o discriminación, especialmente a los periodistas Pablo Feldman y Horacio Vargas
  22. al Canal 7 de Buenos Aires, especialmente a la periodista Paloma García de la Gerencia de Noticias que siempre está presta a difundir “las otras noticias”, las que no aparecen en TN ni Radio 10
  23. al compañero Jorge Grela y la organización Arex Andalucía que en todos estos años difundieron la causa en Europa y procuró solidaridad material para nuestra lucha por parte de la Diputación de Granada y el Fondo Andaluz de Solidaridad Internacional
  24. a las compañeras de Madres, del Medh y Familiares de Santa Fe que fueron siempre animadores incansables de esta lucha, a la Queca, a Milagros y a Marcelo.
  25. a la Fede santafecina que desde 1992 tomó esta lucha como propia, a Martín, Cristián, Mati y los nuevos, esos que hicieron el aguante cada día del juico y el día de la sentencia
  26. a la Liga de Santa Fe que creció en estos años sosteniendo la causa: a Eugenia, Laura, Vero, Cecilia y Pupila
  27. a la secretaria del Pece de Santa Fe, Graciela estuvo cada día y cada hora de este juicio con su sonrisa y voluntad inquebrantable
  28. a la compañera Sonia de Amasafe Pcia que hizo un esfuerzo fenomenal para crear las condiciones para que el equipo de la Liga pueda trabajar, y a todos los que fueron solidarios con nosotros: los compañeros de Amasafe Rosario, de la Conadu de Rosario, de la secretaria de DDHH de la Cta, de la secretaría general de la CTA, de la Federación de Judiciales de la Argentina y muchos más que aportaron a sostener esta causa
  29. a Fabiana Rouseaux que me ayudó, más de una vez a salir de mis laberintos y poder construir el testimonio que luego fue alegato.
  30. a Ana María Careaga que hizo todo lo posible desde el Instituto Espacio para la Memoria de la ciudad de Buenos Aires para apoyar este juicio, como hace con todos los juicios
  31. a Agustín de Hijos y Nora Cortiña de Madres que me acompañaron cuando testimonié
  32. a Graciela Rosello, Hernán Gurvich, Julio Gambina, Marcelo Rousic Tournon, Oscar Vasquez, Lito Sorbellini, Roque Quaini, Raúl Gómez, Carlos Peresuni, Chicle Córdoba, Alcides Schneider, Rubén Moulin y Ruben Pinto que dieron testimonio en el juicio aportando a reconstruir la verdad y confirmando mi testimonio de un modo contundente
  33. a mis compañeros de la Liga nacional que durante cuatro meses me apoyaron y reemplazaron en todas las tareas que no pude cumplir por estar en el juicio
  34. a mis camaradas de la dirección nacional del Partido Comunista que se comprometieron con este juicio, y con todos los juicios contra el Terrorismo de Estado, como ningún partido político argentino lo hace, reclamando y consiguiendo el rol de querellante para esta fuerza política
  35. y al invalorable esfuerzo de las compañeras abogadas Daniela, Leticia y Jessica que desde Rosario sostuvieron la causa Brusa sin abandonar la causa Quinta de Funes
  36. a mis hijos Mariana, Javier y Ernesto que comprendieron la importancia de esta causa para mi y disimularon las ausencias
  37. a las mujeres que compartieron momentos de su vida conmigo en estos años, y fueron razón de lucha por la verdad y la justicia
  38. y a la Mechi y el Ciego que estuvieron conmigo siempre, y lo estarán para siempre

Duro golpe a la impunidad santafecina


En la primera sentencia dictada contra el Terrorismo de Estado en la pcia de Santa Fe, el Tribunal Oral Federal condenó a todos los acusados que quedaron en la causa (la causa iniciada en 2002 pasó por innumerables incidentes y cambios pero al Juicio Oral habína llegado otros tres represores, todos militares, dos de los cuales fallecieron antes de la sentencia y el tercero declarado incapacitado fisicamente de ser juzgado) con penas que van de los 19 a los 23 años.

Fue la primera vez que se condena a un ex Juez Federal de la Nación, Víctor Hermes Brusa y a una mujer represora, María Eva Aebis y aunque no se aceptó nuestro pedido de considerar los delitos cometidos como parte de un Genocidio, por razones procesales que el TOF explicará en los fundamentos del fallo a conocer el 15 de febrero de 2010, el monto de la pena y la inscripción de los delitos en un plan de exterminio, como fundamento del monto máximo de las penas previsto por el Código Penal en todos los casos, configuran un duro golpe a la impunidad santafecina que parecía inconmovible: el Obispo violador Storni, el Gobernador inundador Reutemann, el Juez torturador Brusa son parte de la misma historia que ahora comienza a desandarse y el fallo permitirá nuevas batallas por la verdad y la justicia.

Esta batalla ganada contra el olvido y la impunidad es el fruto de una larga historia de luchas sostenidas por muchas fuerzas y compañeros, haber sido parte de esta pelea nos honra y compromete a seguir aportando a la unidad contra la impunidad de ayer y de hoy convencidos que así como la impunidad consolida la dominación, su derrota aporta a la construcción de una fuerza capaz no solo de conquistar la Justicia que nos merecemos sino de hacer realidad los sueños de los 30000 compañeros que no era otro que conquistar la definitiva y verdadera liberación de nuestra patria, esa que en el Siglo XXI los pueblos americanos llaman Socialismo

Informe sobre el discurso de un torturador


imagesEn el día de ayer (30 de noviembre de 2009), el Curro Ramos, quien fuera integrante del Grupo de Tareas que actuaba en Santa Fe durante la dictadura, miembro del Dto. de Inteligencia de la Pcia, y una especie de “enemigo personal” mio (estuvo el día que me pusieron la bomba en el 75, en los dos secuestros: el de octubre del 76 y el del noviembre del 77 y en el simulacro de fusilamiento y otras torturas del 22 / 11 / 77) pidió ampliar su indagatoria y así lo hizo.

Hay que recordar que Ramos, como tantos otros, se recicló después de la dictadura en el Pejota de la Pcia. de Santa Fe, el partido que gobernó la Pcia. desde el 83 hasta que ganó Binner, participó en las internas del Pejota y tenía un cargo en la Municipalidad de Santa Fe casi hasta su primera detención en el 2001 (por unos días, ya que De la Rúa y la Alianza negaron la extradición pedida por Garzón) y en los últimos años se dedicó a escribir sobre el periodo de la dictadura y su papel en la lucha contra la subversión.  El ha confesado, orgulloso, que se infiltraba entre los estudiantes de la Fac. de Derecho de Santa Fe (en el 77 cuando me “interrogaba” demostraba conocer bastante de la Fede y decía que compraba libros y charlaba con los compas en la mesa que entonces teníamos en la facultad) pero pareciera que su nivel cultural no ha progresado mucho.

Digo, no estamos frente a un pensador de derecha como Grondona o Sebreli, ni siquiera ante un Duhalde o similares.  En principio, me animo a decir que Ramos representa de un modo bastante directo el sentido común de la derecha peronista, pro fascista, que apoyó la Triple A y la Dictadura y que hoy ve en el Gobierno a un grupo de Montoneros, y así de seguido.

Reconociendo que la de ayer no fue una jornada precisamente “académica” para mi y los demás compañeros sobrevivientes del Terrorismo de Estado en Santa Fe que presenciamos en silencio sus afirmaciones grotescas, ofensivas, humillantes y degradantes hacia todos nosotros, intentemos tomar un poco de distancia y analizar su discurso porque vale la pena.

Ramos construyó varios discursos, cada uno de ellos expresivos del sentido común de la derecha y de partes importantes de la población, y los expresó de un modo bastante coherente para una persona como él; el problema es que los dijo todos juntos y eso los anuló a todos.

Básicamente Ramos presentó las siguientes hipótesis (siento que soy generoso con su capacidad intelectual, pero prefiero exagerar a subestimar el enemigo ideológico dado que lo que en él es patético en boca de los comunicadores de T.N. suena un poco más creíble)
a.  existió terrorismo de estado y fue obra del Ejercito apoyado por los grandes grupos económicos, los medios de comunicación (nombró puntualmente a El Litoral de Santa Fe) y la propia Iglesia; pero, y eso es lo fundamental en esta parte, la POLICIA no tuvo nada que ver, y en todo caso actuaba como un instrumento del Ejercito.  Es más se presentó como un luchador policial contra la prepotencia militar e inventó que había formado un movimiento para clamar (bajo la dictadura!!) para que el mando policial provenga de la fuerza y no de los militares.

b. todo el juicio es una creación falsa de los querellantes y testigos que sólo buscan el resarcimiento económico tal como, según el, se habría probado en el Juicio de España.  Así que quince testigos lo reconozcan como autor material de las torturas sufridas, es para él prueba del “complot”.  En este punto, como se muestra en la nota periodística adjunta, su teoría que nadie lo conocía y que una ex compañera de la escuela primaria, Anatilde Bugna, era la que había provisto la información a todos, puntualmente en el caso de mi secuestro, reconocido por él en la indagatoria ante la evidencia documental que consta en un expediente del 77 por una denuncia mía de torturas, cayó en contradicciones flagrantes que lo dejaron en ridiculo en su supuesto rol de “analista” que no iba a las seccionales y no tenía contacto con policía alguno.

c. el juicio es el producto de la acción de los Montoneros en el Gobierno.   Toda lo que él sufre como preso político responde a una vieja contienda al interior del Pejota entre los subversivos y la ortodoxia.  Allí se olvidó de todo lo que habia dicho antes y reivindicó lisa y llanamente la represión desde al perspectiva de la derecha peronista que avalaba el decreto de Lastiri e Isabel de “aniquilación” y así de seguido

Si bien, en el caso de ayer, su figura patética, su soberbia enfermiza (reflexionó que si las presas le decían “el lindo” era porque todos eramos jóvenes y lindos, como antes había dicho que siempre supo que las mujeres tenían fantasías sexuales con él y por eso las acusaciones de violación que hubo), sus contradicciones groseras y el hecho de presentar los tres discursos a la vez y mezclados, su discurso no tuvo efectos convincentes, quisiera llamar la atención a que de algún modo recoge algo que hay en la sociedad que siembran los grandes medios y los intelectuales más orgánicos y finos de la derecha, en este caso no desde el gorilismo crispado sino desde el componente de derecha que siempre tuvo el peronismo desde su propia fundación, y que hoy vuelve de la mano de De Narvaez, Macri y Felipe Sola, pero también de Carlos Reutemann y el miserable del Turco Obeid que curtía de amigo de la Revolución Cubana mientras tenía en su gobierno a los jefes de la represión, tal como se ha denunciado y probado en este juicio
Creo que es motivo de una buena investigación, rastrear las huellas de este discurso en los medios intelectuales y periodisticos, prometo que luego de la sentencia haré mi aporte

Diría dos cosas más.
Mas personales.

Una es el orgullo que la abogada de la Liga, la compañera Jessi, que el primer juicio oral que afronta, tuvo el coraje de enfrentarlo y demostrarle la contradicción de sus dichos a pesar del temor que tenía por el nivel de cinismo y agresividad del represor. Y con el orgullo, la convicción que estamos construyendo algo solido como Liga, que va más allá de Buenos Aires y de los “viejos” abogados y luchadores.

La segunda es que una vez más uno reflexiona sobre la primer pregunta que nos hacemos y que no es otra : qué hago yo aquí escuchando a este represor que con cinismo perverso afirma que no falta mucho para el indulto que lo libere? Que a uno le agarra la impotencia y tiene que esforzarse mucho para superar la mirada de la victima y pensar en términos de clase, de lucha de clases, de disputa por la subjetividad y entonces quedarse sentado sin hablar mirando como el tipo que casi me mata dos veces dijera, prácticamente, que lo volvería a hacer.  Si dicen que la tortura es indescriptible en su sentido más profundo y humano, confieso que la experiencia de ayer también lo es.
Estas líneas son el único modo que encuentro de encausar el odio y la impotencia que sufrimos ayer, y un intento de transformarlo en algo útil.

De ausencias y presencias


Publicado en Rosario 12 como columna de opinión el 29 de setiembre de 2009

El juicio oral que se lleva adelante en Santa Fe, como todos, tiene su especificidad distintiva. En principio destaca la presencia de un ex Juez Federal, pero no en el lugar habitual del Tribunal, sino en el del banquillo de acusados por perpetrar un genocidio. Víctor Hermes Brusa, funcionario judicial del Dr. Mántaras, Juez Federal en Santa Fe bajo la dictadura, articulaba su accionar con el grupo de tareas que torturaba en la Cuarta (Bv. Zavalla y Tucumán) y fue promovido a Juez por Carlos Reutemann por medio de sus senadores Gurdulich de Correa y Rubeo. La infamia se cometió bajo el menemato en 1992.

Pero su presencia es un emergente: el de la subordinación del Poder Judicial al Terrorismo de Estado como confirmó ya la CONADEP en los 80 y ahora parece olvidarse: negaban los habeas corpus, ignoraban toda denuncia de tortura o asesinato, legitimaban los actos de un poder surgido ilegalmente, y por ende, nulos de toda nulidad. Todos sus actos: la deuda externa, los fallos judiciales, las adjudicaciones de ondas radiales…

A decir verdad la tragedia del liberalismo había comenzado en 1930 cuando la Corte Suprema de entonces legitimó el primer gobierno surgido de un Golpe de Estado abriendo paso a la “continuidad jurídica” que aún sufrimos.

Pero no es esa, la de Brusa, la única presencia. También están los compañeros sobrevivientes, “mandatados” para horrorizar por la tortura sufrida en cuerpo y alma, y que ellos dan vuelta para convertir su testimonio en una acusación contra los represores y el modelo de país que impusieron. He ahí su derrota, pensaron que nos habían quebrado y los vencimos. Vencidos vencimos. Y también están los desaparecidos con nosotros, y ellos lo saben. Todos lo saben. Los desaparecidos están desaparecidos había dicho Videla pero también en eso fue derrotado. Aquí están, y no sólo en las fotos que portamos al declarar, sino en nuestros corazones y se sabe que quien vive en el corazón del pueblo, vive para siempre.

Pero el juicio también es simbólico por las ausencias: la de los tres militares que por razones biológicas (uno falleció y los otros dos tienen cáncer terminal) lograron el sueño de ser Pinochet: morirán acusados pero no condenados. Y no es el cáncer el culpable, sino la impunidad. En 1983 estaban sanos, también en el 2003, su impunidad no es un problema sanitario sino político: es una decisión estatal que sólo haya pocos juicios por pocos represores, y así pasarán a la historia los sucesivos gobiernos constitucionales, como quienes desaprovecharon el respaldo social existente para castigar el Genocidio.

Y hay todavía una ausencia más dolorosa. En el juicio se confirma que no sólo eran perversos torturadores, sino vulgares ladrones de libros y licuadoras; pero el robo verdadero lo hicieron los grandes grupos económicos como Acindar (no olvidar, Martínez de Hoz, antes de ser ministro de Videla fue presidente de la empresa de acero) que gastaron a cuenta de la deuda externa que luego Cavallo estatizó y todavía seguimos pagando.

Pero de todas las ausencias y presencias me quedó con una de las que no estaban dentro de la pequeña sala de audiencias, en la calle, un jovencito con ojos grandes y remera del Che, el día del inicio me abrazó y me dijo: “Esta la ganamos, compañero”, y como lo dijo con tanta convicción, yo le creí. Esta la ganamos, compañeros

Historia para tus hijos (cuando sean grandes)


Crónica del testimonio en el juicio oral publicado en el periodico Propuesta, escrito por Matias Bustelo

José Schulman, responsable de Derechos Humanos del PCA, secretario de la Liga Argentina por los Derechos de Hombre, brindó testimonio de terrores sufridos en carne propia ante un estrado judicial santafesino, en un juicio por crímenes de lesa humanidad cuyos fundamentos nos duelen a todos.

José Schulman dejó al alcance de su mano el trípode metálico que acompaña y ayuda sus pasos y se sentó ante los jueces. Como no tiene fe religiosa, juró su verdad sobre la memoria de los 30000 compañeros desaparecidos. Atrás de su banca, la de un sicólogo vigiló que no quebrara mal, tan denso es el combo que debe repetir Schulman. Llevaba colgada al cuello una foto de Alicia López, desaparecida. El hombre hizo su comienzo fácil a los jueces: ratificó las denuncias del expediente (las de apremios ilegales y torturas, efectuadas en 1977 y las del testimonio ante el Consejo de la Magistratura, en 1999).

Pero el Juzgado exigió pormenores y, entonces, Schulman, confeso ateo, confesó que en 1975 salvó dos veces la vida “por milagro” (Él en esa época era pecador de tres pecados era joven, militaba y tenía libros en casa). Una, cuando una patota sindical de la UOM, lo arrinconó en un pasillo para gatillarle una 45 en la cabeza. Otra, cuando el 5 de diciembre de 1975, después de festejar el egreso universitario de la entonces compañera suya, una bomba estalló en su casa. En este punto recordó que al salir a la calle reconoció al oficial de la policía provincial Carlos Rebechi, jefe de una banda de inteligencia dedicada a secuestrar militantes sociales, quien ya lo había detenido en 1973. “Lo más difícil de describir es la sensación al estar en una casa en la que estalló una bomba; uno se despierta en una nube de polvo sin entender qué pasa, si está en este mundo o en otro”, memoró Schulman, rasgando la nube. “Yo seguí militando igual”, agregó el tozudo secretario de la Liga para luego agregar reflexivo: “dimos el cuerpo por una democracia que no nos defendía, que no era nuestra”.

Se salvó esa vez, pero a pocas horas del golpe militar del año siguiente, una patrulla llegó a su casa y se llevó todos los libros de su padre, obrero ilustrado. También a su hermano Pablo, quien permaneció preso hasta abril de 1976.

Como clandestino, se salvó. “Santa Fe era tiros y tiros entonces. Y bombas y patrulleros y la sensación de que llegarían por mí en cualquier momento”, nos dice de esa época injusta que lo buscaba. La noche del 11 de octubre (o en la madrugada del 12, contradicción que no importa, porque los represores, pobrecitos, no se toman los feriados) Schulman había organizado en su casa clandestina una reunión de las Juventudes Políticas. Golpearon la puerta. Por la mirilla corrediza se asomó la punta letal de una carabina. Pidieron los visitantes el documento de todos los presentes. Vieron que Schulman se llamaba Schulman. Entró el conocido Rebechi y se llevaron al resto de los importunados. Quedaron Schulman y los uniformes. “Empezó un interrogatorio feroz, con golpes y patadas. Yo tenía 24 años”, dijo el hombre a los jueces del estrado. Bajó la cabeza.

Pero las normas de la Justicia obligaron a enumerar que lo encapucharon y que lo llevaron a lo que después supo era la Comisaría Cuarta de la ciudad de Santa Fe: celda infecta de la que vale destacar que a la madrugada de haber llegado Schulman internaron a una mujer en la “tumba” vecina, quien traía consigo un bebé. “Traté de ayudarla emocionalmente como pude; el bebé se pasaba de una celda a otra por entre las rejas y yo jugaba con él”. Después se la llevaron con su hijo, escuché llantos y gritos y, cuando la devolvieron a la “tumba”, el bebé no estaba con ella. Después desapareció Alicia López, otra compañera de cárcel (la flor colgando del cuello del testigo) de la que aún no se ha vuelto a saber.
Cerca de la Comisaría Cuarta de Santa Fe, vivía un bandoneonista, que aún vive allí. Regalaba acordes, como lejanos, a los torturados de la cuadra.

Después lo llevaron a Coronda, en un grotesco operativo en el que una docena de hombres desarmados fue cortejado por tanquetas, helicópteros y camiones de soldados en una autopista a la que anularon ambas calzadas. Dijo de esta prisión Schulman: “Coronda era una máquina de destruir subjetividades. Nos dejaron vivos, justamente porque pensaron que habíamos perdido la voluntad, sin embargo, a tres años de la desaparición de Julio López, no hay un testigo que se haya acobardado”. Citó a Borges: “hay una dignidad que el vencedor no conoce”. Cuando se fue de Coronda, lo despidió el coronel Juan Rolón, quien le dijo ese día: “a vos en Chile te habrían fusilado, pero si seguís gritando en el Partido Comunista te voy a fusilar yo”.

Schulman quedó libre en abril de 1977, sin embargo, el 22 de noviembre de ese mismo año, reconoció en un bar a un grupo de inteligencia policial capitaneado por Eduardo Ramos. Huyó. Los represores lo siguieron en un Fiat, cuando lo interceptaron, Ramos le colocó su pistola en la nuca, profiriendo al momento una afrenta verbal. Lo encapucharon, lo metieron en el asiento trasero del automóvil y lo llevaron a un sitio no identificado en el que lo desnudaron y le golpearon salvaje y reiteradamente el abdomen. También le colocaron una madera con clavos atrás de la pierna y lo obligaron a hacer flexiones.

Después lo llevaron a su simulacro de fusilamiento, en el que sintió una ráfaga cerca de su rostro y luego la voz de Ramos quien, después de increpar a sus compañeros por su “falta de puntería”, pareció efectuar un disparo, que tampoco acertó. Lo tiraron en una celda y lo sacaron a la mañana. Le quisieron hacer firmar una confesión en la que se adjudicaba la autoría de un atentado con artefacto explosivo en la plaza España de la ciudad de Santa Fe. Se negó a firmarla argumentando que para la época en que se le adjudicaba el hecho, él estaba preso en Coronda. Quien le exigió esa firma era Víctor Brusa, luego juez Federal…

Todos los presentes en el juicio esperaron que Schulman condenara las vejaciones sufridas a su cuenta, pero el hombre, en cambio, prefirió denunciar que “el robo grande en Santa Fe lo hizo Acindar, no lo perejiles de la picana, que te robaban los libros y la licuadora”. Y sin temor de caer en el discurso (porque ya no teme), agregó: “es mentira que los torturadores eran locos o enfermos. No: son seres humanos”. Y, para que la última reflexión no desconcertara, explicó: “la estructura misma del terrorismo de Estado generó un aparato de burócratas del terror, que no necesitaban órdenes para tomar decisiones autónomas”.

Sus últimas palabras fueron dichas sin sentido declamatorio, pero invitamos a leerlas de pie: “es imposible considerar este juicio como un juicio cualquiera. ¿Qué cosa es un juicio? ¿Qué cosa la reparación? ¿Quién nos va a devolver a Alicia López? Yo tenía 24 años cuando me metieron preso. ¿Quién me devuelve la juventud? El golpe no apareció en un instante sino que se construyó largamente. Hubo que organizar un ejército que primero se entrenó matando indios en el desierto. Un ejército que dio un golpe de Estado en 1930, otro en 1943, otro en 1955, otro en 1962 y otro en 1966. Este juicio permite restablecer la verdad de que la dictadura fue cívico militar con los fines de reorganizar el país en función de los grandes grupos económicos, que aún son sus dueños. En nombre de mi generación, me siento con el derecho de exigir que nos devuelvan la tierra y los salarios de los trabajadores. En este juicio están mis compañeros, porque los compañeros que están en el corazón de sus compañeros no mueren nunca. Hay tres militares acusados que hoy están ausentes, por ejemplo Rolón, que tiene cáncer. Y nosotros decimos que podemos pelear contra la impunidad, pero no contra el cáncer. Nosotros no somos como ellos. Es más, les deseo larga vida a todos los genocidas. Algunos quieren que estos juicios sirvan para aterrorizar a la gente, pero si sólo se habla del horror de la tortura, el secuestro o la muerte, nunca habrá un juicio para Martínez de Hoz, cuyo legado es una patria de miseria inhumana”.

Schulman bajó una vez más la cabeza. Bebió largos sorbos de agua del vaso a su lado. Finalizó: “empecé con un juramento de verdad, pero juro ahora que seguiremos en la lucha para que haya en Argentina memoria, verdad y justicia”.

Crónica de la presentación de Los Laberintos en Santa Fe


En la sede de Amsafé Provincial
PRESENTACIÓN DEL LIBRO “LOS LABERINTOS DE LA MEMORIA”
Ayer se presentó la tercera edición de “Los Laberintos de la Memoria, relatos sobre la lucha contra la dictadura y la impunidad”, de José Ernesto Schulman, querellante y secretario nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. “Este libro es un libro de un militante; de cómo se pudo resistir a pesar del dolor, cómo se pudo respetar las diferentes procedencias políticas para construir verdaderamente una resistencia ante los verdugos”, señaló la titular de Amsafé Provincial, Sonia Alesso.
03-09-2009 | 16:42 hs.
Autor: Agenciafe · Fuente: Agenciafe

Ayer presentaron el Libro de José Ernesto Schulman, “Los Laberintos de la Memoria, relatos sobre la lucha contra la dictadura y la impunidad” en la sede de Amsafé Provincial.

La primera en tomar la palabra fue la anfitriona del gremio, la Secretaria General Sonia Alesso, quien comenzó contando los tiempos que viven con este juzgamiento a los genocidas santafesinos, con el inicio de los juicios orales. “Para nosotros es una victoria del campo popular la posibilidad de tener sentados en el banquillo de los acusados, tanto el 31 con el comienzo de los juicios en Rosario, como el 1° con esa hermosa marcha exigiendo el juicio y castigo a todos los responsables del genocidio en la Argentina”, señaló Alesso, agregando que “para nosotros es una gran alegría y emoción estar compartiendo estos días y no podemos olvidarnos de los compañeros que hoy no están, muchos de los cuáles seguramente hubieran querido vivir este momento, viendo como se juzgaban a los genocidas”.

Luego, la Secretaria de Amsafé Provincial hizo referencia al libro que presentaban diciendo que “tengo la posibilidad de presentar este libro de José, que por supuesto leí, y que me emocioné mucho, porque José personalmente es un compañero que quiero mucho, que compatimos una etapa política y de mucho debate en su momento en el Frente Grande, y realmente quiero decir que este es un libro que se ha escrito para posibilitar la reconstrucción la memoria, de que no olvidemos de señalarnos permanentemente en el camino de la dignidad de los compañeros que adentro de la cárcel y que afuera de la cárcel y que en cada uno de los lugares siguieron resistiendo y peleando; y de todos los que hicieron posible que hoy estemos juzgando a los represores y pudiendo homenajear la memoria de nuestros 30.000 compañeros desaparecidos y de los miles y miles encarcelados o exilados; esto nos hizo sentir menos solos.

Luego Sonia Alesso agregó que “la dictadura no solamente trató de destruir los cuerpos sino que también trató de destruir las almas, las conciencias, la posibilidad de solidaridad, creo que si hay algo que hemos aprehendido en todos estos años es la posibilidad de poder compartir y poder discutir respetando cada uno sus indentidades, cada uno de nuestros idearios políticos, para poder construir este presente que sin duda está hecho con la lucha del pueblo argentino”.

“Este libro, este aporte que José hace, es un libro de un militante, no lo que yo pensaba, es un libro de un militante comunista, orgullososamente comunista, que no reniega de su historia familiar y personal, es un libro que habla de la unión que se vivió en la Cárcel de Coronda, cómo se pudo resistir a pesar del dolor, cómo se pudo respetar las diferentes procedencias políticas para construir verdaderamente una resistencia ante los verdugos. En definitiva es un libro que nos llena de esperanza, porque nos cuenta como se resiste y como se puede seguir viviendo en la dignidad de las convicciones.

Por su parte, el autor del libro, José Schulmann, señaló que “es un lujo estar hoy aqui con las Madres, con los compañeros de Amsafé para presentar Los Laberintos de la Memoria, relatos sobre la lucha contra la dictadura y la impunidad”. Luego hizo referencia al primer día que se lleva adelante a los genocidas santafesinos diciendo que “ayer un compañero muy joven cuando salimos del Tribunal, me abrazó y me dijo: esta vez la ganamos. Y lo dijo con tanta seriedad y tanta convicción que yo le creí. Entre tantos aprendizajes yo aprendí una cosa, que cuando perdemos, perdemos, y el día que lo secuestraron a Julio López y el día que apareció un cadáver tirado a media cuadra del juzgado y la abogada de Julio, que se llama Guadalupe, y estando en nuestra oficina le agarró un ataque de nervios, ese día yo sabía que perdimos. Y ayer cuando lo vi al Curro Ramos sentado en el banquillo de los acusados, y a Brusa, y a Facino y a los demás y a la rata de Marcellini escondiéndose para no ir al juicio, tampoco tuve dudas que ganamos y ganamos porque lo hemos construído largamente y entre todos”.

Después el autor hizo la presentación del libro leyendo uno de los tantos cuentos que contienen “Los Laberintos de la Memoria, relatos sobre la lucha contra la dictadura y la impunidad” que hizo emocionar a la importante concurrencia que estuvo en la sede de Amsafé Provincial.

El caso Brusa y el debate sobre el Consejo de la Magistratura


Después de treinta y tres años de los delitos cometidos en el Centro Clandestino que funcionaba en la Cuarta, Bv. Zavalla y Tucumán, ciudad de Santa Fe, un grupo de represores será juzgado por el Tribunal Oral Federal Número Uno de Santa Fe a partir del primero de Setiembre.  La causa se inició en el 2002, a nuestro pedido y tras la negativa de De la Rúa a cumplir con el Pacto de Extradición que el país tiene con el reino de España.  Entre los que serán juzgados se encuentra el ex Juez Federal Víctor Brusa y su condena será la primera que se dicte contra un funcionario judicial, y muy posiblemente, una de las pocas contra los civiles que fueron parte del plan de exterminio.

Brusa entró al Poder Judicial de la mano de su tío, un Juez Federal nombrado por el golpe gorila del 55 de apellido Wade y se asoció al equipo de otro Juez Federal, Mántaras, un fascista declarado que presidía Faeda (un organismo ultramontano de los 60, la Federación Argentina de entidades Anticomunistas).  Junto con Víctor Monti, el otro secretario del Juzgado, colaboraban con la tortura y eran considerados por la SIDE (según documento secreto de 1981 que obra en nuestro poder) “colaboradores en la lucha contra la subversión y amigos de la Fuerza”.  Desde su nombramiento en 1992, por iniciativa de los senadores santafesinos Luis Rubeo y la Gurdulich de Correa, por parte del Senado Nacional, denunciamos su pasado torturador y así logramos en el 2000 que se abriera un Jury de destitución a partir de una antigua denuncia del diputado Bravo, activada en el momento de la puesta en funciones del Consejo de la Magistratura.

Este había sido creado por la Reforma Constitucional de 1994, uno de los “regalos” que recibió Alfonsín a cambio de su aval a la reelección de Menem consagrado en el Pacto de Olivos, diciembre de 1993, pero hasta entonces no había sido implementado.  Desde antaño la labor de juzgamiento y destitución de los Jueces Federales recaía en el Poder Legislativo, o lo que es lo mismo decir, en la mayoría parlamentaria del momento.  Se trataba, se decía, de recortar el poder del gobierno de turno y de “democratizar” la justicia.  La composición del Consejo siempre fue corporativa: una cuota de consejeros para los colegios de abogados, otra para los jueces, otra para los legisladores y otra para la misma Corte Suprema.  El jurado de destitución era presidido por el miembro de la Corte. En el jury contra Brusa le tocó al vice de la Corte, Moliné O ´Connor, un menemista que sería luego destituido por corrupto.  Brusa tenía dos acusaciones: violar los derechos humanos y abandonar a un nadador por él atropellado en la laguna Setubal.  Así avanzó el Jury, con testimonios sobre los dos casos que se fueron probando de manera indiscutible.  No era fácil.  Brusa era todavía el único Juez Federal de la ciudad de Santa Fe y el obispo violador Storni, la familia judicial y la derecha de todo pelaje salió a bancarlo mediante una solicitada en la que consta hasta la firma de quien luego fuera ministro de Justicia de Kirchner, Iribarne. Pero la movilización popular se impuso y se llegó al momento del fallo con las acusaciones probadas largamente.  Catorce sobrevivientes de la Cuarta se presentaron a declarar y abundaron sobre el modus operandi de la Cuarta: tortura, intimación judicial y nueva tortura si no se firmaba la ficción de interrogatorio judicial que los Brusa o Monti presentaban.  Y ahí intervino Moliné O Connor: en una reunión del tribunal add hoc constituido para el Jury, planteó brutalmente que el único modo de destituir a Brusa era borrar los temas de derechos humanos y la mayoría aceptó el “canje” con la excusa posibilista de lograr “algo”.  El Dr. Nanno, en una postura ética que lo honra, presentó un voto en minoría en la que demuestró, no solo, el compromiso de Brusa con la tortura sino de todo el poder judicial con la dictadura.

Presidida por la Corte Suprema, el Consejo de los primeros años fue una pieza más del sostenimiento de la impunidad. El kirchnerismo se propuso cambiar algo pero no se animó a ir hasta el final: a cuestionar la “familia Judicial” con la que intentó acuerdos y negocios donde se mezclaba todo: algún intento de limpiar el poder judicial de los más retrógrados pero también el deseo de contar con “sus” jueces para tapar los negociados y corruptelas de sus cuadros.  Luego del 28 de junio, una ofensiva de tres patas se ha lanzado contra la composición actual del Consejo:  la familia Judicial que quiere recuperar la presidencia para la Corte, para volver a salvarlo a Brusa, es decir para garantizar el status quo reaccionario que hoy preside la justicia; la derecha política que se monta en el reclamo de la “familia” para golpear el gobierno desde los derechos humanos y los radicales que hacen su juego buscando cambiar la composición del Consejo para lograr su propia mayoría, pensando en un próximo gobierno propio o al menos consolidar “la Justicia” como territorio propio.

La composición actual del Consejo merece ser modificada pero no en la dirección que proponen la Corte, la derecha o los radicales, sino en una dirección contraria: hay que democratizar el Consejo metiendo pueblo en sus debates, dándole lugar a los organismos de derechos humanos, a los trabajadores judiciales y las centrales obreras, cambiando una lógica conservadora por una innovadora que se proponga un cambio de raíz en un Poder que desde 1930 en adelante fue funcional a todos los Golpes de Estado y que hoy es, sin duda, la principal traba al logro de la verdad y el castigo que buscamos para los genocidas de ayer y de hoy.

Si Brusa es el símbolo del compromiso de la Justicia con la dictadura, Moliné O Connor expresa la voluntad de impunidad que los anima.  En este tema, como en casi todos, o se avanza en una radicalización democrática o vendrá la restauración conservadora, y mucho antes que las elecciones del 2011.

La “normalidad procesal” y la impunidad de Brusa


Publicado en Rosario12 el 6 de junio de 2009 como columna de opinión

En diciembre de 1977, pocos días después de ser liberado de mi segundo secuestro en la Seccional Cuarta de la Policía, me presenté ante el Juez Iribas y denuncié los tormentos sufridos a manos del Grupo de Tareas compuesto por el Curro Ramos y otros (simulacros de fusilamientos, brutales golpes en el hígado, palos con clavos en las rodillas, etc.). A pesar de que el Dr. Orellana constató los daños sufridos y que la causa avanzó bastante; al final el caso quedó sin condena.

En agosto de 1992 denuncié que el Dr. Brusa era uno de los que participaba en las torturas, pero a pesar de que la denuncia fue amplificada por los diarios rosarinos (no así por El Litoral de Santa Fe) el Senado de la Nación, a iniciativa de los senadores de Reutemann lo hizo Juez Federal al miserable torturador. Hasta el año 2002 la Justicia no realizó ninguna investigación de las denuncias del 77, ni de las presentadas a la Conadep (que ya consideraba Centro Clandestino a la Cuarta en el 84) ni de las que presentamos ante Garzón en Madrid.

La causa se inició en mayo de 2002, luego de que De la Rúa rechazara el pedido de extradición y que la Liga Argentina por los Derechos del Hombre le pidiera al Procurador General de la Nación (Rosario/12 del 28/11/2001) que ordenara al Fiscal Freiler la apertura de la causa. El juez Rodríguez recepcionó rapidamente las testimoniales de los sobrevivientes (que ya habían declarado ante el Consejo de la Magistratura en el tramite que destituyó a Brusa en el 2000) pero luego congeló la causa hasta el 2005 en que los citó, detuvo y tomó indagatorias. Pero cometió un “error” procesal (los acusó de asociación ilícita sin interrogarlos) y la Cámara Federal de Rosario aprovechó para apartarlo y así enredar la causa que entró en un pantano jurídico del que solo emergió en febrero de 2008 al constituirse el Tribunal Oral Federal luego de un interminable desfile de jueces y abogados renunciantes que declaraban su admiración por Videla o su simpatía por Brusa. Al elevar la causa se decidió dejar de lado la desaparición forzada de Alicia López en octubre de 1976, que siempre denuncié y otros “detalles”.

Este 29 de mayo, siete años después de iniciada la causa, se ha convocado al Juicio Oral para el 1º de setiembre al tiempo que declaran inimputable al jefe Rolón y ordenan que solo dos abogados tengan voz en el Juicio. ¿Por qué? En aras de la normalidad procesal, contestan los miembros del Tribunal. ¿Cuál normalidad? ¿La que rechazó los habeas corpus que mi mamá presentó en el 76? ¿O la del Juez que desestimó mis denuncias de torturas de diciembre de 77? ¿O la del Senado que aceptó a Brusa? ¿O la del Juez Rodríguez que explicó la ausencia del secuestro de Alicia del auto de procesamiento por un “olvido”? ¿O la de este mismo Tribunal que tardó 450 días para “organizar” el Juicio Oral? Encapuchados nos tuvo la dictadura. Privados de justicia, invisibles, ninguneados, nos tuvo la democracia por veinticinco años. Ahora, pretenden silenciar nuestra voz en el juicio porque diremos que la “normalidad procesal” que reivindican es el modo de encubrir la “excepcionalidad” de un Estado que garantizó la impunidad de los represores. No lo permitiremos. La memoria es más larga que la traición.

La maldita impunidad


mientras trabajabamos para entregar al tribunal oral de santa fe el ofrecimiento de prueba sobre el jefe del Area Militar Santa Fe de los años de plomo, Juan Rolón, nos llega la noticia de su liberación por la Camara Nacional de Casación con argumentos similares (se supone porque no tenemos la cedula todavía) con los que declararon inimputable a Massera.

es extraño, la misma prensa e intelectuales que claman por la baja de la edad de la imputabilidad a catorce años o aún menos, callan en silencio complice ante la declaración de inimputabilidad de los responsables de un Genocidio que arrasó una generación y fundó el país injusto que hoy tenemos

la impunidad se sostiene desde las más diversas áreas y sectores.
cuando los diputados se niegan a votar en particular la ley que cierre el paso a los genocidas al congreso.
cuando los jueces permiten que las víctimas del terrorismo de estado sean revictimizadas en las audiencias orales que supuestamente deben producir el resarcimiento que la sociedad les debe.
cuando se permite que los juicios se demoren y demoren hasta que los represores mueran como pinochet, acusados pero no condenados, o puedan aducir demencia senil o enfermedades terminales como en este caso

me tocó, por militar en Santa Fe a la época de la Triple A y la dictadura militar, conocer a los dos primeros Jefes del Area Militar 212:
al Teniente Coronel Gónzalez a finales de 1975 ante quien concurrimos para denunciar la tortura de un militante de la Federación Juvenil Comunista por parte de un grupo de tareas a finales de noviembre de 1975, la entrevista se realizó a principios de diciembre y la respuesta fue que el cinco de diciembre de 1975 una bomba destruyó la casa donde vivía junto a mi madre y hermanos en Primera Junta 3588;
al coronel Rolón lo conocí en abril de 1977 cuando luego de haber estado preso salí en libertad desde la sede del Comando sito en la calle Avda Freyre cerca del Hospital Provincial, allí me mostró una ficha que supuestamente era la mia y me dijo que en Chile me hubieran fusilado pero que si seguía participando en política me vería de nuevo con ellos, y así fue, en noviembre de 1977 fue nuevamente secuestrado por un grupo de tareas y llevado al CCDT La Cuarta donde conocí al luego Juez Victor Brusa.

como dice el poeta, todo está guardado en la memoria y no habrá impunidades que la venza

la memoria es más larga que la traición, escribí en 1992 cuando Brusa fue designado Juez Federal de la Nación por el Senado a iniciativa de Reuteman y sus lacayos Gurdulich de Correa y Rubeo, y sigo pensando lo mismo.

a pesar de la libertad ordenada de Rolón

La nueva moda de los defensores y beneficiarios de la impunidad: los que se sienten “violentados


La nueva moda de los defensores y beneficiarios de la  impunidad: los que se sienten “violentados”

¿Qué hay de común entre un torturador que declara en el juicio por el Negrito Avellaneda y un Juez que se niega a juzgar los genocidas?  Que ambos dicen sentirse “violentados”.

El policía y torturador Alberto Aneto, que fue reconocido por los familiares del Negrito como uno de los asaltantes a su casa el quince de abril de 1976 y por Iris Avellaneda, la mamá de Floreal, como uno de sus torturadores, exigió que se retire de la sala del Juzgado de San Martín a los padres del Negrito dado que su presencia lo “violentaba”. Y su pedido fue concedido en nombre de la legitimidad procesal.

El Dr. Martín Gutiérrez, electo como conjuez del Tribunal Oral Federal de Santa Fe, luego de la renuncia de todo los titulares e innumerables sustitutos, encargado de juzgar al Dr. Víctor Brusa, ex Juez Federal de Santa Fe hasta su destitución en el 2000, y otra serie de genocidas como el Curro Ramos o Mario Facino, ha pedido ser relevado de su responsabilidad porque dice sentirse “coaccionado” por los dichos de la Presidenta y otros funcionarios en procura de castigo al terrorismo de Estado y el Consejo de la Magistratura concedió su deseo porque “No se encuentra en condiciones espirituales de decidir libremente”.

Así, en nombre del Derecho se construye la impunidad y  el olvido, se agravia a las víctimas del terrorismo de Estado y se facilita su legitimación.  Que todos tomen nota de los extravíos en que se encuentra la Justicia argentina.

Para decirlo de una vez, el discurso de los defensores de la impunidad hoy es presentarse como violentados por el –más que modesto- avance de los Juicios contra el Genocidio, víctimas de una venganza que los priva de sus derechos humanos como acaba de fundamentar Mariano Grondona, teórico de todos los Golpes y el Menemismo, desde su tribuna de La Nación[1]:  “La aplicación de nuestra ley no es pareja. Unos son castigados más allá de las garantías que deberían procurarles los jueces, en tanto otros son exaltados a pesar de lo que hicieron. Si la aplicación de nuestra ley fuera pareja y superior a la venganza, como quería Adam Smith, entonces los responsables por las aberraciones de los años 70 habrían sido todos procesados o estarían todos libres” que es lo que busca el ilustre Profesor.

Violentados estamos los privados de Justicia por más de treinta y tres años, violentado está el pueblo todo que sigue sufriendo sus consecuencias, violentados estamos los que una y otra vez somos agraviados en nombre de un Derecho que se niega a reconocer que en la Argentina hubo un Genocidio, cometido bajo especiales condiciones que buscaban su ocultamiento y que a más de tres décadas no se puede pretender juzgar el Genocidio como si fuera el robo de una bicicleta en el verano: la incongruencia entre el fenómeno social que se debe analizar y el instrumento jurídico se pone en evidencia en estos casos extremos pero recorre toda la geografía de los juicios y está en el origen profundo del “atraso” en condenar los crímenes aberrantes y de lesa humanidad.

Hace falta lo que pedimos todos los que queremos Justicia: una verdadera estrategia estatal para juzgar el Genocidio que sea integral, que unifique las causas en manos de Jueces comprometidos con la democracia, que es el único modo de estar comprometido con la verdad y la garantía procesal para todos.

Los sonidos de la Cuarta



En la mañana aquella de octubre del ’76, cuando todavía no había hablado con ningún compañero y ni siquiera sabía donde estaba (por qué estaba, claro que sabía; pero como me habían encapuchado antes de salir de casa…) dos sonidos me ayudaron a ubicarme: el de un bandoneón y el de una campana.

Durante 24 años había vivido a los fondos de la seccional Cuarta, había ido a la escuela Nº5 López y Planes – que tenía una campana en su puerta-  y había escuchado ensayar a un músico que tocaba el bandoneón todas las mañana.

Y  fueron justamente  esos sonidos los que me avisaron donde estaba.

En la esquina de Bv. Zavalla y Tucumán, justo frente a la escuela y a la vuelta de mi casa.

El punto es que al volver a la Cuarta, treinta y dos años después, al acercarnos caminando por el Bv. Zavalla, el sonido de un bandoneón tanguero nos sacudió a todos.

Como si fuera un recurso de un director de cine, alguién estaba tocando su bandoneón en el momento exacto en que nosotros íbamos al encuentro de un recuerdo tan remoto.  Lo saludamos, le explicamos la situación y él confesó que alguien le había comentado un libro que contaba lo mismo.

Ensayó algo así como una disculpa, “yo escuchaba los golpes y los gritos pero pensaba, ¿qué habrá hecho esta gente para que le peguen así?, no supe ver lo que pasaba…”, agradeció los elogios y volvió a lo suyo. Igual que hace treinta y dos años, de mañana, el maestro Víctor Hugo Canale toca el bandoneón.

Entre el espanto y la ternura


Reflexiones sobre lo que se encuentra al regresar al sitio donde se estuvo secuestrado hace treinta y dos años y sobre la vigencia de la lucha por los derechos humanos.

El jueves tres de abril se realizó el primer reconocimiento judicial a la Seccional Cuarta de la Policía de Santa Fe, en la ciudad homónima, en la esquina de Bv. Zavalla y Tucumán, lugar donde en los años de la dictadura funcionaba un Centro Clandestino de Detención y Torturas (denunciado ya ante la Conadep en el 84) y del cual fue desaparecida Alicia López Rodríguez de Garraham a finales de noviembre de 1976

Así pues que, junto a Graciela –quien era mi compañera por esos años-, a Vilma y Raúl, volví a entrar al lugar donde estuve secuestrado dos meses en el ’76 y dos días en el ´77.  En el ´76 fue que desapareció Alicia, en el ´77 que Brusa, Ramos y otros me sometieron a simulacros de fusilamiento y torturas.  En el ´92 denuncié que el entonces Juez Federal Víctor Brusa había sido parte del sistema operativo del Terrorismo de Estado.  En el 2000 fue destituido, en el 2002 se abrió la causa y desde el 2005 está detenido junto a otros represores.  La causa está ahora en el Tribunal Oral Federal y debería ir a Juicio Oral este año.  La desaparición de Alicia la denuncié en todas las oportunidades que declaré en España, ante el Consejo de la Magistratura y ante el Juzgado Federal.  El relato de su desaparición está en mi libro Los laberintos de la memoria, cuya primera edición es de 2003.  Sin embargo, recién ahora se abrió la causa, por fuera de la que va a Juicio Oral. Como si fueran cosas distintas.  Mismo lugar, mismo grupo de tareas, mismos testigos, otra causa.  Así se construye la injusticia en la Argentina.

En el Juzgado me pidieron que hiciera un plano de la Cuarta y no tuve dificultades, creía recordar todo bastante bien. Pero cuando llegamos al lugar, el espanto que sentí no fue el de revivir el pasado sino el de verlo en el presente.  A pesar de alguna pared por acá y otra por allá, llegué sin problemas al sitio donde había estado en el ´76: una celda grande, totalmente vacía, con barrotes al frente que daban a un patio, con otra celda grande a un lado y cuatro celdas chiquitas, “tumbas”, del otro.  Alicia estuvo en una de esas tumbas y ahora, recién ahora, me vengo a enterar que hablábamos seguido y que alguna vez compartí mi ración de pan con ella.  Contó Graciela que al llegar a la Cuarta para un interrogatorio y ser puesta en una de las tumbas, una mujer menuda la recibió, le preguntó quien era y le dijo que yo estaba al lado. Que me llamó e hizo chistes sobre la visita.  Y Raúl, a quien había conocido en 1971, luego del Corondazo, una lucha de los productores de frutilla, le explicó al funcionario judicial que podía reconocer el lugar de encierro de Alicia porque le llevaba parte de mi ración y de los otros compañeros secuestrados dada su manifiesta debilidad.  Después de su oficio de recolector de frutilla, trabajo duro si lo hay, Raúl entró a la Policía y estaba en la Cuarta cuando yo llegué en el ´76.  Fue él quien avisó a mi familia y mi partido que yo estaba secuestrado.  Y no lo veía desde entonces.

Así entré a la Cuarta, emocionado por el paso que estábamos dando y por los recuerdos de una época de espanto que siempre estuvo cruzada por la ternura del compañerismo y la solidaridad rayando en el heroísmo, pero a medida que caminaba por sus pasillos y me acercaba a “mi” celda, un nuevo espanto me fue invadiendo.  Por todos lados había presos, en condiciones inhumanas, iguales o peores que las “nuestras”.  Y en el mismo lugar de donde había desaparecido Alicia, en la misma celda donde había estado yo, ahora había otros presos, jóvenes, muy jóvenes, que me contaron que también ahora los golpeaban y les robaban lo que las familias traían.  Y nosotros sacando fotos como si fuéramos arqueólogos de un pasado remoto. Y los derechos humanos violados delante de nuestros ojos.

Así que salí y le dije a la prensa que era un escándalo que en el mismo lugar donde había funcionado un Centro Clandestino de Detención ahora se someta a seres humanos a condiciones de detención que son en sí torturas. Y que es hora de desalojar la Cuarta de los policías y convertirlo en un sitio de Memoria.

Una vez leí que la relación entre el pasado y el presente, entre la memoria y el olvido era más compleja de lo que parecía: que cada parcela de memoria era el resultado de diversas operaciones de olvido.  Y yo me resisto a que la memoria de la Cuarta sea sobre la base del olvido del presente.  De que yo no vea a los muchachos presos en mi celda, y en la de Alicia.

Alicia era militante de las Ligas Agrarias del norte santafesino, y la desaparecieron por eso. Raúl adhirió por un tiempo a UPARA, Unión de Productores Agropecuarios de la República Argentina, que también intentaba organizar a los campesinos pobres y de las producciones regionales, que no integraban la Federación Agraria Argentina que por esos años daba la espalda a los pobres del campo y la ciudad.  La Fede me mandó a colaborar con esos esfuerzos y la Dictadura nos juntó a los tres en la Cuarta.  Recuerdo haber visto en la Cárcel de Coronda a gente de las Cooperativas Agrarias y hasta de Sancor, pero nunca vi un socio de la CRA, la CARBAP y la Sociedad Rural, más bien recuerdo que esos estaban en los Ministerios de Agricultura de los milicos.

El pasado y el presente. La dictadura y el campo. La memoria y el olvido.

Digámoslo de una vez, algunos nos proponen luchar contra el pasado a condición de olvidar el presente y nuestra memoria no tiene precio. No estoy dispuesto a olvidar lo que vi el tres de abril de 2008 cuando reconocí el lugar donde desaparecieron a  Alicia en noviembre de 1976. Como tampoco estoy dispuesto a luchar contra otro capitalismo que no sea el realmente existente, con sus mecanismos de rentabilidad capitalista y sus modos de dominación. Con el Estado que lo defiende y el Gobierno que lo administra y hace sustentable.

No quiero una memoria que olvide el presente sino que lo cuestione y lo critique como continuidad y resultado del Genocidio y las sucesivas prácticas de dominación.

Alicia estaba allí, eso es lo único seguro.

Cómo se construye la memoria de su desaparición es lo que está en discusión

Lo que quedó en el tintero en la causa Brusa


Lo que quedó en el tintero en la causa Brusa

Al fin, luego de casi seis años el Dr. Leandro Corti, a cargo del juzgado federal de Santa Fe, ha dado por concluida la etapa de instrucción y ha elevado al Tribunal Oral Federal “una parte” de la causa abierta en mayo 2002 (que era a su vez sólo una parte de los crímenes del terrorismo de Estado perpetrados en la ciudad de Santa Fe durante los “años del lobo”). Lo celebramos. Con todas sus limitaciones es un triunfo de la consecuencia de los sobrevivientes, los organismos de derechos humanos y las fuerzas sociales y políticas que hemos peleado por más de treinta años contra la impunidad.

Conviene detallar un poco los crímenes que no se elevan a Juicio Oral a pesar de haber sido denunciados en el transcurso de la etapa de instrucción, que ahora se da por concluida: a) la desaparición forzada de Alicia López Rodriguez de Garraham, ocurrida en noviembre de 1976 de la sede de la Cuarta, seccional a cargo entonces del Comisario Facino y ejecutada por el ya fallecido militar Nicolás Correa, sobre el caso testimoniaron Graciela Rosello, Carlos Almada y yo mismo; b) la responsabilidad del entonces Jefe del Area Militar, el Coronel Rolón, indispensable para tirar de la cadena de mandos militares e impedir que sólo sean juzgados los que manejaban la picana y apretaban el gatillo y c) la asociación ilícita entre los criminales, escalón conceptual que nos permitiría acercarnos a la verdad de lo que ocurrió: un genocidio, planificado por un conglomerado de militares, políticos y empresarios alentados y conducidos por el Imperialismo norteamericano, tal como se ha probado en la causa “Operación Cóndor”.

Tantos años de lucha por la justicia nos han enseñado que la impunidad es una trama poderosa que sólo puede ser derrotada por la movilización social. De su lado están quienes se beneficiaron con las políticas neoliberales impuestas por la dictadura que transformaron la región y hoy lucran con la exportación de soja y alimentos, y por ello es dable esperar nuevas demoras dado que de los tres integrantes del TOF (Tribunal Oral Federal) santafesino dos de ellos, José María Escobar Cello y María Ivón Vella, tienen compromisos con Brusa y es posible que se excusen o sean recusados por su parcialidad manifiesta a favor de los genocidas y todo el circo puede volver a empezar dado que no será fácil encontrar reemplazantes en el fuero santafesino tan teñido del pasado dictatorial y el continuismo del Pejota santafesino que supo tener como escuderos al Obispo Storni, desplazado por violador de menores y al Juez Brusa, procesado por torturador.

Así pues, que la realización del juicio y la obtención de la justa condena, dependerá de la movilización popular, la presión de los organismos de derechos humanos y las fuerzas verdaderamente democráticas. Será ésta una oportunidad para que Binner demuestre si de verás quiere diferenciarse de sus antecesores en el cargo, quines tuvieron a connotados represores como funcionarios del area seguridad.

A todos ellos quisiera recordarles el final de la denuncia que escribí contra Brusa en agosto de 1992, cuando él se preparaba para asumir como Juez Federal y la impunidad era tan sólida como un muro de piedra: “la memoria es más larga que la traición” y ahora agrego, y es capaz de tirar abajo todos los muros.

La muerte de una rata


Murió impune Nicolás Correa,un represor que actuóen La Cuarta y el circuito santafesino.

En una tarde de finales de noviembre de 1976, un grupo de tareas secuestró a una maestra, originaria del norte santafesino, del Centro Clandestino de Detención que funcionaba en la seccional Cuarta de la Policía Provincial, en la esquina de Bv. Zavalla y Tucumán de la capital santafesina. La compañera continúa desaparecida.    Yo estaba allí desde el 12 de octubre y había tratado, junto al resto de los compañeros detenidos, de socorrerla cada vez que se desmayaba por el efecto del hambre en una persona con diabetes, pero no sabía entonces ni su nombre ni el del jefe del grupo de tareas que periódicamente penetraba en las celdas del CCD y se llevaba compañeros para la tortura en el mismo centro o en La Casita.

Fue luego de la detención del ex Juez Brusa (Víctor Brusa llegó a ser Juez Federal de Santa Fe a pesar de haber sido denunciado por su compromiso con el Terrorismo de Estado, al menos desde 1984), el Curro Ramos y el “Tío” Nicolás Correa que pude identificar a la compañera desaparecida como Alicia López Rodriguez de Garraham y al represor como el nombrado Correa que fuera acusado por muchos sobrevivientes, acusaciones que fueran dada por probadas en primera instancia tanto en el Auto de Procesamiento emitido por el Juez Rodriguez (hoy apartado de la causa)   el 17 de febrero de 2005 como por la Cámara Federal de Rosario (más conocida como la maquina de salvar represores) el 29 de diciembre de 2005.

A pesar de haber denunciado la desaparición de Alicia en todas las instancias posibles: la Audiencia Nacional Número Cinco de Madrid, el Consejo de la Magistratura que destituyó a Brusa y en la propia Causa Penal donde se denunció y encarceló a Correa, jamás logramos que se diera identidad al secuestro de Alicia, siendo las acusaciones judiciales sólo de   privación ilegitima de libertad agravada, vejaciones, apremios ilegales coacción y tormentos.  La acusación de asociación ilícita fue desestimada por razones formales, razones que terminaron apartando al Juez Rodríguez de la Causa.   Correa fue acusado de torturar al menos a Anatilde Bugna, Ana María Cámara, Stella Maris Vallejo, Jorge Pedraza, Orlando Barquin, Eduardo Almada y Mariano Millán, pero no de la desaparición forzada de Alicia..

Pues bien, Nicolás Correa, militar, miembro primero del Servicio de Inteligencia del Ejercito y luego, ya retirado, de la SIDE, acaba de fallecer sin condena.   Como se lo propuso al adoptar, junto al resto de los represores y con la ayuda del Poder Judicial, la estrategia de estirar y estirar los tiempos judiciales para obtener el mismo resultado que logró Pinochet en Chile y tantos otros en la Argentina: ya que no se puede evitar que se inicien los Juicios, que no haya ni juicio ni castigo.

Correa secuestró a Alicia en noviembre de 1976, fue acusado formalmente de graves delitos de lesa humanidad en febrero de 2005 por medio de un auto de procesamiento que fue ratificado (al menos en la parte sustancial que tocaba a Correa) en diciembre de dicho año y murió sin juicio ni condena en agosto de 2007.

¿Se entiende entonces de que hablamos cuando pedimos aceleración de los juicios con una doctrina adecuada que no trate ni a los represores ni a los delitos como actos individuales, sino como lo que fueron, acciones componentes de un Plan Sistemático de Exterminio, que determinó un Genocidio, y que sigue impune como la muerte del miserable Nicolás Correa lo confirma.? ¿Se podrá entender la extraña sensación de genuina alegría por la muerte de una rata junto con la sana preocupación por el futuro de la causa y para que no muera un solo represor más sin juicio ni castigo?

Por mi parte solo puedo pensar en Alicia, en la imagen de su cuerpo cayendo desmayado en el pasillo que iba de la “tumba” al baño, ese que estaba al lado de la cocina, frente al patio de la Cuarta, justo en el lugar donde en una celda pelada, comenzaba mi recorrido por el circuito de la Cuarta, La Guardia, Coronda: recorrido que no olvidamos ni perdonamos y ni la muerte de una rata nos hará ceder en la demanda de justicia para Alicia y para todos.

Autovindicación


A Eduardo Rozensvaig que en una mañana tucumana

me explicó la diferencia entre la venganza y la vindicación

Uno. 18 de marzo de 1977. 23 hs.

Se bajó con mucho cuidado de no pisar al cumpa que dormía en la cucheta de abajo. Caminó lentamente desde la cama cucheta hasta la pileta empotrada al lado de la puerta metálica, hermética, verde, con una ventanita al medio -que al abrirse parecía una bandejita donde le pasaban la comida- y una mirilla que se operaba desde afuera, para que el guardia controle.

Por eso le gustaba la noche.

Porque por un rato quedaba solo y podía hacer lo que quería.  Bañarse como un duque, por ejemplo. Con un jarrito, el mismo que usaba para tomar el maté cocido y también la sopa o el agua coloreada con la vitamina C con gusto a naranja que le sacaba el gusto a mierda que tenía la que salía de la canilla.

Comenzó a tirarse agua encima del cuerpo. Una vez, y otra.

Y otra. Y otra.

Ya comenzaba a calmar el calor, esa pegajosa sensación de suciedad que le subía desde los mugrientos colchones sin sabanas y a calmar las picaduras de los mosquitos.

El decía que no le importaban los mosquitos, pero picaban los hijoeputa y no había con que darle.

A veces, muy pocas, tenían pedacitos de espiral y por un rato el humo verde, con ese olor tan familiar que le hacía recordar las tardes en Guadalupe de hacía un siglo cuando todos iban a la playa y se quedaban hasta la noche escuchando la radio que transmitía a Colón y tomaban mate y comían torta que llevaba la vieja y él salía a caminar con esa chica que tanto le gustaba y que daba vueltas en darle el primer beso, justo allí bajo la luna santafesina…

Un cañonazo de luz, que cruzó la celda, lo trajo de vuelta a la Cárcel de Coronda y le hizo recuperar los reflejos de preso:  se quedó duro como en el juego de la mancha venenosa y se recostó lentamente contra la pared, entre la piletita y la cucheta, tratando de quedar detrás de la almohada del Moncho.

Desde la muralla, los gendarmes se entretenían apuntando con los reflectores hacia las ventanas, de aburridos nomás, que nadie podría escaparse de la puta cárcel.

Enfocaban el cañón de luz por la ventanilla y lo movían lentamente por las paredes.

Iluminaron un pedazo de pared y la esquina superior de la cama, justo donde estaban colgados los pantalones y la toalla que enseguida usaría para acostarse en bolas, mojado y solo tapado con ella, pero la luz no lo rozó.

Lo consideró una pequeña victoria y se decidió a continuar con lo suyo.

Se subió lentamente a la cucheta y se desparramó en la cama. Por unos minutos, estaría fresco y podría soñar.

Era tan obsesivo que programaba los sueños.

Se quedaba quietito con los ojos cerrados y se ponía a pensar hasta que lo que pensaba lo soñaba y lo que soñaba lo pensaba y no sabía si soñaba o pensaba.

Ya está, hoy soñaría que estaba libre. Y no solo eso

Soñaría que todos los mal paridos que lo habían torturado en la Cuarta, el Curro Ramos Hijoeputa Torturador y el Víctor Brusa Secretario del Juez Aterrorizador, primeros que nadie, estaban presos. Y que sufrían como animales asustados, porque sin la picana y sin la cuarentaycinco, que el Curro Ramos llevaba bajo la remera sobre la raya del culo, y sin la absoluta impunidad que le daba el Poder Judicial que pertenecía al Brusa antes Secretario Judicial y después Juez Federal Aterrorizador, eran dos cagones de mierda que no se bancaban nada.

Y no solo eso

Soñaría que la misma tarde en que los metían presos vendría a su encuentro una mujer.

Una extraña mujer que lo desearía con ansia, que lo amaría, que lo besaría con pasión y que luego se subiría para cabalgarlo hasta estallar en orgasmos increíbles………y sí, como uds. imaginaban, se despertó justo justo cuando la mujer del sueño estaba por acabar arriba suyo.

Se dio vuelta en la cama solitaria, acomodó la erección como pudo y se dijo a si mismo que estaba bien.

Que no debía quejarse por la interrupción porque hasta los sueños deben tener límites, y ese era un sueño como que demasiado imposible.

Dos. Tres de enero de 1977. 18 hs.

No era fácil sobrevivir en Coronda. Bueno, sobrevivir físicamente si.

Casi no pegaban, casi no torturaban, al menos físicamente, digamos la tortura que casi todos habían sufrido en el recorrido desde la detención a la Cuarta, desde la Cuarta a la Casita o a la Guardia de Infantería.

Aclaremos, cierto es que no te pasaban la picana por los testículos, ni te hundían la cabeza en un balde de mierda ni te molían a piñas, pero no era fácil.

Coronda era una cárcel “modelo”.

Modelo de cárcel yanqui, de esas en que los presos trabajan y se recuperan mediante el trabajo.

¿Cómo era eso de que “el trabajo libera”?.  No, no era de los yanquis, era de Hitler y ahora me acuerdo que estaba escrito en letras de hierro en un arco a la entrada de Auschwitz.

Como los presos comunes trabajaban, estaban todo el día fuera de la celda y entonces éstas eran de cuatro por uno, con una piletita y baño, para que pudieran mear y hacer sus necesidades de noche y lavarse la cara a la mañana.

Pero no era el caso.

A nosotros no nos dejaban trabajar, ni leer, ni estudiar, ni hacer gimnasia, ni siquiera masturbarte en paz.

Todo, absolutamente todo estaba prohibido. Es difícil imaginarse el absoluto en cualquier cosa, y mas difícil es pensar que te lo prohiban todo.

Pero a ver, probemos, pensá en algo que te gustaría hacer si estuvieras preso y veamos.

¿Ver televisión?, no.

¿Leer libros de historia, o novelas?, no.

¿Escribir o recibir cartas?, no.

¿Hacer manualidades, tipo tejer o bordar o dibujar o pintar?; bueno nada de eso.

¿Hacer gimnasia o caminar en la celda?. Tampoco

Los tipos te metían 23 horas por día en esa tumba con ventana a la muralla, una hora estaba reservada a los recreos y te prohibían hacer cualquier cosa que a vos se te ocurra.

Así que lo único que quedaba era el cerebro, pero el cerebro tenia una contra: ¿cuánta información estaba disponible?

A ver hagamos una prueba, agarrá un papel y anota todos los temas que sin ninguna ayuda, pero ninguna eh, vos podrías hablar y conversar, informar y transmitir conocimientos a otros.

Parecen muchos, pero ahora pensa que con eso tenés que arreglarte tres meses, o seis meses, o cincuenta y seis meses o ciento ochenta y nueve meses o quien sabe cuántos porque justamente uno de los pilares del  proceso destructivo es que vos no supieras nunca cuánto faltaba para irte.

Pareciera mejor no tener ni causa ni condena: no tenés plazo de cárcel, pero tampoco tenés fecha de salida. Esa que te permita descontar de uno por uno los días pasados y achicar la cuenta.

Y si nada es seguro, todo es probable; y cuando estás en poder del enemigo, lo probable es temible.

Así que, nada de trabajo y la única variante era  estar sólo en la celda u acompañado, pero en ese caso, tendrías que pensar que con ese compañero, que no dejaba de ser un desconocido (al menos cuando se juntaran en la celda el primer día), compartirías hasta la ultima de tus intimidades dado que no te sacarían ni al baño y hasta tendrías que cagar delante de él y verlo cagar a él, obvio.

La historia de cada uno es lo que te tenía que salvar, lo que eras, lo que sabias, en lo que creías y lo que amabas. Y ahí estaba una de mis problemas.  Yo tenía historia y sabía porque estaba allí. Eso estaba bien, y te daba mucha tranquilidad, más que por entonces todavía practicaba ese optimismo histórico, que luego se mostró erróneo, ingenuo, casi ridículo, pero que entonces era el más poderoso soporte.

¿Vos sabés lo que es hablar de la Revolución Rusa en una tarde de domingo en Coronda, por la radio de la cárcel, es decir por el sistema de reproducción de las voces que los presos practicaban en la ventana repitiendo casi en susurros lo que escuchaban del vecino y así hasta dar vuelta al pabellón?

¿O lo que se siente cuando un compañero de otra organización te pide que le des un curso de filosofía marxista, o cuando se celebra el aniversario de la revolución cubana, el 1º de enero de 1977, y uno pensaba en la Isla de Pinos, ahora la Isla de la Juventud donde Fidel estuvo después de la derrota del Moncada, y si también Coronda se convierte en una escuela para los niños pobres de la zona, para esos que recolectaban frutilla desde muy chiquitos?

Pero no todas eran buenas, el mackartismo estaba siempre dando vueltas, apenas rascabas un poquito la piel aparecía y volvían los debates: si la Unión Democrática del ´45, si la ayuda al Che en Bolivia.

Y además, la angustia por la compañera presa, la propia, aquella con quien me había casado en junio del ´76 y ya en octubre habíamos caído en cana y con esa angustia había llegado a Coronda.

Con el temor de que jamás saldría y jamás podría amarla como corresponde; con el temor de la violen y que la hagan mierda físcia o psicaquemente, o que me maten en algún traslado o me desaparezcan al dejarme en libertad.

Digo que empezó a aparecer  un problema personal entre los represores y yo, ya no sólo una cuestión de clase, de política, de justicia social y solidaridad.

También un problema estrictamente personal, de mis derechos a la alegría y la felicidad, al placer y el gozo.  Algo que habían sepultado con la primera patada en la puerta de la calle Guemez y con la primera piña bien puesta en los riñones, como para que no haya dudas a la que arribaba

Fue entonces que empecé a soñar con mujeres apasionadas que me amaban, que me deseaban y me satisfacían en todos mis deseos.

Sueños de preso, se entiende.

Tres.  Dos de Abril de 2005

Hacía como quince días que no veía a la mujer.

La deseaba como nunca. La había visto el domingo pero no concretó nada; es que era la Marcha de la Resistencia y no hubo forma de salirse ni de hacer nada.  Además él estaba con sus hijos, y eso no ocurría tan seguido.

Se acordó de Angelito, esa obra de teatro del Tito Cossa donde el protagonista  cuenta al público que conoció a la mujer más hermosa de su vida en una marcha y que hizo el amor con ella en medio de la calle. En Angelito, la mujer estaba vestida de rojo y la escena de amor coincidía con el asalto al Palacio de Invierno porteño, es decir a la Casa Rosada.  El se conformaba con algo menos, con tenerla allí en medio de la marcha contra la desocupación y la miseria que aplasta todo, ese bombardeo continuo y tardío de la dictadura que había fingido retirarse y sin embargo…

Se imaginó la escena. Levantarla en sus brazos, despojarla de todo y amarla ahí en medio de la dignidad que se levanta contra el espanto de la impunidad y la indiferencia disfrazada de neutralidad.

Pero resistió la tentación, siguió caminando hasta el final o mejor dicho hasta llegar a la Plaza de Mayo y de allí se fue a  comer con sus hijos.

Tuvo que esperar tres días hasta encontrarla.

Antes había pasado por el ritual de devolver los hijos a la madre y comerse los reproches de siempre y los reclamos silenciosos de los que no se resignaban a esa familia por minutos.

Parecía un sueño: toda vestida de celeste, desde las zapatillas hasta la remera pasando por un jean lavado pegado al cuerpo que lo excitó apenas la vio.

Como siempre, no podían esperar a nada y con el primer beso desaparecía todo lo que no fuera ella misma.

El recordó que así fue la primera vez, cuando estaba tan asustado que ni se animó a decirle que la quería y ella lo condujo como a un niño de la mano hasta que al despedirse él se animo a besarla y pareció que era la primera vez para los dos.

Esta vez fue igual. Ella se recostó sobre él, se sacó la remera y el corpiño. El se pegó a la piel, parecía que el fuego estallaba entre ellos …. y sonó el telefono.

Puteó pero ella le dijo que atienda. Saltó como pudo por encima de  la mujer, y levantó el tubo.

Era de Santa Fe, de LT0, la radio universitaria que una tarde de setiembre del ’73, todavía se acordaba, había anunciado que una columna oficialista marchaba sobre la Santiago capturada por Pinochet y él se había puesto a llorar de alegría en la puerta del Paraninfo de la Universidad pegando puñetazos al aire creyendo que la historia seguía siendo de ellos y no de los fachos.

Esa misma radio, otra voz seguro porque aquella locutora morocha y hermosa  ahora era una Madre de la Plaza sin micrófono desde hacía 30 años, así que la voz femenina que le habla no podía ser esa, era otra la que le preguntaba que opinaba sobre la detención del Curro  Ramos y del  ex Juez Federal Brusa y  él que no puede creerlo y le dice no joda, no se jode con eso, que cómo van a estar presos Brusa y el Curro, que los sueños no existen. Y repitió no jodan, che!

Y de nuevo se puso a llorar, como si siguiera en la tumba con ventana a la muralla y sobre la cama no hubiera otra cosa que la humedad de su propio cuerpo, bañado a jarrito a hurtadillas de los gendarmes y su rayo de luz, soñando que estaba libre, al lado de una mujer deseada y que los torturadores estaban presos, derrumbados en su miserable cobardía sin saber si pensaba en lo soñado o soñaba lo que pensaba.

Buenos Aires, 23 de Junio de 2007

José Ernesto Schulman

1

Un acto de homenaje a la impunidad


Digamóslo de entrada, también la impunidad tiene memoria histórica y los represores, valores morales como la solidaridad y la coherencia.

La Cámara Nacional de Casación Federal ha ejecutado el miercoles 21 de marzo su propio acto de homenaje a los perpretadores del Genocidio que puede pensarse también como una clara señal solidaria hacia los miembros del Poder Judicial afectados por denuncias de complicidad activa con el Terrorismo de Estado.

Hubo, allá lejos y hace tiempo, un Centro Clandestino de Detención en la ciudad de Santa Fe, en la esquina de Tucumán y Bv. Zavalla, justo donde funcionaba la seccional Cuarta de la Policía Provincial (a la vuelta de donde nací y viví hasta el ’76, aunque eso importe poco a los lectores).

No era nada extraordinario.

Igual que los otros quinientos allí se torturaba a compañeros secuestrados por los grupos de tarea y se vivía (bueno, es un decir) en condiciones tan subhumanas como en los CCD más famosos: encapuchados, hambreados, aterrorizados, sucios.

El  trato “normal” que se reservaba para los subversivos.

Acaso la única nota particular era que allí actuaba un secretario judicial que al cabo de los años llegó a Juez Federal, un comisario que llegó a Jefe Comunal de Rincón y un torturador que escribió un libro reivindicatorio.

Pero, con mucha lucha y consecuencia, al final logramos que el ex Juez Víctor Brusa, el Jefe Comunal Mario Facino, el torturador escritor Eduardo “Curro Ramos” y otros cinco genocidas fueran procesados y encarcelados por un Juez Rodriguez (que es el que reemplazó a Brusa cuando éste fuera destituido en el 2000) que procuraba llevarlos a juicio oral.

Pues bien, la Cámara, en homenaje a Videla y Astíz, lo ha separado de la causa, confirmando una jugada de la Cámara de Rosario que pulverizó la acusación de asociación ilicita (un camino jurídico para señalar el Plan de Exterminio y el Genocidio) y castigó severamente al Juez que se atrevió a ir contra el verdadero, digo contra el Juez Torturador Brusa a quien se viene a rescatar desde la Justicia.

Una vez más, y van….

Si el secuestro de López ha sido leído como la respuesta al fallo Rosanzky de Genocidio y una advertencia a  todos los que queremos Justicia, ¿no es transparente el mensaje de la Cámara acerca de los sueños de juzgar a quienes desde la Justicia colaboraron con el Genocidio?

A pesar de todo, sigo pensando que la memoria es más larga que la traición y que nuestros actos de homenaje a las víctimas del Terrorismo de Estado (todas las víctimas, digo, el pueblo todo) serán más trascendentes que los actos de los defensores de la impunidad.

Y es que la nuestra es la coherencia de la ética y la de ellos la complicidad de los victimarios.