En defensa de Juan Ingalinella, de quien Norberto Galasso afirmó que no era un mártir popular por ser comunista


 

“El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza sólo le es dado al historiador

perfectamente convencido de que ni siquiera los muertos estarán seguros si el enemigo vence.

Y ese enemigo no ha cesado de vencer”

En medio de una polémica con Andrés Rivera sobre el peronismo, el historiador Norberto Galasso ha afirmado textualmente lo siguiente: “Y la libertad?, me dirá usted. ¿Y los derechos humanos? (Quiero creer que se refiere a la libertad y los derechos humanos para las mayorías populares, ¿no es cierto?). De cualquier modo, conozco el argumento: Ingalinella, la Sección Especial y también el obrero Aguirre, ¿se acuerda?, en Tucumán. Pero quien alguna vez leyó marxismo -aunque sea solamente el Manifiesto- sabe que cuando la lucha de clases se agudiza aparece indefectiblemente la violencia. Lo lamentamos, pero es así. Ambos bandos en lucha la ejercen. Y por un Ingalinella que cae, en un lado, caen 27 fusilados en junio del 56, por el otro. Y por las torturas al estudiante Bravo -ya ve que no me hago el tonto y lo ayudo en sus recuerdos- están los 380 muertos del 16 de junio del 1955…” y aun más: “…De ahí que los trabajadores tengan sus propios mártires -entre los que no figura Ingalinella, aunque nadie pueda justificar su asesinato, y aunque fuera el mejor intencionado y más idealista de todos los hombres- sino Di Pascuale, Vallese, Mussi, Retamar, Alberte, Santillán, Hilda Guerrero, Pessano y tantos otros. “

Construye Galasso un silogismo: a): el pueblo es peronista, b): el peronismo es popular y antioligárquico, c): las víctimas del terrorismo de estado sólo son los peronistas y por ende, d): los que no son peronistas no solo son víctimas del terrorismo de estado (Ingalinella no es un mártir de los trabajadores, afirma Galasso), sino que sus victimarios, por el solo hecho de torturar o asesinar a un no peronista se convierten en militantes populares. Razonamiento absurdo, que extendido al genocidio de los 70, transformaría a los grupos de tareas que operaban contra la izquierda no peronista (digamos, para ser claros, los militantes del PRT/ERP, del PC y de las decenas de organizaciones que entonces se reivindicaban marxistas del más variado modo, todas ellas respetables), casi en milicias populares.

Será por eso que el ex jefe político de Galasso, el también historiador Abelardo Ramos, terminara sus días como embajador del presidente Menem, electo -si no me equivoco- en las listas y con el apoyo casi total del pejota. La infamia se potencia si pensamos en nuestro Juan Ingalinella, al que de nuevo pretenden desaparecer -ahora del acervo de la memoria popular- comunista rosarino, de enorme raigambre entre los humildes desde los días en que se cortaba la calle Santa Fe, frente a la vieja Facultad de Medicina rosarina, para realizar asambleas donde él descollaba por la firmeza en la defensa de los derecho estudiantiles, estudios que sólo completó cuando la dirección partidaria lo envió a Córdoba para que dedicara tiempo a la carrera. Ya médico, Inga instala su consultorio en la calle Saavedra (en pleno barrio Sur) y comienza a construir la leyenda del médico al servicio del pueblo, que no solo receta sino que explica, convence, convoca a la lucha unitaria por el pan y la vida.

Por eso, lo secuestró la policía brava santafesina, por eso lo torturaron hasta la muerte y aterrorizados por la previsible respuesta popular, lo tiraron al Río Paraná, que lo cobijó para siempre, en junio de 1955. Pero no contaban con la enorme movilización popular que se desarrollaría en su ciudad, su provincia, el país todo y aun el mundo. Por Inga se movilizaron los obreros peronistas de los Talleres Ferroviarios de Pérez y los médicos de todo el mundo (¡una huelga mundial de médicos contra el secuestro de un comunista!).

Y, con orgullo lo reivindicó, su partido, el Partido Comunista encabezado por el inolvidable Florindo Moretti, aquel campesino y ferroviario que meses después, ya dado el golpe gorila de setiembre de 1955, propondría transformar la huelga rosarina contra el golpe en una insurrección armada, e hizo todo lo que pudo para esa opción.

¿Gorilas, Ingalinella, Moretti?

¿De qué habla Galasso?

Fruto de aquella extraordinaria movilización se conquistó en 1956 el primer juicio al terrorismo de estado en la Argentina en el que fueron condenados los comisarios Lombilla y Amoresano (indultados por Onganía una década después). El abogado del caso, Guillermo Kehoe, fue asesinado en 1964 en la escalinata de los Tribunales rosarinos. ¿Tampoco él es un mártir popular, compañero Galasso? Seguro que para usted no, porque cuando nombra a los compañeros Mussi y Retamar, lo ha borrado a nuestro Nestor Méndez, que marchaba y murió junto con ellos, por el simple dato de su identidad comunista.

Y, por último, si de lecturas marxistas se trata, le recomiendo que vuelva a leer las primeras líneas del Manifiesto, esas que dicen que la historia es la historia de la lucha de clases (insisto, de la lucha de clases) y si usted optara por la clase de los proletarios, es decir, de los desposeídos, de los cabecitas negras, de los piqueteros, de las mujeres golpeadas, de los pueblos originarios ninguneados, de los anarquistas, de los socialistas, de los comunistas, de los peronistas, podrá sentirlos a todos ellos como hermanos caídos en la misma lucha y entonces se dejará de discriminar entre los militantes populares que lucharon hasta el fin, como pudieron, como supieron, en el tiempo en que les tocó morir. Como ocurrió con los treinta mil, con todos ellos, Galasso, que no recuerdo que pidieran el carné partidario en la mesa de torturas. Mártires populares como Tito Messiez, Alberto Cafaratti, Inés Olleros, Teresa Israel y los más de cien comunistas que continúan desaparecidos físicamente sí, pero a los que defenderemos de sus intentos de volver a hacerlos desaparecer negándoles el derecho de formar filas con todos los compañeros desaparecidos.

¿Y sabe por qué Galasso?   porque con los jirones de sus recuerdos estamos construyendo una bandera para que vaya al frente de todos nosotros cuando nos decidamos a terminar con la impunidad de sus desaparecedores con la lucha popular.Inga