Anulación del indulto a Riveros, la victoria de la consecuencia


Publicado en Propuesta en julio de 2007

“Considerando: 1º Que la presente causa se ha iniciado por la presentación efectuada en forma conjunta por Sara de Castiñeiras, Iris Pereyra de Avellaneda, Floreal Avellaneda, Juan Manuel Castiñeiras y Ana María Astudillo, juntamente con sus representantes letrados y Alicia Palmero, en representación de la Liga Argentina por los Derechos Humanos1, quienes solicitaron la declaración de la inconstitucionalidad del decreto 1002/89, mediante el cual el Poder Ejecutivo Nacional indultó entre otros, a Santiago Omar Riveros, por los hechos a él imputados en la ex causa 85 de la Cámara Federal de Apelaciones de San Martín (fs. 1/6)….” Así comienza el fallo con el que la Corte Suprema de Justicia anuló el indulto presidencial a uno de los máximos responsables del Genocio cometido en la Argentina, el General Omar Riveros, quien estuvo al frente de Institutos Militares y por ello de Campo Mayo, asiento de uno de los mayores centros de exterminio bajo la dictadura.  Llamativamente, ¿o no?, ningún medio gráfico, ninguno de los numerosos análisis realizados en estas horas, han destacado el parrafo precedente que da cuenta de algo que se pretende ocultar: el fallo es una conquista del movimiento de derechos humanos, del movimiento popular en general y de las organizaciones que puntualmente lo promovieron, la Asociación de Ex Detenidos y Desaparecidos por razones políticas y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.  Es uno de los resultados de una larga lucha caracterizada por la consecuencia y la perseverencia; una lucha construida desde definiciones teóricas y filosoficas contudentes que hoy día pueden parecer cuasi normales pero que en su momento (no casualmente los indultos se dictaron en el fatídico año de 1989, en las visperas de la larga decada de los ’90) eran objeto de burlas e ironías como las que se proporcionan a los desvariados y los que no pueden reconocer la realidad en nombre de un posibilismo y un realismo que hoy pretende adueñarse de nuestra lucha para consolidar nuevos mitos posibilistas.

Empecemos por el principio, los indultos de Menem fueron la culminación de una estrategia de impunidad iniciada en el momento mismo del acto represivo, y por eso los falcon sin chapa, y  por eso las capuchas, y por eso los centros clandestinos, y por eso la negación de Justicia que realizaban todos los que rechazaban Habeas Corpus, y por eso los desaparecidos, y por eso……  Cuando los milicos comprendieron que el tiempo infinito prometido se acababa aceleradamente después de Malvinas, se autoamnistiaron y procuraron hacer desaparecer la mayor parte de la prueba sobre los desaparecidos. Luego vino Alfonsín con su ficción de justicia (sólo los Jefes y por algunos casos) y su traición desembozada cuando la marea de la lucha popular amenazaba romper los límites acordados con los represores y el Poder real. Es en esa perspectiva de continuidad cívico militar de impunidad: desaparecidos, autoamnistía, Felices Pascuas, Indultos, que se ubican los decretos hoy anulados.  Y otra línea de continuidad: resistencia en los centros de tortura y detención, organización de la lucha por la aparición con vida y la Libertad, los habeas corpus, las solicitadas, las Madres en la Plaza, las marchas contra la impunidad, la negativa a la resignación, la búsqueda de caminos políticos, legislativos y jurídicos con toda creatividad y audacia, es la que debe considerarse al analizarse el resultado de hoy, incluido por supuesto el Diciembre Popular de 2001 y el descalabro en que entró el ideario neoliberal y su sistema de dominación que provocó en su rearticulación una nueva composición de la Corte Suprema y un cambio notorio en el lenguaje y la doctrina jurídica aceptada como “normal” que sostiene la anulación: no hay razón jurídica alguna que justifique la violación de los Pactos y los Tratados Internacionales que condenan los crimenes de lesa humanidad cuyo castigo deberá priviligiarse por encima de otros valores. Celebramos el fallo, celebramos la lógica que se aplica y “sólo” pedimos que se aplique rigurosamente y de una manera universal, para todos los genocidas, para todas las violaciones de los derechos humanos.

Con una audacia intelectual que bien podría utilizar para reformar las FF.AA. la ministra Nilda Garré ha afirmado que con este acto se terminó con el último resquicio de la impunidad en la Argentina; por su parte una caterva de dolidos derechistas que van de Menem hasta López Murphy claman por la seguridad jurídica amenazada por la modificación de una anterior proclama de la Corte legitimando los indultos.  Entre estas dos posiciones deberemos construir nuestro discurso y nuestra práctica de lucha contra todas las formas vigentes de la impunidad (el 99% de los genocidas libres, como para comenzar;  el hambre de los chicos en el país de las vacas, como para bajar a tierra los discursos) afirmados en una convicción que surge de esta larga batalla ganada: no hay política más exitosa que la de la ética y la coherencia, si la mantenemos con dignidad y humildad por el tiempo necesario, si sabemos juntar tras un objetivo a todo lo que se puede unir en pro de una lucha. Se podrá decir, en disenso con mis enfoques, que sólo se trata de un represor que ni siquiera estaba condenado y al cual dificilmente se lo encierre alguna vez en cárcel común; puede ser pero es que no estamos hablando de Riveros, ni siquiera de Videla y los otros.  Estamos hablando de símbolos y de gestos. Del valor que tiene para las grandes masas el Derecho (que crea verdad con sus fallos, dice Foucault) y así lo perciben los revolucionarios de América que han celebrado el fallo como victoria propia y así lo lamenta la derecha de todo pelaje que sabe que una victoria prepara la siguiente, aunque entre una y otra pasen años y años.  Es que ellos, por mero ejemplo, conocen bien a una de las personas que pidió la anulación del Indulto, ellos saben bien que no pudieron quebrar a Iris Avellaneda ni con la tortura de su hijo, que la sufrieron en el Juicio a la Junta y la vieron caminar por más de treinta años junto a Floreal y todos los otros. Ellos saben que gente como Iris no se sentarán a leer el fallo al lado del camino, sino que seguirán hasta el final. Hasta que vayan todos presos y el sueño de los nuestros se haga tan real como la anulación del indulto.