Algunos de los debates comunistas ante el surgimiento del peronismo y las elecciones de 1946


La posición de la célula de los ferroviarios del FF.CC. Sud ante el XI Congreso del Partido Comunista.

Uno.  Objetivos del trabajo

Parece increíble, pero el semanario comunista  “La Hora” del 24 de octubre de 1945 refiere a los sucesos del 17 de octubre como una movilización policial que “arrastró” sectores obreros confundidos[1].

Es más que una anécdota, refleja una actitud ante la realidad que revela una de las claves de la tragedia de toda una generación de abnegados revolucionarios capaces de soportar las persecusiones, la tortura y el crimen; pero incapaces de ver lo que el dogma no prescribía.

La “historia oficial” del Partido Comunista, la escrita en el “Esbozo de Historia del Partido Comunista” de 1948[2] y la actualización que Oscar Arévalo escribió en 1984[3], explican el surgimiento del peronismo como un “fenómeno social”, casi como un desvío de la historia, cual una enorme confusión -seguramente pasajera- en que cayeron los obreros, recién llegados a las grandes ciudades e impedidos de encontrarse con “su” partido de clase por la férrea represión que sus militantes recibían en castigo a su compromiso clasista.

En este trabajo, sobre la base del análisis de los documentos elaborados en 1946 por la célula de ferroviarios del FF.CC. Sud para el debate del XI Congreso partidario, del informe de la comisión de disciplina que fundamenta su expulsión y el testimonio de algunos militantes comunistas de aquellos años, trataremos de demostrar que el mito, que aún perdura parcialmente en la cultura de izquierda, de que los comunistas perdieron las posiciones alcanzadas en la clase obrera por defender una política revolucionaria y de clase es falso y que más bien se trata de todo lo contrario: las posiciones que se conquistaron en los primeros años de la década del ’30 gracias al heroico papel jugado por los comunistas en la huelga de los petroleros de Comodoro Rivadavia, de los trabajadores de la carne de Zarate y de Berisso, de los obreros de la construcción, de la madera y otros, se perdieron –en primer lugar-  por una política que privilegiaba el apoyo a la coalición mundial de países enfrentados al Eje Berlín/Roma/Tokio por encima de la defensa de los derechos obreros y populares.

Y es más, que la combinación de represión y maniobras de captación de dirigentes sindicales y políticos provenientes del sindicalismo y la izquierda –elementos constituyentes pero de ningún modo principales, y mucho menos únicos, de la construcción del proyecto político de Perón- fueron facilitadas por el deterioro del enfoque de clase y la perspectiva revolucionaria que se instaló en el Partido Comunista junto con la estrategia de Frente Democrático Nacional.

Era, en última instancia, la consecuencia mediata de los debates que en 1929 habían enfrentado la dirección del Partido Comunista Argentino con José Carlos Mariátegui sobre el carácter de la revolución latinoamericana[4] y que habían originado la bifurcación de los senderos entre los partidarios de una estrategia etapista, que debía comenzar por la revolución democrática burguesa, y los partidarios –derrotados en aquellos debates- de luchar ya por la revolución socialista como tarea práctica de los pueblos americanos.

Dos. Los debates y las conductas

Para los comunistas, el triunfo de la formula Perón/Quijano en las elecciones del 24 de febrero de 1946 resultó un fuerte golpe a la credibilidad en una serie de mitos con que se había construido la identidad partidaria: el de la infalibilidad de las direcciones,  el del carácter intrínsecamente revolucionario de la clase obrera, el del progreso ininterrumpido de la historia hacia su destino socialista, etc.[5]

Inmediatamente de producido el sorpresivo resultado (por lo menos para buena parte de la dirección y la militancia comunista[6]), los días 11 y 12 de marzo de 1946 se realiza una reunión ampliada del Comité Ejecutivo que elabora un guión de debate para orientar la discusión en las células[7]; el 4 de mayo de 1946 en un encuentro masivo con la militancia Victorio Codovilla  resume  los debates y presenta las tesis con que se convoca el XI Congreso partidario para el mes de  agosto.

Desde el principio la actitud de la dirección va a buscar corregir la táctica pero sin aceptar errores gruesos en la apreciación de los acontecimientos que llevaron al triunfo de Perón. Se buscaba explicar el cambio  (real) de los posicionamientos políticos como si éstos resultarán de los ocurridos en la situación nacional e internacional.  De este modo la estrategia y la conducción partidaria quedaban a salvo de los cuestionamientos.

Una célula partidaria, la de los trabajadores del FF.CC. Sud con asiento en Constitución, elabora sus propios posicionamientos para el debate.  En el plenario del 4 de mayo son puestos como ejemplo por el informante central “por su sano espíritu constructivo”[8] pero poco después serán calificados como promotores de “una conspiración urdida por el enemigo contra nuestro partido” tendiente a introducir  la “ideología ajena al proletariado”[9], motivo por el cual serán expulsados luego del XI Congreso.

¿Cuál era el pecado de estos ferroviarios que proclaman una y otra vez su identidad comunista y manifestaban su acuerdo con la política propuesta para el nuevo momento por  el XI Congreso comunista?

Explicando su decisión de debatir cueste lo que cueste, escribirán en enero de 1947 que  “no queríamos, ni queremos que únicamente de manera formal se tomen resoluciones y que por debajo de las conclusiones justas del XI Congreso prevalezcan las viejas deformaciones de la línea comunista”[10] e inician un proceso de debates en busca de las causas más profundas que habían arrastrado al Partido al campo de los derrotados en la política argentina justo cuando los comunistas son los grandes vencedores en todo el mundo.  Como una de sus conclusiones principales proponen extirpar el browderismo[11] -que había llevado a posponer la defensa de los derechos obreros y populares en aras de la alianza antifascista-, y terminar con el autoritarismo interno que aplastaba el debate creador.

Como diría la Comisión de Control que fundamentó su expulsión por “fraccionistas”: “Como Uds. ven el programa es vasto; ni tan modesto ni tan pequeño”[12]

Y es que, acaso sin saberlo, estaban apuntando a dos de los puntos neurálgicos de la cultura política resultante de la hegemonía stalinista en el movimiento comunista internacional: el deterioro de la voluntad revolucionaria socialista y la aceptación de que un centro detenta la “verdad revelada” e impide cualquier crítica al grupo constituido en dirección.

Tres. Las huellas del browderismo

Los ferroviarios del FF.CC. Sud van a comenzar su primer documento con un enfoque polémico con los planteos oficiales: “lo fundamental, para nosotros, comunistas, reside en el hecho de que la mayoría de la clase obrera haya votado por Perón[13]; consideran que ello se vincula al abandono de la lucha reivindicativa y que hay que profundizar en las causas últimas de este abandono, cuestión que no consideran  casual, ni debida al cambio de las circunstancias internacionales sino a la influencia de un dirigente comunista norteamericano

Earl Browder perteneció desde 1924 a los organismos dirigentes de la Internacional Comunista (miembro titular del Comité Ejecutivo y suplente del Presidium del Ejecutivo desde el VII Congreso de 1935) y predicaba para la posguerra una sociedad de convergencia e integración entre el capitalismo y el socialismo, y para ello la transformación de la política de unidad de los estados aliados antifascistas (una política justa de unidad de acción contra el enemigo principal, pero que era obviamente una iniciativa táctica, y por ello temporal) en una estrategia de carácter permanente.

Así, para Browder los resultados de la Conferencia de Teherán implicaban que “por una parte, el sistema del bipartidismo ofrecía medios adecuados para el ejercicio de los derechos democráticos fundamentales” y en consecuencia el Partido Comunista de los EE.UU. (tal como existía) era un obstáculo para la unidad nacional y debía ser disuelto (como efectivamente ocurrió en mayo de 1944 por resolución de una Conferencia Nacional del partido que se auto transformó en la Asociación Política Comunista) y por otra parte “el capitalismo y el comunismo habían comenzado a marchar juntos hacia la colaboración pacífica del futuro”. [14]

Earl Browder decía y ejecutaba lo que la Internacional Comunista insinuaba: “nuestra reunión de Crimea ha reafirmado nuestra determinación común de mantener y reforzar en la paz que va a venir, la unidad de visión y de acción que ha hecho posible y seguro el triunfo de las Naciones Unidas en esta guerra” [15]decía José Stalin por entonces en un ingenuo “fin de la historia”, tan iluso como el que cincuenta años después proclamara Fukuyama, pero que desnudaba el abandono de la estrategia leninista de la revolución mundial para la que fue convocada la Internacional Comunista en aras de un proyecto de desarrollo nacional ruso que podía convivir sin conflicto con el capitalismo, si éste le garantizaba la coexistencia pacífica y el comercio de mutuo beneficio.

Para demostrar la presencia del browderismo en el pensamiento de los dirigentes partidarios los van a citar largamente.

Arnedo Alvarez, secretario general del partido, en su informe al Comité Ejecutivo del 18/7/1944 decía: “Nosotros, comunistas, estamos dispuestos a no plantear ninguna demanda política o social que trabe o impida el desarrollo libre y progresista del capitalismo.  Por desarrollo progresista entendemos un desarrollo que impulse y vivifique los recursos naturales del país y que tome en consideración sus intereses y, en particular los de su población laboriosa, y estamos dispuestos –una vez abatida la dictadura pronazi- a cooperar en la solución ordenada de los conflictos entre el capital y el trabajo, sobre la base de discusiones y acuerdos amigables, llevados con un espíritu de consideración a los intereses de todos los factores progresistas que intervienen en la producción”.

Y explicaba “Nosotros organizamos hoy huelgas, luchas, acciones de masas, para derribar a un gobierno antipopular y antinacional. Logrado este objetivo primordial aseguramos que todos los problemas que se planteen serán solucionados por medio de entendimientos mutuos y conforme a la legislación” y más adelante afirmará “…los comunistas no persiguen fin o propósitos diferentes de aquellos fines o propósitos que se proponen todas las fuerzas democráticas y progresistas del país…una vez concertado tal acuerdo, los comunistas ajustarán toda su actividad y conducta al logro de los objetivos establecidos en común”[16]

Victorio Codovilla, por su parte, escribía desde su exilio en Chile: “para conseguir este objetivo (el de la unidad nacional antifascista, nota del autor) es preciso que, en lugar de intensificarse la lucha del proletariado y de las masas laboriosas de la población contra la burguesía, terratenientes y empresas extranjeras de cada país, se realice una política de entendimiento de todas las fuerzas progresistas con vistas al desarrollo de la industria, a la diversificación de la producción agrícola, al desarrollo armónico de la economía nacional, que conduzcan al aumento de la producción, en función de elevar el nivel de vida y mejorar las condiciones de trabajo de la clase obrera y del pueblo

Para concluir que “La realización del plan de reorganización de la economía nacional y la participación del Partido Comunista en el gobierno de Unidad Nacional exige la colaboración franca y leal entre él y todos los sectores económicos y las fuerzas políticas que participen en el movimiento de Unidad Nacional y obliga a liquidar todo lo que tienda  a agudizar conflictos que puedan surgir en el seno del mismo y a realizar una colaboración constructiva.  Por consiguiente los conflictos de carácter económico y las desavenencias de carácter político pueden y deben resolverse a través del común acuerdo.  Las huelgas u otras formas de lucha violenta deberán ser la excepción y no la regla”.

En el documento citado, Victorio Codovilla  argumenta que “para comprender el significado de la política de unión nacional como una política para todo un periodo histórico, es preciso comprender lo que significan la Carta del Atlántico, la Conferencia de Moscú y sobre todos los acuerdos de la Conferencia de Teherán………. La Conferencia de Teherán significa entonces que se han establecido las bases para la coexistencia pacifica y para la colaboración de los países de régimen socialista con los países de régimen capitalista….pero para que esa política de colaboración estatal entre los países capitalistas y  la URSS, con el fin de asegurar la paz, el progreso, el bienestar social y la elevación del nivel de vida cultural de todos los pueblos, pueda llevarse a cabo con éxito, es preciso que en el orden nacional, o sea en cada país, se forme el bloque de todas las fuerzas progresistas, es decir la unión nacional para luchar por los mismos objetivos….[17]

Rodolfo Ghioldi en un articulo de mayo de 1944 en ocasión del XIV Congreso del Partido Comunista Uruguayo aprobaba entusiasta la disolución del partido norteamericano, así como el cambio de nombre realizado en Cuba (ya no comunista, sino Socialista Popular que es el nombre con que los comunistas llegaron hasta la misma revolución socialista) bajo la directa inspiración  de Browder: “En enero, el Partido Comunista de los EE.UU. resolvió proponer  a su Convención Nacional de Mayo el cambio de nombre por el de la Asociación Política Comunista Americana. Recogiendo lo nuevo de la situación nacional y mundial afirma  que “los acuerdos de Moscú, Teherán y El Cairo dan un programa para desterrar el espectro de las guerras civiles y de las guerras entre las naciones por varias generaciones….  Los comunistas norteamericanos no dejan de ser comunistas marxistas[18]

El mismo Arnedo Alvarez reconoció en el XI Congreso partidario de agosto de 1946 que “La tesis del comité central  y lo expuesto en mi informe señalan que nuestra desviación fundamental consistió en el debilitamiento de la lucha por las reivindicaciones económicas de los obreros y trabajadores en general, determinado por el temor de perder aliados en el campo de los sectores burgueses progresistas” y  que “el debilitamiento de nuestras posiciones en el campo obrero no tiene, pues, su explicación única en la persecución tenaz de la reacción fascista[19], sino fundamentalmente en la aplicación de una política no siempre acertada que nos impidió influenciar y dirigir el movimiento obrero. Nuestro apartamiento de las principales organizaciones obreras y nuestra negativa a cotizar en ellas por el hecho de estar dirigidas por elementos colaboracionistas fueron errores sectario oportunistas que enfrentaron al partido con grandes sectores de la clase obrera que lo aislaron en gran parte de las masas”[20] dando un giro de 180º grados al discurso sostenido por años (consecuencia clasista por encima de todo), y sin demasiadas explicaciones sobre semejante cuestión.

A pesar de todas las evidencias de la plena coincidencia entre Browder y los dirigentes comunistas argentinos, la Comisión de Control reacciona airadamente ante la acusación de browderistas que ha lanzado el documento de los ferroviarios.

Después de todo lo escrito por los principales dirigentes, sin ninguna explicación por el cambio de posición, la Comisión de Control, a tono con los cambios que Stalin y la dirección del Estado Soviético habían impreso a su discurso y a su política exterior ante la evidencia de que lejos de la convergencia soñada con los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial se abría paso la Guerra Fría, califica al browderismo como “una corriente revisionista que surgió en los EE.UU. en los años de la segunda guerra mundial que tendía a ocultar el papel agresivo del imperialismo yanqui, que suponía que la colaboración de los tres grandes, para la paz, dependía mejor de la buena voluntad y de la gran comprensión de la gran burguesía americana que del movimiento obrero  en alianza con todas las fuerzas progresistas.  Es más el browderismo sustituyó nuestra meta socialista por una especie de utopía burguesa que vencía las contradicciones básicas del capitalismo; subestimaba la crisis del capitalismo, agudizada por la guerra y se deslizaba francamente hacia la teoría del rol progresista del gran capital monopolista”[21]

¿Y no era exactamente eso lo que se planteaba en los escritos de Codovilla, Ghioldi y Alvarez citados por los ferroviarios?

Pero la Comisión de Control tiene el argumento irrebatible: “Desde el punto de vista del partido, el browderismo liquidó la organización en el sur de EE.UU., minó y debilitó el papel independiente del partido y lo transformaba en una organización meramente educacional.  ¿Quién podría afirmar que estas posiciones fueran difundidas en nuestro Partido?[22]

Si Gramsci dice “que del modo de escribir la historia de un partido deriva el concepto que se tiene de lo que un partido es y debe ser[23] resulta evidente que en su análisis del browderismo se confirma un modo de pensar la política que siempre es desde la institución partido y no desde la política real.  Para la Comisión de Control no importa qué política se aplique, si se conserva la institución partido no hay browderismo reduciendo todo a una cuestión instrumental y velando la esencia verdadera que no es otra que el abandono de una política revolucionaria y socialista tras la ilusión de la convergencia capitalista/socialista.

Y de este modo tan sencillo se liquidan los argumentos de la célula ferroviaria preocupada por encontrar una explicación más profunda al fenómenos que ellos mismos están sufriendo: el prestigio que los comunistas habían ganado entre los trabajadores por su compromiso con los derechos obreros y su entrega a la lucha se iba perdiendo aceleradamente.

Claro que browderismo, pero no solo browderismo (en el sentido de la ilusión reformista en la colaboración permanente del capitalismo con el socialismo en un proceso de convergencia de ambos en un sentido progresivo), sino que en los documentos citados se expresa nítidamente una  definida visión sobre el carácter de la revolución en Argentina y América Latina, cuestión que había sido el eje de las discusiones con José Carlos Mariátegui en el Primera Conferencia Comunista Latinoamericana..

Cuatro. Los límites del marxismo latinoamericano

El debate del ’29 con Mariátegui fue un debate sobre el programa (el tipo de revolución por cual luchar), fue  un debate sobre la caracterización de América Latina, sobre la cuestión nacional, sobre la burguesía nativa, sobre  el proceso de constitución de una fuerza popular capaz de emprender las tareas revolucionarias y sobre las vías de conquista del poder.  En definitiva sobre si el capitalismo tenía capacidad de dar respuestas o no a las necesidades de los pueblos latinoamericanos.

En su “Punto de vista antimperialista” José Carlos Mariátegui afirmaba que ”…las burguesías nacionales, que ven en la cooperación con el imperialismo la mejor fuente de provechos, se sienten lo bastante dueñas del poder político para no preocuparse seriamente de la soberanía nacional…y que por ello…no tienen ninguna predisposición a admitir la necesidad de luchar por la segunda independencia”[24] como sostenían el Apra de Haya de la Torre, el Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista y la delegación argentina encabezada por Victorio Codovilla y Paulino González Alberdi.

Se niega a aceptar el tratamiento de Nuestra América con el molde de las colonias asiáticas o africanas como proponía el Secretariado Sudamericano por medio de Humbert Droz, su secretario, que afirmaba: “Los países de América Latina, a pesar de su independencia política formal, son países semi-coloniales los cuales deben ser examinados del punto de vista de nuestra táctica en los países coloniales y semi-coloniales ” por lo  que el “el movimiento revolucionario en América Latina puede ser caracterizado como una revolución campesina y antiimperialista ” y que en consecuencia “ entra en la categoría de lo que se ha convenido en llamar una revolución democrático burguesa[25].

Enfoque a los que Mariátegui respondía: “Pretender que en esta capa social prenda un sentimiento de nacionalismo revolucionario, parecido al que en condiciones distintas representa un factor de lucha antiimperialista en los países semi-coloniales avasallados por el imperialismo en los últimos decenios en Asia, sería un grave error”[26] “El antimperialismo, admitido que pudiese movilizar al lado de las masas obreras y campesinas, a la burguesía y pequeña burguesía nacionalistas (ya hemos negado terminantemente esa posibilidad) no anula el antagonismo entre las clases, no suprime su diferencia de intereses….El asalto del poder por el antimperialismo, como movimiento demagógico populista, si fuese posible, no representaría nunca la conquista del poder, por las masas proletarias, por el socialismo”[27]. Y por ello, afirma “…nuestra misión es explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera”[28].

Ahora bien,  y creo que esto es la fundamental diferencia, ¿cómo es que se llega a conclusiones contrapuestas sobre la misma realidad en discusión por parte de gente que tenía los mismos propósitos?.  Porque Mariátegui llega a las conclusiones expuestas después de estudiar apasionadamente la historia del Perú y la realidad económica, social y cultural de los explotados y humillados de su tierra (cuatro millones de indios sobre cinco millones de peruanos) y Humbert Droz, y  quienes lo apoyaban, recorren el camino inverso: trasladan un esquema supuestamente valido para los países asiáticos a un continente desconocido.

Para Mariátegui el marxismo es una herramienta interpretativa, una guía para la acción; para Droz y Codovilla, una ideología omnipotente con respuestas para todo, aún para lo no estudiado.

Mariátegui analiza el sistema de dominación vigente en la época desde una perspectiva histórica: así va a demostrar que la República (fruto de la Independencia) va a contener rasgos de continuidad del Virreinato y éste de la Conquista de América por la España colonialista: “La revolución americana, en vez del conflicto entre la nobleza terrateniente y la burguesía comerciante, produjo en muchos casos su colaboración, ya por la impregnación de ideas liberales que acusaba la aristocracia, ya porque ésta en muchos casos no veía en esa revolución sino un movimiento de emancipación de la corona de España.”[29]

Es desde el análisis de la historia americana que Mariátegui se niega a reconocerle potencialidad revolucionaria a las capas nativas de una burguesía  que nació pactando con la oligarquía y creció del brazo del imperialismo, británico primero, yanqui después.

Y en el final de su “Punto de vista anti-imperialista” con que se posicionó en aquella Conferencia Comunista definirá un modo de participar en la batalla mundial contra el imperialismo exactamente antagónica a la que practicarían años después los comunistas argentinos que deciden postergar el combate contra los imperialismo extranjeros para aportar al triunfo de la U.R.S.S.  Mariátegui proponía lo contrario: “… somos anti-imperialistas porque somos marxistas, porque somos revolucionarios, porque oponemos al capitalismo el socialismo como sistema antagónico, llamado a sucederlo, porque en la lucha contra los imperialismos extranjeros cumplimos nuestros deberes de solidaridad con las masas revolucionarias de Europa[30].

Y es que al carácter de la revolución en debate se debe vincular el modo en que se aborda la relación entre el carácter internacional (por su contenido) de la revolución y el carácter nacional (por su forma de realización).

El programa que históricamente sostuvo el Partido Comunista de la Argentina, se aprobó en 1928 en su VIII Congreso como parte del proceso de instalación de una hegemonía política que se mantendría casi por sesenta años y que se auto concebía como custodios de la más pura ortodoxia marxista entendida como fidelidad acrítica a la Internacional Comunista, el P.C.U.S. y el Estado Soviético.  Creemos no exagerar al afirmar que este predominio fue parte, y no pequeña ni casual, del proceso de conquista, por parte del  stalinismo, de la conducción sobre el movimiento comunista internacional.

El VIII Congreso del Partido Comunista cierra un prolongado periodo de disputas políticas, ideológicas, en fin, por la dirección del Partido Comunista Argentino[31] que culminan de un modo muy  particular:  gracias a la intervención  en los debates de la Internacional Comunista que emite una Carta en apoyo del grupo que se consolidaría como dirección del partido desde 1928; apoyo que lejos de resultar circunstancial  se transformó en una cuestión de bastante peso.

La debilidad del grupo que se constituye en la dirección oficial del partido Comunista, que le lleva a requerir de la intervención expresa de la dirección de la Internacional Comunista para vencer en la disputa interna, va a repercutir en sus propias discusiones y en sus propias resoluciones dada la dependencia que se establece hacia una Internacional Comunista que iba dejando de ser  aquel “estado mayor de la revolución” en ciernes para que la habían creado Lenin y sus compañeros.

En la medida que la revolución se aleja del horizonte y se consolida Stalin en la dirección del Partido Bolchevique, la Internacional Comunista se va transformando en una organización que  defiende prioritariamente la existencia del socialismo en un solo país para derivar en la defensa acrítica, incondicional, de la política exterior y de la búsqueda de las condiciones para la supervivencia del Estado Soviético.

Es esta estrategia de revolución por etapas, revolución democrática burguesa y frente democrático nacional la que se potenció, y aún más, se degradó con las visiones browderistas de fin de la segunda guerra mundial que propiciaban abiertamente la integración al capitalismo y la transformación de la alianza antifascista (obviamente una iniciativa táctica) en una estrategia de construcción permanente.

Con acierto Ernesto Giudice, diría en 1973 en renuncia al partido[32] que había llegado a la convicción de que las numerosas formas de entender la revolución democrática burguesa se había elegido  la practicada por la burguesía inglesa: por saturación, es decir por penetración en todas las instituciones estatales y por acumulación de influencia en todos los sectores sociales.

Es llamativo como todos los participantes en el debate comunista ante el surgimiento del peronismo, incluidos los que como Rodolfo Puiggros se habían ido luego de la Conferencia Nacional de diciembre de 1945, se mueven en los límites de discutir el mejor modo de efectivizar la revolución democrática burguesa, aunque hay que reconocer que bajo esa denominación se escondían visiones francamente antagónicas sobre la política real.

Claro que todos defienden la misma concepción estratégica de revolución democrática burguesa, pero los ferroviarios la piensan como un modo de rodear a la clase obrera en su lucha antimperialista, y  la dirección encabezada por Codovilla ha practicado una política seguidista hacia fracciones de la burguesía que se alineaban con los Aliados más por su subordinación al imperialismo inglés que por un antifascismo consecuente.

Es desde esta perspectiva que pretenden resaltar lo perjudicial que ha sido para los comunistas, y para la misma causa de la revolución democrática burguesa que todos declaran auspiciar, el debilitamiento del compromiso comunista con la lucha económica y social de los trabajadores.

Los testimonios recogidos sobre la verdadera actitud de los comunistas ante el conflicto social son muy contradictorios.[33] Por un lado se reconoce que la presión de la dirección del partido es fundamental en la errática actitud de José Peter, dirigente de los trabajadores de los frigoríficos que encarcelado en 1943 debe ser liberado por la presión obrera para luego perder el sindicato a manos de Cipriano Reyes en razón de la falta de apoyo a un paro obrero; pero por el otro se afirma[34] que los militantes comunistas de base habían seguido luchando por las reivindicaciones obreras a pesar de la represión sistemática que se ejercía sobre ellos y el consecuente debilitamiento de la capacidad de iniciativa política que esta represión producía.

Posiblemente haya sido una mezcla de ambas actitudes pero con mayor repercusión publica de la actitud de los dirigentes.  Como muestra veamos un reportaje[35] de agosto de 1945 a Alba Tamayo, dirigente del Sindicato Obreros Industria Metalúrgica, de gran participación en la  huelga metalúrgica de 1942 .

“.P. ¿Cree Usted, camarada Tamayo, que habrá necesidad de huelgas para que los patrones den el aumento solicitado por el gremio?”

“R. En verdad, no se lo que piensan los patrones. Nosotros estamos empeñados en entendernos amistosamente, pacíficamente, cordialmente con los patrones.  Tenemos confianza que los patrones comprenderán la justeza de la reclamación obrera.  Dada nuestra posición públicamente conocida en defensa del desarrollo industrial del país; nuestra posición combativa en pro de la democracia y de relaciones amistosas con las Naciones Unidas para que nuestras Industrias pudieran recibir las Materias Primas necesarias para continuar la producción, nos acredita como organización seria, responsable, independiente y progresista.  Por esa razón esperamos entendernos con los patrones y llegar a formar comisiones mixtas……..  En el nuevo periodo histórico que vivimos debe existir mutua comprensión entre el capital y el trabajo.”

Durante la década del ’30, los comunistas habían jugado un papel decisivo en algunos de los principales combates de clase: en la huelgas que libraron los trabajadores de la carne (1932), los petroleros de Comodoro Rivadavia (1932), los trabajadores de la madera (1934) y la gran huelga de la construcción (1935/36) que fueron enfrentadas a sangre y fuego por la dictadura de Justo y sus continuadores. Rufino Gómez (petrolero), José Peter (carne), Vicente Marischi (madera), Fioravanti, Chiaranti y Burgas  (construcción) eran parte de una nueva camada de dirigentes obreros  comunistas reconocidos ampliamente por los trabajadores y temidos por el poder.

El General Sosa Molina, explicando las causas del golpe de 1943 conducido por una logia militar (el GOU) de la que formaba parte Perón relataba así su visión del 1º de mayo de 1942: “Una enorme multitud con banderas rojas al frente, con los puños en alto y cantando La Internacional, presagiaba horas verdaderamente trágicas para la República.  Las FF.AA. no podían permanecer indiferentes.  La revolución del cuatro de junio tiende a anticiparse a los acontecimientos”[36].

Pero solo dos años más tarde la situación ha cambiado rotundamente.  Los acontecimientos del 31 de octubre de 1944 echan suficiente luz sobre dicha mutación.

Creyendo que conservaban las posiciones de conducción que espantaban al General Sosa Molina, la dirección del partido convocó a un paro general al que se lo imaginaba como el comienzo de un proceso insurreccional que debía terminar derrotando a la dictadura del G.O.U..  Para dicho objetivo se habían hecho conversaciones con militares “democráticos” que habían prometido su apoyo.

Ni lo uno ni lo otro. Ni se pudo concretar el Paro, ni tampoco aparecieron los militares “democráticos”. La dirección partidaria explicó el fracaso de la jornada por  la represión ejercida por el gobierno militar;  pero, se supone, que una huelga general con apoyo militar justamente se hace para superar la capacidad de represión del enemigo.  Aunque en el Esbozo de Historia se subestima el fracaso de la huelga[37], algunos de los testimonios[38]coinciden en que los sucesos de aquella fallida huelga estaban marcando ya un cambio sustancial en la correlación de fuerzas real en el movimiento obrero en prejuicio de los comunistas que ya no son lo que eran antes del golpe de ’43, pero la señal, como tantas otras, fue desoída por la dirección del Partido Comunista.

Cinco. La caracterización del gobierno peronista

Los ferroviarios acuerdan con la Tesis en que las fuerzas del gobierno “representan en lo esencial los intereses de la burguesía industrial, financiera, agraria y comercial”.  Esto significa –razonan- que, en alguna medida, la oligarquía terrateniente y financiera ha cedido paso en el poder político a una nueva fuerza, cuyo desarrollo los comunistas no apreciamos debidamente[39].

También acuerdan con la Tesis  en que ….”la burguesía argentina, que ha adquirido noción de su crecimiento y gravitación en la vida económica nacional, exige la realización de ciertos cambios en la estructura económica del país que le permitan no sólo mantener esa gravitación, sino acrecentarla. Ante la posibilidad de que se reanude la importación en gran escala de productos industriales extranjeros….los industriales nacionales, impulsan al gobierno a tomar medidas que los libre de ese peligro y a ampliar el mercado interior.  A causa de eso, los intereses de la burguesía industrial van entrando en conflicto con los intereses tradicionales de la oligarquía agropecuaria y comercial……Este conflicto de intereses predispone a ciertos sectores de la burguesía industrial a apoyar medidas gubernamentales de carácter reformista[40]

Y especialmente coinciden en que “la diferencia entre esta nueva correlación de fuerzas y las anteriores, residirá en el hecho de que en lugar de ser la oligarquía terrateniente quien tenga la hegemonía será la burguesía quien la tendrá…”[41], pero si esto es así, dicen los ferroviarios, habría que reconocer el error de apreciación cometido en la Conferencia Nacional de 1945 en que se señaló “que entre otras las fuerzas en que se apoyaba el peronismo son: …5) Los elementos más reaccionarios de la oligarquía latifundista, especuladores y usureros, el fresquismo profacista y ciertos sectores oligárquicos de las provincias más atrasadas desde el punto de vista económico..”[42] y sus consecuencias políticas: “La consigna que de la misma salió, “naziperonismo”, es un gran factor en la acentuación de la división en dos sectores, que se hizo sentir particularmente en el movimiento obrero y nos impidió, como hemos dicho, diferenciar las fuerzas progresistas y populares de ese sector.” [43]

“Pero, por sobre todo, concluyen los ferroviarios, la Conferencia Nacional[44] –que desde el punto de vista del Partido no realizó autocrítica en la medida de lo necesario- siguió sin ver la puja interimperialista en el continente….Tampoco analizó la situación de división del movimiento sindical y la realización de la unidad obrera en una sola central sindical…En este aspecto, al analizar las deficiencias de la Unión Democrática encontró que era “incompleta” porque estaban ausentes de la misma los conservadores, pero no vio que el problema de fondo era la presencia de la clase obrera unida y como fuerza principal de dirección del movimiento de unión nacional encaminado a la realización de la revolución agraria antiimperialista”[45]

En realidad, los ferroviarios le recriminan a la dirección falta de consecuencia en el razonamiento: si se trata de impulsar una revolución democrática burguesa para completar el desarrollo capitalista: si el peronismo resulta ser un proyecto político donde vienen teniendo hegemonía los sectores más vinculados a la burguesía industrial, financiera, agraria y comercial interesados en un cierto desarrollo independiente del capitalismo; si ahora se reconoce que las fronteras entre la Unión Democrática y la Alianza que llevó a Perón a la presidencia no son justamente entre revolucionarios y reaccionarios, sino que al interior de ambos agrupamientos hay fuerzas progresistas y conservadoras; si se propone una política de apoyar lo positivo y combatir lo negativo del nuevo gobierno como un modo de reagrupar correctamente las fuerzas; ¿por qué no reconocer que lo que se está proponiendo es una modificación de una política errónea y no una mera adaptación a los cambios habidos? ¿por qué no considerar aliados a los sectores interesados en los cambios orientados a ampliar el mercado interno, desarrollar la industria nacional y fortalecer el papel del Estado en la economía nacional? ¿por qué no comprometerse en la búsqueda de la conquista de la hegemonía para la clase obrera en el referido frente por la revolución democrática burguesa con todos los sectores dispuestos a ello?

Este despertar de la conciencia antimperialista y antioligarquica de los pueblos no responde solamente  a deseos.  Este despertar es producto del crecimiento experimentado por las fuerzas interesadas en el desarrollo de la revolución democrática-burguesa en América Latina, crecimiento grandemente acrecentado en el transcurso de guerra contra el hitlerismo.  El crecimiento experimentado durante este periodo por el proletariado, la burguesía y pequeño-burguesía industrial, no fue debidamente apreciado por nuestro partido…..Por todo esto, opinamos que hay que dejar establecido con toda claridad que los cambios operados en nuestra línea política y táctica no sólo se deben a cambios operados en la situación internacional y nacional -que nuestro partido no percibió-, sino que son fundamentalmente, la rectificación hecha con retraso de una línea política y táctica ajustada a una época superada por los acontecimientos”[46]

Y luego de analizar los cambios económico / sociales afirman que “estas cifras representan el crecimiento objetivo de una nueva fuerza en el país, realidad que tiene su expresión en la creciente combatividad de las masas obreras y populares, cuyo nivel político y sindical se halla en constante ascenso, y en la aparición de una burguesía y pequeña burguesía industrial y comercial que busca su ubicación en el panorama nacional en concordancia con su creciente potencialidad”[47]

Una nueva realidad social y política que había sido advertida por el dirigente comunista Ernesto Giudice ya en 1940 al analizar el crecimiento de grupos nacionalistas anti-ingleses: “La lucha contra el imperialismo extranjero puede llevar, en países más atrasados que la Argentina, al primer plano a sectores o partidos no democráticos,  productos de un medio de incipiente democracia. Eso no es lo fundamental, ni una democracia perfecta ha de exigirse previamente en la lucha contra el imperialismo, puesto que donde domina el imperialismo, la democracia se ve postergada, trabada, deformada.  Hay que actuar con lo que se tiene, no con lo que se desea y no se tiene.  Puesta en movimiento la lucha liberadora, lo políticamente revolucionario será barrido por la democracia que florecerá juntamente con los ascensos del movimiento y la aparición de fuerzas nuevas, jóvenes, progresistas y revolucionarias.

Esto lo remarcamos porque repetidas veces hemos visto a  quienes, desde Buenos Aires, con cierto alarde de aristocratismo político, juzgan con desdén a movimientos populares de esencia progresista aunque, por natural gravitación de su medio, se traduzcan en luchas caudillezcas carentes de pureza principista o democrática……Es menester no dejarse engañar ni por el atraso de las masas ni por la apariencia antidemocrática de su movimiento antimperialista”.

El imperialismo puede dominar oculto tras el manto de la democracia. Pero la democracia no es una cuestión de forma sino de contenido; reside en lo que se aspira, en lo que se construye, en las fuerzas puestas en movimiento”[48]

Parecía que estaba preanunciando el 17 de Octubre del ’45, y sin embargo el mismo Ernesto Giudice es el director del semanario comunista Orientación que en el editorial del 24 de octubre en que se analiza aquella jornada escribe lo siguiente[49]: “la recuperación par parte del peronismo, de algunas posiciones, mientras perdía otras, se vio favorecida por la incomprensión de algunos patrones…Si Perón contó con algún aporte obrero en sus actos últimos se debió a la actitud cerril de esos patrones negándose a pagar los jornales del  12 de Octubre.  La demagogia peronista se vio así posibilitada.  Con esto el peronismo logró engañar a algunos sectores de la clase obrera, pequeños por cierto, en especial a jóvenes y mujeres recientemente incorporados a la producción y del interior, a quienes no había llegado la predica democrática por la represión del movimiento obrero y popular.  Estos sectores engañados de la clase obrera fueron en realidad dirigidos por el malevaje peronista que repitiendo oscuros designios de la época de Rosas y remedando lo ocurrido en los orígenes del fascismo en Italia y Alemania. El peronismo pudo hacer todo esto por efectos de su demagogia durante dos años y medio de dictaduras y por la presión del Estado lleno de elementos nazi peronistas”.

Una vez más, los intentos de pensar la realidad con cabeza propia habían sido reemplazados por  el recurso fácil de la justificación de la adversidad propia por la acción del enemigo.

La represión y la demagogia, presentados como los pilares de un verdadero gobierno nazi, son las causas que se  exhiben para explicar lo que no encaja en la realidad construida en los congresos y debates; en vez de preocuparse por modificar el error que impidió percibir la realidad tal como es, se altera la realidad para que entre en los esquemas previos[50].

Y al que advierte la necesidad de revisar lo actuado, el mote de conspirador y agente del enemigo.

Seis. Para reconocer el enemigo: prestar atención al que crítica

El informe de la Comisión de Control es un ejemplo patético de dicho mecanismo de evasión de la realidad.  Se arranca con un enunciado de objetivos que es casi una confesión del espíritu con que se aborda la discusión propuesta por la célula ferroviaria: “Nos proponemos demostrar que estamos frente a una conspiración urdida por el enemigo contra nuestro Partido”[51]

En política, cabe distinguir dos tipos de provocaciones contra el partido. La brutal provocación policial, que se propone descubrir las actividades del Partido para poder golpearlo con  fuerza, método que el enemigo aplica preferentemente en tiempos de franca reacción y de ilegalidad.  Y la que se propone deformar su línea política, es decir la provocación política, más sutil y por eso mismo más  peligrosa”[52]

La maniobra discursiva es transparente: primero se afirma el carácter proletario y revolucionario del partido, luego su dominio de la ideología científica del proletariado y por ende, la justeza de la línea: luego, para explicar los pobres resultados conseguidos, se afirma que su aplicación ha sido saboteada por elementos infiltrados por el enemigo de clase. Así cualquier crítica puede ser descalificada como una provocación, la semejanza con los procederes stalinistas represivos son más que evidentes.

Pero, podría preguntar el lector, ¿como reconocer cuando una crítica proviene de un infiltrado?  Muy fácil, le responde la Comisión: “la mano enemiga en el interior del Partido, toma los problemas reales, para deformarlos, aumentar exageradamente sus proporciones y por esta vía pasar su contrabando político”[53]

Pero, podría insistir un lector preguntón,  ¿cómo congeniar esta acción de infiltración de una ideología extraña a la clase, con el hecho de que los que discuten son empleados, obreros y maquinistas del ferrocarril?, podría insistir el lector.  La Comisión tiene respuesta para todo: “¿Es acaso una casualidad, que como base de operaciones hayan tomado una célula ferroviaria?  Es una treta vieja, que no podía engañarnos  compañeros” para luego de descalificar la importancia de la célula del FF.CC. Sud “no es ni de lejos la más importante” y de su dirigente “¿Es que Mac Lennan, por su trabajo actual y por su mentalidad es un proletario típico?” para finalmente `poner de relieve la maniobra del enemigo: “La treta consiste en hacer pasar una ideología antiproletaria, a través de elementos obreros”[54]

Si las criticas la hacen militantes de origen no proletario, intelectuales por ejemplo, será descalificada de arranque por el origen social de los que critican; y si son obreros ferroviarios los que quieren polemizar, se afirma que es una treta perversa la de querer promover una ideología antiproletaria por medio de obreros.

Y ni siquiera se admite el debate en un proceso congresal: “La democracia en nuestra organización no es equivalente a la posibilidad de discutir cualquier cosa en cualquier momento, a la posibilidad de que en el Congreso puedan someterse dos líneas, la elaborada por el CC con la participación de todo el partido y las Plataformas de  grupos fracciónales.  Si así fuese, la noción del Partido de vanguardia, se  esfumaría; el Partido se fraccionaría, perdería su unidad interior, su eficacia, se transformaría en un partido del tipo social demócrata que puede ser traído y llevado a piacere”[55]

En vano los ferroviarios han llenado su folleto de citas de Lenin, Duclos y Dimitrov en respaldo de la más amplia discusión.  Seguramente que esas ideas también les habían sido infiltradas por el enemigo, pensarían los miembros de la Comisión de Control.

¿Cómo explicar tanta cerrazón al debate, tanta obstinación en la defensa de la supuesta pureza doctrinaria?.

Seguro que en la insuficiente formación teórica de los fundadores y dirigentes del Partido Comunista, pero también -y en grado importante- en la presión de la Internacional Comunista y el propio Stalin quienes habían hecho de la teoría conspirativa uno de los ejes de su  concepción de la historia.

En 1932, José Stalin había remitido una carta a la redacción de la revista “La Revolución Proletaria”, que el Bureau Sudamericano de la Internacional Comunista reproduce en un folleto titulado “La lucha por el leninismo en América Latina” donde afirma  sin rubor que en el marxismo existen cuestiones que son indiscutibles: “….quieren transformar la cuestión del bolchevismo de Lenin, una vez más, de un axioma[56] en un problema que necesita más investigaciones científicas”[57] olvidando (¿alguna vez lo habrá sabido?) aquella afirmación de Carlos Marx que defendía la necesidad de un pensamiento crítico que no se detenga ante nada, ni siquiera ante si mismo.

En el folleto citado se alerta sobre la débil “vigilancia revolucionaria” que caracterizaba a los partidos comunistas de la región: “En los partidos de América del Sud, la lucha ideológica contra nuestros adversarios y su influencia sobre nuestros partidos, contra las desviaciones en el seno de los mismos es muy débil….”[58].y se recuerda que “El compañero Stalin, en su ya mencionada carta, explica con toda claridad como el trotskismo no es ya un grupo centrista que vacila entre el menchevismo y el bolchevismo, sirviendo al primero, si no que “es la vanguardia de la burguesía contrarrevolucionaria….Es por eso –agrega- que el liberalismo hacia el trotskismo, aún derrotado y disfrazado, es una tontería que se vincula con el crimen, con la traición a la clase trabajadora”[59]

Con tales “consejos teóricos” se entiende el particular prejuicio que había contra todo lo que sonara (o los inquisidores creían que sonaba) a trotskismo, no importa que el acusado niegue toda vinculación con ellos. El procedimiento consistía en encontrar algún parecido entre lo sostenido por los supuestos trotskistas, en este caso los periódicos “Frente Obrero” -orientado por Nahuel Moreno-,  “Octubre” –donde participaba Abelardo Ramos- y “Bandera Roja” que agrupaba a ex militantes comunistas, y lo que sostienen los acusados (en este caso la célula ferroviaria).

Citan de la revista Octubre: “Pudo más, para obligar a Perón a democratizarse, sus propias dificultades objetivas y la presión exterior de la combatividad poco convincente de la democracia burguesa y pequeño burguesa”[60] lo que merece los siguientes comentarios de la Comisión de Control: “(Un mes después Puiggros daría su versión de esta formulación trotskista: “La legalidad nos vino de arriba”.  Por supuesto que en esta revista se ataca la política de la Unidad Democrática, apoyada por nuestro partido.  Es conveniente recordar estas formulaciones, que veremos aparecer algunos meses después en la Plataforma fraccional.  Esto no puede ser considerado como una mera coincidencia”.[61]

Con lo que se considera demostrado de un modo inobjetable nada menos que: a) son los trotskistas los verdaderos inspiradores del posicionamiento de los ferroviarios, b) algo tienen que ver con el recién expulsado Rodolfo Puiggros, y c) todo indica que estamos frente a una conspiración tal como se había afirmado en la pagina uno del informe de la Comisión de Disciplina “estamos frente a una conspiración urdida por el enemigo contra nuestro Partido” y se obtiene el siempre interesante efecto de la profecía auto cumplida.

Siete. El legado de aquellos ferroviarios

Separados del Partido, los ferroviarios aceptan la propuesta de Rodolfo Puiggros de constituir un Movimiento Pro Congreso Extraordinario del Partido Comunista Argentino, objetivo que concretan en agosto de 1947.

Cuando ese congreso ya no podía esperarse, en enero de 1949, cambian el nombre por el de Movimiento Obrero Comunista que desplegaría una labor convergente con los sectores más combativos del peronismo

Pero todavía en 1950 suscriben junto  a Puiggros una conmovedora carta donde solicitan la reafiliación partidaria: “Fuera del Partido Comunista no hay ni podrá haber ninguna fuerza política que cumpla las tareas que esbozamos.  Las expulsiones de que fuimos objeto no han modificado en lo más mínimo nuestra voluntad de lucha y nuestra confianza absoluta en los principios del comunismo.  Toda nuestra actividad durante cuatro años se ha orientado al logro del objetivo que exponemos en esta carta.  El Partido superó sus crisis del pasado a través de la autocrítica y se convertirá ahora en el instrumento de la liberación nacional, de la paz, del antimperialismo y de la lucha por el socialismo, también a través de la autocrítica.  Esta certidumbre nos anima a dirigirles estas líneas en las cuales va implícita nuestra decisión de incorporarnos orgánicamente al Partido, acatando sin reservas la línea política, la disciplina y la organización que surja de la amplia autocrítica que proponemos en la cual nos sentimos incluidos”[62]

Después de todo lo ocurrido y de todo lo escrito, ¿cuáles son las razones que los mueven a pedir reingresar al Partido Comunista? ¿Sólo una cuestión afectiva, la fuerza de una identidad que resurgía con fuerza en medio de la Guerra Fría y la histeria anticomunista que Mc Carthy impulsaba desde los EE.UU.?

Seguro que todo eso debió haber jugado, pero preferimos pensar en términos políticos: “Fuera del Partido Comunista no hay ni podrá haber ninguna fuerza política que cumpla las tareas que esbozamos” proclaman asumiendo que su búsqueda es la de constituir la izquierda como un protagonista autónomo en la fluida situación política de los primeros años del gobierno peronista.

Sería oportunista adjudicar a aquellos ferroviarios, ya constituidos en el Movimiento Obrero Comunista, la política que uno considera hubiera sido la más efectiva, pero creo que es evidente que en medio de las confusiones, las búsquedas y los yerros, había voluntad de abrir paso a un proyecto de convergencia entre el comunismo y los sectores más avanzados del peronismo.  Pero que ese proceso de convergencia requería de la constitución de una fuerza, y que ello era imposible sin el Partido Comunista.

No se trataba solo de constituir un discurso, había que disponer de una fuerza material que luchara por hacerlo acción política para que incidiera en la lucha de clases real; resignados a carecer de ella (por la cerrada negativa del partido a abrir las discusiones por ellos requeridas) la dinámica de los acontecimientos, su propia debilidad, y acaso, el despecho por la hostilidad y la descalificación permanente[63] se irían integrando en el peronismo hasta diluirse totalmente en la Resistencia Peronista luego del golpe gorila de 1955.

El Partido Comunista, por su parte buscó reacomodarse a la nueva situación, pero como habían alertado los ferroviarios en mayo del ‘46 “por debajo de las conclusiones justas del XI Congreso prevalecían las viejas deformaciones de la línea comunista” que reaparecerían una y otra vez a lo largo de la historia.

La perdida del arraigo obrero agravó todos los problemas y potenció las tendencias a actuar como fuerza de apoyo de alguna fracción “progresista”, “nacionalista” o “democrática” de la burguesía que supo aprovechar hábilmente esta debilidad para dificultar el surgimiento de esa alternativa política revolucionaria que nunca llegó a constituirse

Separado de la base social que pretendía representar, empecinado en abrir paso a una revolución democrática burguesa que la burguesía nacional no tenía interés en abordar, aferrado cada vez más a la autoproclamación de vanguardia que le apartaba de las otras fuerzas revolucionarias, dilapidó como pocos la lucha y el heroísmo de una militancia que una y otra vez insistió en combatir el capital y soñar con el socialismo.

Cuarenta años pasados de la expulsión de aquellos ferroviarios que pretendían extirpar el browderismo y el autoritarismo del partido, en 1985 el XVI Congreso de los comunistas argentinos comenzó un proceso de virajes que llevó –como pedía Ernesto Giudice en su dramática “Carta a mis camaradas[64]- la estrategia del frente democrático nacional al rincón de los objetos inútiles para la revolución.

Y con ese acto se rendía el mejor de los homenajes a todos los que bregaron  para que el Partido Comunista sea una fuerza apta para aportar a construir en la Argentina la alternativa revolucionaria del pueblo, entre ellos los ferroviarios del FF.CC. Sud de 1946 a los que hoy queremos reivindicar con este trabajo.

José Ernesto Schulman

Rosario, 15 de abril de 2001


[1] Editorial del periódico comunista Orientación del 24/10/45. Número 310, pagina 1.

 

[2] editado por Editorial Anteo en 1948, no incluye el nombre del autor.

[3] “El partido Comunista”, editada por Centro Editor de América Latina para la Biblioteca Política Argentina. Volumen 6.

[4] Aunque Mariátegui no pudo asistir por razones de salud, la tesis presentada por el P. Comunista  Peruano a la Primera Conferencia de PP.CC. realizada en Montevideo en 1929 contrastaba con la defendida por la delegación argentina y el Secretariado de la Internacional Comunista. para América Latina del que formaba parte Victorio Codovilla, de la dirección del P.C.  Argentino

[5]El avance de la sociedad sigue en su conjunto una línea ascendente: es un movimiento de progreso que va de las formas inferiores a las superiores.  Así lo deduce la teoría marxista del análisis científico del proceso histórico, apoyándose no en deseos y esperanzas subjetivas, sino en criterios estrictamente objetivos que permiten juzgar qué tipo de sociedad y que época de su desarrollo son más progresivos”del Manual de Marxismo Leninismo de Otto V. Kuusinen y otros, 2º ed. Buenos Aires, Editorial Fundamentos, 1964, pag. 187  citado por Rodolfo Ghioldi en su respuesta a un cuestionario sobre “Qué es lo progresista en la historia argentina” reproducido en la revista Cuadernos de Historia Nº 9 editada por el Centro de Estudios Manuel Belgrano, pagina 6, de diciembre de 1985.

[6] Saúl Cascallar testimonia que después del ’46 el partido sufrió un golpe terrible “no fue tan grave como la caída de la URSS  o el intento de disolución que pretendía Chacho Alvarez y sus alcahuetes internos, pero el fracaso del partido –para el cual no estábamos preparados porque nosotros creíamos que  después del triunfo de la URSS en la guerra venía nuestro turno.  Berlín capitula el 7 de mayo del ´45, y nosotros estábamos convencidos de que éramos triunfadores, estábamos seguros de la justeza de la línea y de que esta alianza de la Unión Democrática era el camino al socialismo, y cuando se produce la elección se nos derrumba todo, fue un golpe terrible sobre todo porque no estábamos preparados para este impacto.  estábamos triunfalistas, más no solo estábamos triunfalistas, sino que si vos llegabas a opinar que las masas obreras pueden estar con Perón te costaba una discusión o ser calificado de derrotista y de, falta de confianza en la masa.

[7] Según la Comisión de Disciplina, con la legalidad reconquistada: “Se abrieron locales, se editó la prensa, se levantó la casa, se multiplicó la propaganda.  La discusión anarquizada, que se desarrolló al margen de las normas del Partido, tendía a frenar el trabajo. El C.E., con toda razón, puso fin a este estado de cosas, y convocó la Conferencia Nacional del 22 de diciembre de 1945”. Informe de la Comisión de Disciplina sobre el Caso Mac Lennan. Original escrito a maquina depositado en los Archivos del Partido Comunista. inciso IV pagina 12. Con el mismo espíritu de contener los debates se procedió luego del 24 de febrero de 1946.

[8] La verdadera posición de los ferroviarios comunistas de Buenos Aires, F. C. Sud. folleto editado por los autores en febrero de 1947. Sin pie de imprenta.  pagina 5

[9]. Informe de la Comisión de Disciplina sobre el Caso Mac Lennan. Original escrito a maquina depositado en los Archivos del Partido Comunista .inciso I. pagina 1.  El material no lleva firmas ni explicación de los componentes de la Comisión, según Saúl Cascallar en la Comisión estaban Normando Iscaro, Italo P. Grassi, Francisco Muñoz Diez y su trabajo era supervisado por el secretario de organización, Juan José Real.

[10] del folleto citado, pagina 8

[11] ibidem, pagina 27

[12] del Informe de la Comisión de Disciplina citado, inciso I, pagina 6

[13] folleto ya citado, pagina 11

[14] El siglo XX, Eric Hobswan

[15] ibídem

[16] del folleto citado, pagina 13

[17] del folleto citado, paginas 15 y 16

[18] del folleto citado, pagina 25

[19] que existió y no convine subestimar tanto en los efectos prácticos sobre la efectividad de la actividad comunista como en el impacto sobre la subjetividad de la militancia que veía demasiados aspectos “parecidos” a los ocurridos en el periodo de ascenso del fascismo en Europa.  Los comunistas poblaron por centenares las cárceles de todo el país  llegando a haber más de dos mil quinientos comunistas presos al mismo tiempo, la mayoría de sus dirigentes tuvo que exiliarse o fue exonerado a recónditos lugares y solo como un modesto homenaje a su memoria convocamos la lista de los comunistas asesinados por la Sección Especial de Lucha contra el comunismo en aquellos años: Ricardo M. Salas, Ramón Bravo, Mauricio Gleizer, Alfredo García, Ramón Fernández, Leonor Cuareta, Ramón Sdev, Juan Patuzock, Rubén Natarevich, Ramón Bertrán, Antonio Reche, Aurelio Gutiérrez, Miguel Hamui y Alberto Tchira, los cuatro últimos ya con Perón de presidente. Esbozo de historia del Partido Comunista. Ed. Anteo 1948, pagina 112.

[20] Esbozo de historia del Partido Comunista. Ed. Anteo 1948, pagina 140

[21] del informe de la Comisión de disciplina, inciso VIII, pagina 31

[22] del informe de la Comisión de Disciplina, inciso VIII, pagina 31

[23] Notas sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el Estado Moderno, Antonio Gramsci, Ed. Lautaro, Buenos Aires, 1962

[24] Punto de vista antimperialista. José Carlos Mariátegui. Obras. Tomo 2. pag. 187. Casa de las Américas. Cuba

[25] citado por Antonio Santucci en su obra Gramsci, Prima edizione: ottobre 1996, Newton & Compton editori,

Roma, pagina 9 en la que se hace referencia a HUMBERT-DROZ, « Quelques problèmes du mouvement révolutionnaire de l’Amérique latine » (deuxième partie),  in L’Internationale Communiste, Année X, n°17, 15 août 1928, p. 119.

[26] Punto de vista antimperialista Punto de vista antimperialista. José Carlos Mariátegui. Obras. Tomo 2. pag. 187. Casa de las Américas. Cuba

[27] ibidem. pag. 190.

[28] ibidem. pag. 190

[29] Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana.  El problema de la tierra. José Carlos Mariátegui. Obras. Tomo 1. pag. 90. Casa de las Américas. Cuba

[30] Punto de vista antimperialista. José Carlos Mariátegui. Obras. Tomo 2. pag. 187. Casa de las Américas. Cuba

[31] de la conferencia del autor en el Archivo General de la Nación sobre “El viraje del Partido Comunista” en el ciclo “Los partidos políticos y la historia argentina” el día 25 de octubre de 2000 publicado en el semanario Propuesta

[32] Carta a mis camaradas. Ernesto Giudice. Granica Editor. 1974. pagina 206

[33] la cuestión es lo suficientemente compleja para ameritar una investigación por separado del problema dado la importancia de su esclarecimiento

[34] tanto Giolitto, como Cascallar, como Israel coinciden en inclinarse por la versión de que la militancia privilegiaba la lucha sindical y poco conocía de los discursos de sus dirigentes.  Como en tantos otros casos de testimonios de los protagonistas se debe considerar lo subjetivo de su testimonio y se impone una investigación en regla.

[35] Semanario Orientación, edición del  20 de agosto de 1945, pagina 4.

[36] Perón y la segunda guerra mundial.  Héctor Agosti

[37]El gobierno movilizó todas las fuerzas para impedir el éxito de la huelga y sofocarla.  Buenos Aires y los principales centros fueron ocupados militarmente desde la víspera de la huelga.  A causa de ello y de ciertas fallas de organización de parte del Comité de Huelga, si bien la inmensa mayoría de los obreros manifestaron su voluntad de participar en la huelga (sic) no pudieron hacerlo.  Por eso la huelga fue parcial. Esbozo de Historia del Partido Comunista. Editorial Anteo. 1948. pagina 112

[38] Enrique Israel estaba preso y fue alertado de que debía prepararse para las repercusiones de la huelga.  Grande fue su sorpresa cuando las visitas llegaron sin problemas como muestra de la tranquilidad de la jornada.  Giolitto cuenta que el partido había desplegado un importante dispositivo combativo con fuerzas propias, pero que los trabajadores desoyeron la convocatoria.  Cascallar coincide en esas apreciaciones.

[39] folleto citado, pagina 55

[40] ibidem, pagina 57

[41] ibidem, pagina 58/59

[42] ibidem, pagina 59

[43] ibidem, pagina 60

[44] se refieren a la realizada en noviembre de 1945, antes de las elecciones

[45] ibidem, pagina 60

[46] del folleto citado, pagina 48

[47] ibidem, pagina 50

[48] Imperialismo inglés y liberación nacional. La Argentina y la guerra. (Editorial Problemas, Buenos Aires, 1940) citado en la Carta a mis camaradas del mismo Ernesto Giudice.  Granica editor. 1973. pagina 44

[49] Editorial del periódico comunista Orientación del 24/10/45. Número 310, pagina 1.

[50] sin llegar al extremo del caso de la célula ferroviaria que estamos analizando, Saúl Cascallar relata que pocos días antes de las elecciones del 24 de febrero, Victorio Codovilla visitó el local partidario de su barrio.  En el encuentro, un compañero se animó a comentar que en la fabrica vecina a su trabajo los obreros manifestaban abiertamente sus simpatías hacia Perón.  Al finalizar la reunión la dirección del barrio citó al compañero para amonestarlo por haber exteriorizado tales manifestaciones de su derrotismo delante del mismo Codovilla, cuestión que los hacía quedar mal a ellos mismos.  Producido el resultado adverso, Cantoni y Moretti, secretario de la Capital y responsable agrario del partido, fueron despromovidos por haber pecado de exitistas. Una vez más se elegía la formula de encontrar un chivo expiatorio para  disimular los errores propios

[51] Informe de la Comisión de Disciplina, inciso I, pagina 1

[52] ibidem, inciso II, pagina 3

[53] ibidem, inciso III, pagina 4

[54] ibidem, inciso III, pagina 5

[55] folleto citado, agregado a la pagina 6 del inciso III

[56] axioma: proposición que es tan notoria que no necesita demostración. Diccionario Clarín

[57] La lucha por el leninismo en América Latina, edición del Bureau Sudamericano de la Internacional Comunista, 1932. pagina4

[58] ibidem, pagina 15

[59] ibidem, pagina 27

[60] Informe de la Comisión de disciplina, inciso IV, pagina 13

[61] ibidem, inciso IV, pagina 13

62]Peronismo, nación y revolución en Rodolfo Puiggrós. Omar Acha.  El autor accedió al archivo familiar de Puiggros de donde recogió correspondencia inédita.  No está claro si la carta fue finalmente remitida.

[63] “Sobre nuestras cabezas llueven rayos y centellas. Los extremistas de izquierda nos acusan de habernos ‘vendido al peronismo’ por no sabemos qué plato de lentejas. Los extremistas de derecha nos acusan de ‘infiltrados’ en el peronismo para conducir al país a un sistema comunista. Y los dirigentes partidarios, incapaces de afrontar honradamente la polémica pública, nos tratan de réprobos, traidores, agentes de la policía y otras cosas por el estilo” Informe al Movimiento Obrero Comunista, mimeo, 23 de marzo de 1952, pp. 2-3. citado por Omar Acha en su trabajo Peronismo, nación y revolución en Rodolfo Puiggrós.

[64] Carta a mis camaradas, Ernesto Giudice, Granica editor. pagina 204