Manuel Suarez, editor


Tenía, y la sonrisa lo delataba, la misma confianza en el triunfo de los de abajo con que toda una generación desafío al poder en los ’60 (que se sabe, llegaron hasta los días en que la Triple A inauguró el Terrorismo de Estado en su versión más sistemática).La misma confianza que depositaba en los compañeros, en todos, no importa qué partido o fuerza fuera la que referenciaba al compañero. Manuel practicaba cotidianamente el concepto de partido con que Carlos Marx y Federico Engels fundaron la tradición comunista con el eterno Manifiesto de 1848: todos los que están contra el capitalismo, todos los que –de uno u otro modo- luchan contra él, sin claudicaciones aunque no exento de errores, somos parte de la misma parte, del mismo partido, somos compañeros.

Aunque somos casi de la misma generación, aunque los dos nacimos en la provincia de Santa Fe y militamos en este gran partido anticapitalista durante los ’60 largos, aunque recibimos una parte del plomo con que el Poder castigó nuestros sueños de libertad (ahora pienso en Louise Michell, la heroína de la Comuna de París que enfrentó el Tribunal Militar con estas palabras: he participado libre y concientemente en la Comuna; a los que luchan por la libertad ustedes le pagan con plomo y vengo a reclamar el pedazo de plomo que me corresponde…), no lo conocí hasta finales de los ’90.  Yo andaba por Santa Fe, el por Rosario; yo militaba en la Fede y él en el Comando Guevara; yo pasé por Coronda y la Cuarta y al quedar en “libertad” (¿) me mudé a Rosario y él, que había conocido todo eso ya en la anterior dictadura (la de Onganía, Levingston y Lanusse, la que hoy parece casi blanda al lado de la de Videla pero que mataba y torturaba compañeros sin asco) optó por el exilio en México.

Así que cuando lo conocí, lo conocí editor.  Pero no empresario editor, militante editor, corrector de textos editor, tipógrafo editor, cargador de bultos de papel editor, propagandista oral de los libros editor. Como dije antes, militante editor. Todavía está por estimarse cuántos libros ha editado Manuel entre Rosario y Buenos Aires, entre Arroyito y Avellaneda (nunca entre Fisherton y Palermo), y deben ser muchisimos. Dice Fidel que ésta es una batalla de ideas, y agrego yo: pero las ideas que no se difunden no participan en esta batalla y ese era uno de los roles que Manuel asumió en los ’90: demostrar que se pueden editar libros de pensamiento crítico, básicamente de marxismo en todas sus interpretaciones y tendencias, que la misma concepción de partido aplicaba a su labor editorial.  El listado de los autores que editó dará cuenta de ese pluralismo que nunca fue eclecticismo ni oportunismo. Y sería bueno, que todos ellos rindieran uno de los mejores homenajes, que imagino, se podría hacer a Manuel (hay muchos modos y todos buenos, no quiero demonizar ninguno): una gran feria del libro de izquierda, con todos los que él edito y los nuevos porque si algo no querría Manuel es que nadie se congele.

Sabía decir que sus libros eran economicos pero dignos, toda una definición: productos esteticamente bellos, lo mejor posible editados y presentados pero nunca lujosos, de esos que derrochan satines y brillos en las tapas o apelan a tipos de letra super grandes para disimular la brevedad del texto que esconde la brevedad del pensamiento. Los libros de Manuel, digo los que él edito y los que él escribió no eran así sino todo lo contrario: sólidos, coherentes, defendiendo ideas y principios más allá de las coincidencias o disidencias que se podrá encontrar en una labor comparativa de su obra (de nuevo, la suya y la editada)

En la contratapa de uno de los libros que Manuel me editó dice el Obispo Metodista Federico Pagura, refiriéndose a Tito Martín, que su vida mostraba “que al menos había en esta tierra un hombre nuevo, de esos que soñaban el Che y el Obispo Angelelli; y que si había uno, ¿por qué no soñar que algún día, todos los hombres serán como Tito?”, digo, como Manuel. ¿Y si después de tantas búsquedas y extravíos comprendiéramos que el Socialismo no es otra cosa que un mundo de hombres nuevos; un mundo donde todos los hombres serán como Manuel, como Tito, como el Che o como Rodolfo Walsh?. ¿No serán estos hombres nuevos realmente existentes su mejor programa y atractivo?.  A lo mejor sí, y entonces como el Cid Campeador, que atemorizaba y derrotaba moros aún después de muerto, Manuel seguirá ganándole batallas a Galtieri y a Martínez de Hoz, a Carlos Menem y a Cavallo, a Chacho Alvarez y la Cristina; seguirá ganándoles batallas a la muerte y entonces volverá en una plaza para los niños, o en una imprenta o una librería para los que tienen algo que decir, o se hará ametralladora para los milicianos de Colombia o los que defienden la Revolución en Cuba.

Y estará bien, porque todo eso era Manuel.  Plaza, imprenta, fusil; disfrute, pensamiento crítico, militancia. Manuel Suarez, editor.

Militante editor.