La libertad de los represores o la estrategia Pinochet en marcha


La Cámara de Casación acaba de ordenar la libertad de un conjunto de asesinos, torturadores, violadores, desaparecedores y perpretadores del Genocidio argentino con la excusa de que han permanecido demasiado tiempo en espera del Juicio.

Es el colmo del cinismo.  El Poder Judicial que colaboró con la Dictadura Militar (uno de los liberados será Víctor Hermes Brusa, ex Juez Federal de Santa Fe), que avaló en su momento las leyes de impunidad de Alfonsín y los decretos de amnistía de Menem y que ha saboteado de todas las maneras posibles el prometido juicio a una pequeñísima parte de los culpables, ahora transforma su responsabilidad en beneficio para los represores.

La estrategia Pinochet sigue en marcha, esa que permitió al General chileno morir sin condena alguna y gozar de los honores de su fuerza, es la que adoptan los represores argentinos con la anuencia de buena parte del Poder Judicial y la complacencia rayana en la complicidad del Poder Ejecutivo que ha sido hoy puesto en ridículo al coincidir la liberación de los asesinos de Azucena Villaflor con un acto donde la Presidenta entregaba premios a la creación literaria en su homenaje.

Pero no podrán quejarse: fueron advertidos una y otra vez que la ausencia de un plan jurídico para juzgar el Genocidio era una de las causas fundamentales de la impunidad.  El mismo Ministro de Justicia (?) Aníbal Fernández reconocía meses atrás que si de 300 000 implicados en el genocidio, solo hay presos algunas decenas, estaba en problemas.  Pero no hicieron nada. No propusieron ninguna modificación verdadera ni aceptaron las propuestas que abogados de los derechos humanos como Carlos Slepoy, colectivos de organismos como Justicia Ya! O aún Jueces como el titular del Tribunal Oral de La Plata, Dr. Carlos Rosansky les hicieran llegar.

Cómo cuando la Corte Suprema ordenó la extradición de los compañeros paraguayos ante el silencio de buena parte de la sociedad, como cuando el gobernador Scioli propuso la criminalización de la infancia, insistimos en advertir que la democracia argentina está en grave peligro y que solo la movilización popular, plural y unitaria, podrá impedir que la impunidad se consolide y con ella se potencie el clima represor que asoma, otra vez, en el horizonte argentino