No hay ley que pueda parar el viento


Seminario sobre la Operación Cóndor y sus proyecciones actuales,

22 y 23 de abril

Más de veinte panelistas y doscientos participantes en el salón Rojo de la Intendencia Municipal de Montevideo ratificaron la decisión de luchar contra todas las impunidades y enfrentar los intentos derechistas de revertir el proceso de cambios antiimperialistas que impulsan nuestros pueblos.  Organizaron conjuntamente la Comisión por la Memoria de Uruguay, la Comuna de Paraguay y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre de la Argentina que decidieron llevar el seminario por toda la geografía que sufrió la Operación Cóndor

“Es hora de barrer la mierda del río
dos veces.
De aquí para allá
y de allá para acá.
Para volverte y borrarte,
para borrarte y tenerte.”
“Conjuro para encontrar
a Floreal Avellaneda” de J.E.S.

Uno. El Cóndor atacó Uruguay con furia y tuvo en el conjunto del genocidio cometido, un peso específico muy alto.

No hay dominación que no se constituya bajo un mito fundacional y el uruguayo tiene que ver con aquella mirada valorativa que era la Suiza Latinoamericana, la que no sufría golpes de Estado y respetaba la ley por encima de cualquier otro país latinoamericano. Tan fuerte es ese mito que la propia dictadura uruguaya, más extendida en el tiempo que la argentina, auto construyó una imagen “blanda” que ha sido difundida aún por una parte de sus víctimas. Lejos de esa mirada, el bloque de Poder uruguayo, del cual formaba parte el imperialismo yankee, decidió incorporarse activamente a la operación continental de contrainsurgencia impulsada por el Gobierno de los EE.UU. y sus agencias de inteligencia que sembró de horror y muerte el territorio latinoamericano en la década del 70 y al hacerlo aportó algunas “originalidades”: fue el propio presidente constitucional quién decide encabezar el proceso golpista que masifica el Terrorismo de Estado que había empezado bastante antes; organizaron un sistema de control social explícito que abarcaba casi el total de la población y alcanzó el record de presos políticos por habitante imponiendo una división de la población en tercios. una enorme parte en las cárceles, una parte aún mayor en el exilio y el resto de la población sometida al terror organizado de un modo industrial.
En ese proceso, del cual no pensamos dar cuenta en estas breves líneas, el peso de la acción de la CIA, de los servicios brasileros, chilenos y argentinos, la importancia de la detención clandestina, la tortura y ejecución sumaria en territorio argentino, el rol del Centro Clandestino Orletti en el barrio de Floresta de la Capital Federal de la Argentina, el traslado de prisioneros de Uruguay a Argentina y de Argentina a Uruguay, los vuelos y viajes fluviales, las operaciones de enmascaramiento de crímenes argentinos en territorio uruguayo y de crímenes uruguayos en territorio argentino, todo lo que nos lleva a pensar en la Operación Cóndor, tuvo una importancia fundamental, tanta que no es posible hablar del terrorismo de Estado en Uruguay sin tomar muy en cuenta la Operación Cóndor. Y aún más, si en algún lado queda claro que Cóndor fue una más de las operaciones clandestinas de articulación de las dictaduras bajo el mando de la CIA es en Uruguay: desde el agente norteamericano de la CIA Dan Mitrione que figuraba como funcionario de la Agencia del Desarrollo Internacional de EE.UU. (USAID) en realidad conducía, desde 1962, la transformación de las fuerzas represivas en el sofisticado aparato de aniquilamiento en que convertirían en esos años, hasta el robo del cadáver de nuestro Floreal Avellaneda, reconocido por la dictadura en 1976 pero desaparecido desde entonces de su fosa en el Cementerio Norte de Montevideo.
De todo ello se habló en el Seminario, como para no olvidar que había cuerpos que iban y venían por el Río de la Plata y que no habrá ley ni claudicación ética que pueda borrar su sombra en el viento, en el río y en nosotros.

Dos. Un debate entre pares: sobrevivientes del terrorismo de Estado, profesores universitarios y ensayistas, dirigentes sindicales y políticos, senadores y diputados, militantes de organismos de derechos humanos, todos ellos luchadores consecuentes contra la impunidad.

El Seminario dio la palabra a algunos que no siempre son escuchados en estos debates sobre la historia y los derechos humanos. A los sobrevivientes del terrorismo de Estado de tres países arrasados por las dictaduras y el Cóndor, para no nombrar más que uno hablemos de Luis Casabianca, miembro de la generación de comunistas aniquilados por Stroessner, que resistió todas las persecuciones y hoy es miembro de la Comisión de Verdad y Justicia de su país. A los dirigentes sindicales como Marcelo Abdala del secretariado del PIT CNT, la Central única de los trabajadores de Uruguay y también a los dirigentes políticos como Felipe Michelini, Eduardo Lorier y Patricio Echegaray aportando a superar las falsas barreras sembradas por el neoliberalismo que pretendió levantar un muro de separación entre las luchas por los derechos humanos y las luchas obreras y de confrontación política con la dominación.
Pero en estas breves líneas quisiéramos reflejar la legitimidad de algunos de los participantes en el debate, de aquellos compañeros que conforman las tres organizaciones de derechos humanas hermanas que sostienen esta campaña de esclarecimiento sobre el Cóndor y predican la articulación de una fuerza claramente antiimperialista en el terreno de los derechos humanos. Uno es Derlis Villagra, de la Comuna del Paraguay que contó en el seminario que en ocasión del regreso al Paraguay de uno de los represores más feroces, y ante le hecho de que se refugió en el Hospital Militar él recordó que justamente ahí había nacido porque su madre era una presa política, bárbaramente torturada a pesar de estar embarazada de él y que fue llevada a parir entre militares crueles, los mismos que habían matado a su marido, el papá de Derlis, en una operación conjunta con los argentinos en la misma ciudad de Buenos Aires donde se había refugiado del terror paraguayo para ser víctima del Cóndor. Y la otra anécdota es aún más significativa: una de las fundadoras de la Comisión de la Memoria de Uruguay es Mirta, fue presa política y tiene el hermano desaparecido en la Argentina, ella nos trajo de regalo cartas originales de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre del periodo dictatorial que dan cuenta de una relación entre pares, argentinos y uruguayos, en la lucha contra la impunidad; hasta ahí un episodio más de la historia de la Liga y de la resistencia de los compañeros uruguayos a todas las dictaduras, pero cuando Graciela, la presidenta de la Liga, vio la carta confesó que había sido ella, o Edith, la compañera que a sus casi ochenta sigue siendo la primera cara que se ve al entrar a la oficina de la Liga de Corrientes y Callao, quien había escrito la carta que firmaba el secretario de entonces y fue enviada en papel ultra delgado a Ginebra, donde estaba exilada Mirta.
Por eso el debate juntó a gente tan distinta y tan igual, como los militantes de la Liga, la Comuna o la Comisión de la Memoria, que son sobrevivientes, abogados, docentes o simplemente seres humanos que valoran la humanidad de su ser y por eso luchan, justamente, por los derechos humanos, por todos los derechos humanos para todos.

Tres. La ley de caducidad que prolonga la estrategia de impunidad de la dictadura de Uruguay es éticamente insostenible, legalmente indefendible y políticamente funcional a la derecha, por eso, de uno u otro modo, más temprano que tarde, será anulada.

El Seminario, que fue planificado y organizado por meses, terminó realizándose en medio de debates muy álgidos sobre la impunidad y la memoria en el Uruguay. Solo vamos a citar a algunos de los uruguayos que allí participaron. Dice La República en su crónica del seminario (www.diariolarepublica.com).   El diputado Felipe Michelini aseguró ayer que “no habrá reconciliación posible” entre el pueblo uruguayo si las Fuerzas Armadas (FFAA) no piden “perdón” en forma “explícita”, por las sistemáticas violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura cívico ¬militar. Michelini saludó la concreción de un debate entre distintos actores sociales sobre las reminiscencias del Plan Cóndor en el actual contexto socio¬político de la región, puesto que “generalmente” el tema se circunscribe a las violaciones de los derechos humanos, pero no se lo ubica en su “real” proyección política.
El Plan Cóndor “no llegó de casualidad” sino que “fue la plataforma de sustento de las políticas neoliberales” implantadas en la región, al influjo de los intereses estratégicos de Estados Unidos y “funcional a las elites privilegiadas”, las cuales se aprovecharon de esas políticas incluso hasta “20 años después” del retorno de la democracia, expresó Michelini. Los sectores privilegiados promovieron durante esos años una “estrategia de control” de la sociedad al “servicio del neoliberalismo”, aprovechándose de los procesos para “la acumulación de más poder, más dinero y más capital”.
En este sentido, “honrar a las víctimas” de la represión significa “desenmascarar las complicidades que permitieron que esas cosas pasaran” y “terminar con la idea de los dos demonios”. “Los temas de memoria vinculados al presente son centrales a un proyecto político”, por el cual se promueva la “redistribución” de la riqueza. “Un proyecto de izquierda que no recuerde permanentemente estas cosas corre el riesgo de perder la memoria de su pueblo”, dijo Michelini. En este sentido, “es equivocado pretender construir reconciliaciones sin leer la historia una y mil veces”, ya que se debe “recordar” que las FFAA “violaron su norma más sagrada: no levantar las armas contra su pueblo”. Por lo tanto, “si no hay un pedido específico, explícito (…) de perdón” por parte de las FFAA “no habrá reconciliación posible”, expresó Michelini.

Según el mismo diario La República, para Eduardo Lorier, “nunca podrá haber perdón porque jamás hubo confesión ni arrepentimiento” el secretario general del Partido Comunista del Uruguay habló además de las próximas fechas y los eventos populares que se llevarán a cabo, vaticinando que en ellos se fijarán “las pautas de las justas” reivindicaciones y “de la lucha popular”. Así enumeró los actos del próximo 1º de mayo “y el del 20 de mayo, que deberá ser, y seguro lo será, más grande que nunca”, dijo sobre el día en que se realiza la marcha del silencio en reclamo de verdad y justicia sobre los desaparecidos. Lorier subrayó la necesidad de “anular por la vía legislativa la ley de caducidad”.

Y así se pronunciaron Lille Caruso, referente de la Comisión por la Memoria, Ignacio Martínez, escritor y miembro de la Comisión de Cultura del PIT CNT que mostró en hegemonía cultural neoliberal uno de los frutos de la impunidad, Samuel Blixin, investigador de esta temática que abrió el seminario junto con Stella Calloni en un panel de excelencia sin par que mostró el rostro terrorista de Obama continuador sin matices del Cóndor, Ana Juanche del Serpaj Uruguay que analizó los nuevos modos de criminalización de la juventud y la infancia al relacionar la impunidad con la exclusión actual y los investigadores Roger Rodríguez, que insistió en que no estaba contestada la primera, sencilla y fundamental pregunta de “donde están?”, Clara Aldrighi, historiadora que mostró con documentos el papel de la CIA en el Uruguay y todo el Cóndor y ÁlvaroRico, quien está al frente de un proyecto presidencial de esclarecimiento histórico de los hechos.
Y cada uno de los estudiantes, ex presos políticos, militantes sindicales y políticos que pasaron por el Seminario y sintieron que nada está perdido y mucho menos cerrado. Cómo dijo alguno de los investigadores uruguayos, no sabemos por qué vía, si la judicial interna o por alguna resolución internacional, por iniciativa oficial o por presión popular, pero de lo que estamos seguros que la Ley de Caducidad está moralmente derrotada y no podrá seguir amparando la impunidad. Por las dudas, en la convocatoria del PIT CNT para el Primero de Mayo se habla de luchar contra la impunidad.

Se entiende, no hay ley que pueda parar el viento.

Seis Tesis sobre la Operación Cóndor y su proyección actual. Ponencia al Seminario de Montevideo de abril de 2010


La cuestión de la hegemonía cultural del neoliberalismo

al Sur de Nuestra América en el siglo XXI.

Ponencia al Seminario de Montevideo de abril de 2010

Uno.

La hegemonía cultural neoliberal se gestó en el periodo de despliegue del Terrorismo de Estado no por medios intelectuales, sino con técnicas de dominación basados en la violencia extrema destinada a exterminar el sujeto social que sostenía y producía la cultura de rebeldía y libertad, pero también para horrorizar el conjunto social, que así, modificó “a palos” el sentido común que luego, en los 90, se desplegó plenamente.

A doscientos años de las luchas por la independencia del colonialismo español, nos animamos a afirmar que la Argentina es mucho más fruto de las transformaciones integrales que impuso el Terrorismo de Estado que heredera de la causa de Mayo.

Es la nuestra una sociedad post genocidio, y esto se expresa en el modelo de reproducción ampliada del capital (reprimarización de la economía, sojizacion del agro, extranjerización de la tierra y de los grandes negocios que tienen libre disponibilidad de sus ganancias y aún siguen cobrando la “eterna” deuda externa), en el modo de dominación (una democracia “delegativa” basada en un bipartidismo aggiornado que mantiene al pueblo lejos de las decisiones) y acaso más que todo, en el “sentido común[1]” dominante que se mantiene por un poderoso monopolio informático que se ha transformado en uno de los puntales centrales del Poder y herramienta importantisima de la estrategia imperial de contraofensiva en curso.

Dos

Nuestra América es hija de una violación, la Conquista Imperial Europea, y de sucesivos Genocidios, concebidos como el exterminio de un grupo nacional para reorganizar radicalmente las relaciones sociales y el Estado.

La Operación Cóndor es uno más de los muchos episodios del Terrorismo de Estado de los 70 y éste, el resultado de una larga historia de violaciones graves y masivas de los derechos humanos producidas por un Estado represor, autoritario, clasista, racista y sexista que ya para el primer centenario (1910) había acumulado una batería de leyes represivas: la 4144 de 1902 y la de Seguridad Nacional del mismo año del Centenario, que se celebró bajo Estado de Sitio, y que ya se preparaba para las primeras matanzas “republicanas”: la Semana Trágica en la ciudad de Buenos Aires en 1918, la Patagonia Rebelde y la represión a los obreros de La Forestal (norte santafecino) de 1920 y 1921 presagiando la primera dictadura militar, la del 30, que se repitió en el 43, en el 55, en el 62, en el 66 y como se sabe en el 76.

El último informe de las Naciones Unidas (Comité de Derechos Humanos, 98º periodo de sesiones, Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, doc. ccpr/c/arg/co/4 de marzo de 2010) sobre la situación de los derechos humanos en la Argentina da cuenta de la continuidad del carácter represor de este Estado: gatillo fácil, tortura en sede policial y en cárceles, desconocimiento de derechos a los pueblos originarios, negación de la personería gremial a la Central de Trabajadores de la Argentina (C.T.A.), facultades autoritarias a las Policías, deterioro del sistema de salud mental y aún da cuenta de problemas más severos como la falta de respuesta a la desaparición forzada del compañero Julio López y la ausencia de un plan estatal que permita cumplir en tiempo y forma al compromiso de juzgar los crímenes del Terrorismo de Estado.

Los obstáculos que muestra la misma Causa por la Operación Cóndor dan cuenta de la dificultad que se encuentra al pretender juzgar el genocidio con instrumentos jurídicos que no se ajustan al fenómeno que se debe investigar y condenar tal como lo exigió por más de treinta años el movimiento de derechos humanos, el movimiento popular y las fuerzas sociales y políticas comprometidas con la lucha contra la impunidad que lograron la anulación de las leyes en el 2003, el reinicio de los juicios en el 2005 y la ruptura de algunos frenos importantes en el 2009 que hoy nos permiten decir que al fin comenzaron los juicios por las causas más emblemáticas: Esma, Campo de Mayo, Vesubio, Orletti y en una extensión mayor del país, no solo La Plata y la ciudad de Buenos Aires sino en la provincia de Santa Fe, Tucumán, Córdoba, Formosa, etc. previéndose igual impulso para este año.

En esta compleja dinámica impunidad/lucha por la Justicia, a pesar de todos los obstáculos y limitaciones, se ha cruzado un límite imaginario que el Poder se había impuesto, lo que ha desatado una campaña mediática y política de reclamos de impunidad que, por ahora, son minoritarios y no consiguen cambiar la tendencia a más juicios; aunque sigan siendo fragmentados y dispersos, lo que posibilita que el tiempo juegue a favor de los genocidas que se siguen muriendo sin condena en su inmensa mayoría  (menos de cien condenas para más de 1.600 imputados judicialmente, para no hablar de los miles de empresarios, políticos, embajadores e intelectuales que fueron parte activa del Plan Cóndor y el Genocidio en general)

Tres

Cada uno de estos actos genocidas (y por ende de reorganización radical social que traen nuevas formas de ejercer la hegemonía cultural) fueron anticipados, preparados y justificados por un discurso (que no sólo es lo que se dice, sino también lo que se prohíbe decir, lo que se estimula hacer y lo que se castiga hacer).

El discurso de los 70 fue el del anticomunismo tal como lo reconocieron los generales Bussi y Menéndez en ocasión de ejercer su derecho a hablar en  las primeras audiencias del segundo juicio que se lleva adelante en Tucumán.  Bussi afirmó “Fue una guerra declarada por un gobierno constitucional, en pleno ejercicio de sus facultades para eliminar al marxismo-leninismo y Menéndez, por su parte leyó “No quiero prestarme al juego de los terroristas que ayer ponían bombas y asesinaban a traición para transformar el país en comunista y hoy pretenden ser y haber sido pacíficos ciudadanos democráticos. Quieren usurpar el poder para cambiar nuestro estilo de vida”.

Contra la pretensión dictatorial, ni las acciones represoras ni las medidas económicas sociales implementadas tendrían algo de nacional: eran parte de una vasta operación doble: de aplastamiento de la oleada liberadora iniciada por la victoria de la Revolución Cubana en 1959 y que todavía a mediados de los setenta mantenía la llama de la esperanza prendida y por otro lado, de reformulación profunda del sistema capitalista mundial para superar la crisis energética de 1973 (que entre otros resultados colaterales liberó una masa de capitales sobre los que se montó la deuda externa del Tercer Mundo) y el desafío de los pueblos que por entonces transitaban por caminos de superación del capitalismo.

Y toda esa vasta obra, como ahora reconocen los Generales Bussi y Menéndez tenía un único discurso justificatorio: aplastar el marxismo leninismo, impedir que el comunismo se apodere del país, defender el ser nacional, etc. etc. lo que los llevaba a considerar marxistas leninistas y comunistas a todos los que no encajaran en sus planes militares y proyectos económicos no importa que militaran en el peronismo o en la izquierda guevarista, que fueran obreros, sacerdotes, maestras o escritores, comunistas, trotskistas, socialistas, radicales o independientes. Para las dictaduras del Cóndor, y en eso paradójicamente se acercaban más a Carlos Marx y Federico Engels de lo que ellos jamás imaginaron, comunistas eran todos los que se oponían al capitalismo, del modo que sea.

Y los argentinos hasta lo escribieron detalladamente:  si uno revisa el “Plan del Ejercito (contribuyente al Plan de seguridad nacional)” firmado por Videla en febrero de 1976, precisamente en el anexo 2 de Inteligencia, se describe al grupo a eliminar según su identidad política y forma de organización social haciendo una caracterización minuciosa de la “determinación del oponente” y de la “caracterización del oponente” conformando un larguísimo listado totalmente heterodoxo de casi todas las organizaciones sociales, sindicales, culturales, religiosas y políticas del campo popular que anticipan la identidad de los treinta mil compañeros. De hecho, honrados estamos que nuestra Liga figurara en dicho listado

Cuatro

La Operación Cóndor expresa la superación de una contradicción formal entre un discurso nacionalista, cuasi xenófobo, con el que se forjaron los Ejércitos Nacionales y la subordinación a una estrategia contrarevolucionaria continental diseñada por los EE.UU. y aplicada por diversas agencias estatales yanquis.  La resignificación de la identidad nacional desde la perspectiva de la Guerra Fría y el anticomunismo lo hizo posible.

Así, mientras los revolucionarios habían disuelto la Internacional Comunista al final de la Segunda Guerra Mundial, en “aras de la paz mundial” como explicaba el mismo Stalin, la burguesía alcanzaba niveles de articulación estatal bajo la nueva hegemonía norteamericana que tempranamente en la Guerra Fría organizó los Ejércitos en las sombras que actuaron contra los países del así llamado campo socialista anticipando una espiral de acciones clandestinas y operaciones de contrainsurgencia que luego de Vietnam desembocarían en la Operación Cóndor que hoy tratamos, en el plano militar, pero que se expresaron en todos los planos institucionales internacionales: así la ONU se transformó en un cuasi estado mundial, la OTAN en su Ministerio de Guerras o de Colonias, la Unesco en su Ministerio de Educación y el Fondo Monetario en una especie de súper ministerio de economía mundial desde donde se impondría el Consenso de Washington para “valorizar”[2] el capitalismo local y subordinarlo aún más a los grandes grupos económicos trasnacionales y la financiarización de la economía.

En medio del triunfalismo de los 90 llegaron a soñar con la desaparición de los estados nacionales y aún algún sociólogo de izquierda habló de la desaparición del Imperio como expresión de dominación territorial[3], es llamativo hoy como las estrategias de agresión a los movimientos populares y los gobiernos latinoamericanos que ejercen, al menos, una cuota de autonomía en cualquiera de los terrenos de la política estatal, se repiten como calco de México a Chile, de Brasil a Ecuador.

Si en algún terreno la globalización ha sido exitosa es en el terreno del discurso y el pensamiento de la derecha latinoamericana que repite el mismo libreto en todas partes, explicitando en el Bicentenario, su impotencia para pensar un futuro para Nuestra América.

A diferencia de los exaltados discursos del progreso indefinido de 1910, hoy la derecha solo puede hacer pronósticos agoreros y apocalípticos.

Cinco

El nuevo discurso de la derecha tras el agotamiento del modelo de capitalismo que gestó el Terrorismo de Estado y el surgimiento de un nuevo momento en el movimiento de liberación latinoamericano, el empoderamiento del sujeto pueblo, el surgimiento de gobiernos no subordinados al Imperio y aún antiimperialistas e incluso formas de integración no compatible con los deseos imperiales es el de descalificar a toda transgresión como “populista” dándole a esta categoría un sentido nuevo, más equiparable al modo peyorativo con que los genocidas acusaban a todos los que luchaban en los 70 de “subversivos marxistas leninistas” que del sentido sociológico que tenía en los sesenta.

En el 2007 se realizó en la ciudad de Rosario un Seminario convocado por la Fundación Libertad y auspiciado por la Internacional Liberal del Partido Popular de España y buena parte de la derecha europea donde figuras como Vargas Llosa y José María Aznar vanguardizaron la demonización de Fidel, Chávez, Correa, Ortega, Evo y aún de Lula, Tabaré y Cristina.  En el mismo año se fundo la ONG Uno América que actuó abierta y peligrosamente en ocasión del golpe “blanco” de Honduras de 2009.

Así, se viene configurando de modo nuevo la cara pública de la operación continental de contrainsurgencia que impulsan los mismos que ordenaron y organizaron la Operación Cóndor: el Imperialismo norteamericano y los grupos nativos de poder a ellos subordinados, que se hicieron con las posiciones principales de la economía con el terrorismo de Estado y aún las mantienen.

Si la Operación Cóndor tenía una práctica sistemática que se expresaba en la secuencia de intercambio de información, intercambio de prisioneros y llegaba a la realización de operaciones clandestinas multinacionales para “eliminar” opositores, así la actual Operación de desestabilización de los procesos populares tiene un punto fuerte en la predica de los medios de comunicación contra cualquiera que ellos consideren su oponente, más allá aún de nuestra opinión y del balance objetivo de su gestión como lo muestran el odio casi irracional contra la presidenta argentina a la cual el informe ONU demuestra como parte de una secuencia que no ha sido interrumpida en lo esencial, en el núcleo duro y fundamental del Estado como instrumento de dominación.

Tras la hegemonía cultural lograda por medio de la tortura, simbolizada en el asesinato de Rodolfo Walsh en la esquina de San Juan y Entre Ríos  para llevar su cadáver cual un trofeo de guerra a la ESMA; tras la “domesticación” del pensamiento crítico por parte de los subsidios de las ONG y la cooptación por parte de los proyectos “progresistas” del tipo que encabezaron Alfonsín y De la Rúa en la Argentina, hay hoy una intelectualidad dispuesta a servir de base de apoyo a esta Operación de Contrainsurgencia que por ahora es fundamentalmente mediática (aunque no olvidamos Honduras o la masacre de Pando en Bolivia) pero que tiene toda la ferocidad que presagian malos tiempos para las democracias latinoamericanas si no se radicalizan y enfrentan decididamente estos desafíos

Seis

La cuestión de los derechos humanos se ha transformado hoy en un territorio de disputa entre el Imperio y las fuerzas consecuentemente democráticas de América Latina.  Pretendiendo repetir el éxito que tuvieran en los 80 para desestabilizar la Unión Soviética y el socialismo europeo de estado, la operación de contrainsurgencia pretende golpear a los procesos de construcción pos capitalista o aún de autonomías relativas desde el terreno de los derechos humanos, desde una óptica dogmáticamente liberal y formal.

Así, hoy se ha lanzado una verdadera guerra cultural contra la Revolución Cubana y los procesos de cambios más profundos como Venezuela y Bolivia que debe ser enfrentada por los movimientos de derechos humanos por razones de memoria, por razones de sentido y por una cuestión de futuro.

Por razones de memoria, porque si hablamos de reivindicar a los desaparecidos, a nuestros 30 000 y a los 400 000 asesinados por la Contrainsurgencia en América Latina en los 70, todos ellos ocupaban un espacio común, más allá de las formas de lucha que ejercieran, que no era otro que el de la construcción de alternativas políticas anticapitalistas que se inspiraban y estimulaban en la Revolución Cubana, en cuyo nombre, miles de ellos fueron al combate desde la Quebrada del Yuro hasta el Palacio de la Moneda

Por razones de sentido, porque está en disputa la propia noción de los derechos humanos como aquellas necesidades humanas, históricamente condicionados y socialmente reconocidos en un proceso secuencial que pasa por la visualización, el reconocimiento, la inscripción en la ley y la lucha por hacerla efectiva por medio de las luchas sociales; concepto que hace a la integralidad de las necesidades humanas, de libertad sí pero también de educación, vivienda, trabajo digno y salud, derechos económicos sociales y políticos culturales, necesidades que son sociales y por ello solo asequibles por medio de la lucha colectiva por otro concepto que nos retrotrae al inicio del ciclo histórico que hoy muestra su decadencia: la Revolución Francesa y el Capitalismo que sólo reconocen como derechos aquellos individuales que se pueden satisfacer por medio del consumo, y por ende del enriquecimiento, fruto de la explotación del hombre por el hombre.

El derecho a la autodeterminación de los pueblos es uno de los derechos fundamentales de nuestra concepción y acaso el más odiado por el imperio; defender el derecho de cada pueblo a labrar su futuro es hoy una tarea práctica, que reivindica el bicentenario y que tiene un contenido antifascista y antiimperialista evidente

Y por una cuestión de futuro. Por que tenemos que impedir que la parábola vuelva al punto de partida y de nuevo se piense en otro genocidio para reorganizar radicalmente las sociedades latinoamericanas que no quieren más estar al margen de la historia.

Es la hora de los pueblos, y el movimiento de derechos humanos tiene que estar de su lado

José Ernesto Schulman

Secretario de la

Liga Argentina por los Derechos del Hombre


[1] Utilizamos aquí el concepto de sentido común que construyó Gramsci en sus Cuadernos: la ideología de las clases dominantes “naturalizada” para las clases subalternas de modo tal que crean ser sus propias ideas y concepciones.

[2] En el sentido marxista de lograr la reproducción ampliada del capital aumentando su valor.

[3] Toni Negri, en su obra Imperio que llegó a concitar la atención de amplios sectores de la militancia antineoliberal y contra la globalización monopolista del capitalismo

La conexión entre Larkin y María Eva…


galeria_ferroviariasPara Sabrina, que sostiene

la rebeldía contra

la mediocridad

como un acto de belleza


Larkin dijo el  Oscarcito y el Curro, un torturador que se creía un intelectual porque podía leer de corrido, preguntó al jueztorturador de quién habla este?.

Es que Oscarcito estaba explicando cómo había llegado él hasta la Guardia y arrancó de que él era ferroviario; cómo si todos pudieran entender que en los setenta ser ferroviario era algo bastante más que trabajar en una empresa de transportes de pasajeros, de vacas y de trigo.

El viejo Tito me contaba que para conquistar muchachas en los bailes de pueblo, él tiraba el carnet de conductor de locomotoras al piso para que alguno lo levantara, lo llevara al escenario y el animador del baile llamara al titular del preciado carnet así las chicas le prestaban atención mientras las madres le decían mira vos un ferroviario, y maquinista, este muchacho si que debe ser buena persona y que Larkin había sido un gringo que había llegado con uno de los primeros planes privatizadores, allá por los finales de los cincuenta y que para pararlo hubo que hacer una huelga de la puta madre, 41 días duró la huelga aunque en Laguna Paiva había durado más y había sido más dura.

Fue en el 61 y los talleres de Laguna Paiva eran uno de los centros principales de la resistencia, así que cuando llegaron los telegramas de despido para más cien compañeros, la gente salió a la calle, pero no solo los ferroviarios sino también sus mujeres, y los niños, y las maestras de los niños y los tipos que le vendían carne y verduras a las mujeres de los ferroviarios y los tenderos y los almaceneros porque -eso decían en el 61 antes de que al  Oscarcito lo metan preso para que Menem pudiera privatizar los ferrocarriles después-, si cerraban los talleres el pueblo se moriría.

No me acuerdo a los cuantos días, pero como a la mitad de la huelga, largaron un convoy ferroviario de Santa Fe para el norte y pasó por la estación de Paiva pero a los ciento cincuenta metros una multitud se enfrentó al tren.

¿Viste esa película italiana en que los campesinos marchan con las banderas al viento y paran a los milicos?, así mismo, la gente con carteles y banderas, los peronistas y los comunistas y también los radicales a pesar de que Frondizi había sido radical antes de ser desarrollista o sea forro del imperio que le daba ordenes de levantar las vías para vender más autos y más nafta y más hormigón armado y cagar todo el interior profundo de un país continente que, sin trenes, cómo harían para verse y encontrarse los que jamás comprarían autos yankees para andar por las rutas asfaltadas con el hormigón de amalita fortabat?

Por entonces Oscarcito iba a la primaria pero el viejo era ferroviario y los vecinos y los tíos y los papás de los amigos también, porque en Paiva casi todos eran ferroviarios o habían sido y por eso todos soñaban con las maquinas de vapor y la campana del taller.

Le costó al Oscarcito entrar al ferrocarril pero al final lo logró y cuando lo hizo prácticamente al mismo tiempo se afilió a la Fede y de ahí fue que nos conocimos.

No porque yo fuera ferroviario, que va, sino porque yo faltaba a las clases de matemáticas de la facultad de profesorado  para tomarme el tren al medio día; me encantaba eso, el tren a Paiva, un viejo tren con asientos de madera que cruzaba los campos a todo vapor atravesando pueblitos de quinteros y empleados públicos para llegar en menos de una hora a Paiva y encontrarme con Oscarcito y los otros compañeros de la Fede.

En el restaurante que estaba justo frente al portón principal  yo lo esperaba al Oscarcito, y al René que era el hermano y al Omar, y al Juancarlos que ya estaba en el partido pero era de nuestra edad y…ya no me acuerdo mucho de los nombres pero eran un grupo grande porque siempre había habido comunistas en el taller; sobre todo desde el 61 porque en esa marcha en que pararon al tren, los comunistas fueron los que llevaban las molotov con que la gente prendió fuego al tren y la foto del vagón ardiendo recorrió el país para orgullo de algunos y remordimiento de otros.

No es que se haya publicado en algún lado, no es que nadie los haya denunciado, no es que se haya abierto una causa judicial o algo así, pero todos sabían que los que llevaban las molo eran los del pece y entonces los que querían ir más lejos se acercaban al Gomitolo y los otros compañeros, verdaderos personajes que parecían escapados de una película de Einsestein por la cultura obrera y comunista que portaban.

Y amigos de los peronistas, aunque no de todos; de los de la burocracia sindical no pero de los otros que si porque eran más parecidos unos con otros que los que ellos querían reconocer.

Eso es lo que aprendió Oscarcito y todos nosotros, en el 76, cuando los milicos empezaron a echar gente, pero no cualquiera sino a los que podrían organizar la resistencia o sea a los comunistas y los peronistas que no arreglaban con la intervención del taller y entonces fue que me mandaron a Paiva con un papel escondido en el bolsillo de atrás del vaquero, doblado como en mil pedacitos por si me paraban los milicos en el camino y era un petitorio para juntar firmas para que los reincorporen porque un ferroviario fuera de los talleres era como un contrasentido, como que lloviera para arriba o el sol saliera del oeste.

Yo seguía viéndome con el Oscarcito aunque ya no era en Paiva sino en Santa Fe, se tomaba el tren y se venía a casa; la última vez, me acuerdo bien, el Oscarcito se bajó en la estación de Guadalupe, al norte de la ciudad,  y yo lo esperaba sentado en un banco de la estación, nos sentamos y charlamos hasta que pasó el tren que iba de regreso  y el Oscarcito se subió y se fue y todo bien.

Y yo me fui caminando tranquilo, contento casi, a encontrarme con Gracielita que ya vivíamos juntos y teníamos a la mechi en el departamento.

Pero a los dos días me secuestraron a mi, y a la semana al Oscarcito.

Y en los días siguientes a un maestro rural, un campesino y un hachero de la zona rural que estaba entre Santa Fe y Paiva, esa que yo veía tan linda cuando viajaba en tren soñando con que haríamos de esa campiña como los rusos con los koljoses que eran como cooperativas agrarias socialistas para bajarme en la estación de Laguna Paiva, cruzarme al restaurante y tomar vino con soda hasta que sonaba la campana y se venía el Oscarcito y  los compañeros.

A él no lo llevaron a la Cuarta pero lo hicieron mierda igual o peor en la sede de la SIDE en Obispo Gelabert y San Martín, en el centro, para el lado del Paraninfo de la Universidad, cerca de la casa del Julio y del Comedor Universitario. De allí lo llevaron a la Guardia de Infantería Reforzada y allí nos encontramos.

Charlábamos mucho y jugábamos al ajedrez y nos leíamos los pedacitos de diario que llegaban y algunas otras cosas que conseguíamos y me acuerdo bien que una noche, medio asustado el Oscarcito que no era fácil eso, me contó que una mujer policía, la María Eva, al bajar ese medio día a ayudar a la cocina, que había tantos presos que tenían que pedir ayuda para repartir la comida y los dos nos anotamos como para hacer algo y matar el tiempo, la mina le puso una cuarentaycinco en la cabeza y le dijo que rezara porque iba a gatillar para después y al no salir la bala, reírse y dejarlo ir.

Se reía el Oscarcito cada vez que encontrábamos uno de la Fede, juaha juah decía, mira quién está y no se sabía si lo gozaba o se entristecía por encontrar a los compas en la Guardia.

A mi me llevaron primero a Coronda pero a él lo largaron después.

En el 78 lo largaron. Y ahí empezó la odisea.

Cuando salí, les pedí un certificado y no me lo quisieron dar, dijo Oscarcito en el juicio; y para qué quería el certificado le preguntó el fiscal, extrañado de que alguien liberado por los torturadores volviera al Comando del Área Militar y después a la Guardia de Infantería Reforzada una y otra vez buscando un certificado.

Cómo que para qué le contestó el Oscarcito extrañado, para volver al ferrocarril porque los hijosdeputa no me querían dejar volver al trabajo.  El Estado que me torturó me volvía a torturar impidiéndome volver al taller, eso dijo exactamente en el juicio.

Y claro, para un ferroviario no poder volver al taller era una tortura.

Revictimización le dicen a la experiencia de volver a vivir la tortura en el momento de testimoniar.

Para el Oscarcito la tortura era no poder volver a ser ferroviario o sea a ser él, volver a portar la identidad proletaria que le daba historia y sentido a su vida.  Porque, qué haría fuera del taller, sin el humo de la caldera y la campana que daba la hora de salida?

Algo hizo, pero triste, como si siguiera en la puta celda de Coronda, sin estar en el taller no podía estar feliz y por eso fue de los primeros que exigió la reincorporación cuando se terminó la dictadura y de los últimos en irse cuando la privatización del turco que amenazaba con ramal que para ramal que cierra y entonces fue otra vez la tortura hasta esa mañana de octubre del 2009 en que se paró ante el tribunal y les dijo que para eso habían hecho el golpe, para que los ferroviarios sean golondrinas yirando por todo el país porque para él no habrá justicia hasta que lo dejen volver al taller, o sea que vuelva a haber talleres y vagones, y locomotoras tocando la bocina y campanas sonando en las estaciones, aunque ya no sea joven y se le note que ya pasó los cincuenta.

Será por eso que ese día, después de declarar,  en vez de irse a la Central Atómica donde ahora enseña a soldar a los jóvenes que salen de las escuelas técnicas sin saber un carajo, me dijo que nos quedáramos un rato en la mesa del bar que está frente a la estación de Santa Fe y yo como un boludo que me quería ir sin darme cuenta que estábamos empezando de nuevo, como en el 73 me bajaba del tren y nos tomábamos un vino, justo en el restaurante que estaba frente al taller.

Así que cuando me di cuenta dejé para otro día no se lo que tenía que hacer y por dos horas volvimos a planear como se podía organizar la lucha por el salario y el sindicato, porque para eso habíamos hecho el juicio, para empezar todo de nuevo.

Y soñar con un país para todos, donde los ferroviarios sean eso, ferroviarios, y no taxistas, plomeros o jubilados de la esperanza.

La bomba que me seguía…


MOJUPO

Ahora casi nadie se acuerda de las bombas.

Y está bien, porque las bombas hacían mierda las cosas y está bueno recordar los compañeros, los desaparecidos, los asesinados, los caídos en combate, los que sobrevivieron pese a todo y dieron testimonio para llegar hasta aquí.

 

Pero en el 74 y sobre todo en el 75, los fachos de la Triple A se pasaban las noches poniendo bombas.

En diciembre del 75, la situación en Santa Fe estaba recontraencarijanada porque se superponían varias dinámicas: la de la resistencia popular a la derechización del gobierno de Isabel y el plan económico de ajuste de su Ministro Rodríguez, la del despliegue de las acciones de la Triple A en todo el país, que después de la muerte de Perón se habían largado a una carrera de muerte y terror y como si fuera poco, el conflicto provincial entre el vicegobernador y el gobernador, uno de la Unión Obrera Metalúrgica y el otro del Desarrollismo, el partido de Frondizi y de Noble, el dueño de Clarín.

En medio de ese quilombo nosotros queríamos mantener la democracia, sin darnos cuenta que cada vez quedábamos más solos en ese intento. Los de la Jotape, después del paso a la clandestinidad de los Montos ya no aportaban mucho, los de la Juventud Guevarista nunca se habían sumado a la Coordinadora de Juventudes Políticas y los de la Juventud Sindical Peronista se lanzaban contra nosotros como perros de presa.

 

A mi me pusieron una bomba en diciembre.  Justo la noche en que Gracielita festejaba en el Industrial el fin de sus estudios secundarios.  Los tipos esperaron que yo llegara, estacionara el pequeño NSU y me acostara junto a mis hermanos para poner un caño que hizo mierda la casa de mis viejos.

Después me persiguieron desde el 24 de marzo hasta que en octubre me agarraron. Pasé por la Cuarta, por la Guardia, por Coronda y para aquella Semana Santa del 77 me largaron.  No hubo muchos festejos pero fui a un picnic de la Fede y arreglé con Julio que iría a cenar a su casa.

El también se había casado hacía poco y cómo se había mudado cuando yo estaba en cana, no conocía el departamento.

 

A Julio lo conocía desde hacía unos años.

Cómo yo había estudiado en el Comercial Domingo G. Silva, tenía muchos amigos y compañeros de la Fede en la Facultad de Económicas aparte de que un hermano estudiaba allí.

Será por eso que estaba muy cerca de ese grupo de la Fede, al cual se incorporó Julio, llegado de San Juan, con estudios secundarios casi exóticos para nosotros tales como haber cursado en el Liceo Militar, que por entonces era un modo de hacer la secundaria para después no tener que hacer la colimba.

Por un tiempo, Julio vivió en una casa de la Fede que estaba cerca de la Facultad de derecho y a mi, que vivía en mi casa junto a mis viejos, me encantaba ir a esas casas que eran comité político, peña folklórico, lugar de citas y encuentros con mujeres, ateneos de debate y centros de formación política, y algunas cosas más como restaurantes de comidas rápidas y vino barato o deposito de palos y molotov para ir preparados a las marchas contra la dictadura de Onganía y los fachos de la Juventud Sindical después.

 

Después, cuando Julio se recibió de Contador Publico lo pusieron al frente de una oficina del Instituto Movilizador y me inventó una changa para que tuviera unos pesos.

No me acuerdo mucho qué hacíamos, sólo que había que hacer balance mensual y nos autorizaban un almuerzo pago por la empresa, así que la rutina era trabajar lo más rápido posible para después internarnos en el sauna de Monzón (sauna de verdad eh, no prostíbulo disimulado como fueron después), matarnos con los baños para bajar unos kilos y después comer pizza y cerveza a lo bestia, pero sin complejos.

Por entonces él era de Racing y yo de Colón (yo lo sigo siendo, no tengo tan claro si él se mantiene fiel a la Academia de Avellaneda o se mudó a la Academia rosarina) y no tuvimos mejor idea que ir a la cancha de Unión pensando que el equipo de Avellaneda le ganaría a los tatengues para sufrir una de las victorias más contundentes de Unión en toda su, breve, historia en primera.

Pero estábamos acostumbrados a perder.

Las elecciones estudiantiles, las sindicales, las nacionales.

Por eso cuando vino la represión cómo que no nos llamó demasiado la atención y las dos veces que me secuestraron y me llevaron a la Cuarta, fue el Julio con su Citroen el que llevaba a la madre de Gracielita a recorrer las seccionales a ver si estaba en alguna.

 

A lo mejor por eso fue uno de los pocos que me invitó a conocer la casa cuando salí en libertad la primera vez, para la semana santa del 77, y de nuevo comimos y tomamos como en aquellos días del sauna de monzón.

Hasta puedo decir el menú sin temor a equivocarme: carne al horno con papas y cebollas con vino de la cooperativa del padre de julio, vino sanjuanino hecho por los mismos productores.

Todo estuvo bueno y yo me fui tranquilo a la casa donde estaba viviendo con Graciela pero cuando lo volví a encontrar me contó que la tarde siguiente a la cena, una patota entró al edificio y reventó el departamento de al lado del suyo.

Nunca supimos si los boludos de la banda del Curro se habían equivocado o era el modo de advertirnos que nos tenían bien controlados.

Por las dudas Julio se mudó de departamento y a mi me volvieron a secuestrar en noviembre.

Ninguno de los dos “aprendió” la lección de la bomba que me seguía a todas partes.

Yo seguí militando y me volvieron a chupar, y el Julio volvió a agarrar el Citroen y salió a buscarme.