Mariátegui y los comunistas argentinos


En el final de la introducción a su obra cumbre, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, José Carlos Mariategui anotó lo siguiente: Otra vez repito que no soy un crítico imparcial y objetivo.  Mis juicios se nutren de mis ideales, de mis sentimientos, de mis pasiones. Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano.  Estoy lo más lejos posible de la técnica profesoral y del espíritu universitario.

Salvando las distancias, obvias y  comprensibles, yo también debo decir  que mis reflexiones sobre la vigencia del pensamiento mariateguista no son las de un profesor universitario o las de un historiador, sino las de un militante del Partido Comunista; y debo decir que el lugar desde donde pienso a Mariategui no es un lugar cómodo: se sabe que los dirigentes de nuestro partido de la época mantuvieron con Mariategui diferencias sustanciales en cuestiones de fondo, y que adoptaron el recurso de ignorarlo, como modo de callarlo.

Lo que se sabe menos, de lo que casi no se habla, es sobre la influencia decisiva que tuvo para los comunistas argentinos la recuperación del pensamiento mariateguista en el proceso de viraje, integral y rotundo, iniciado en el XVI Congreso, y que ahora nos proponemos consolidar con el 21º Congreso.

Es necesario comenzar por lo obvio, pero que demasiadas veces se deja de lado: Mariategui era un revolucionario marxista confeso que, por mero ejemplo,  escribió en la declaración de principios del Partido Socialista: La ideología que adoptamos es la del marxismo-leninismo militante y revolucionario, doctrina que aceptamos en todos sus aspectos: filosófico, político y económico.social. Los métodos que sostenemos y propugnamos son los del socialismo revolucionario y ortodoxo y que los debates que mantiene con el Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista, en el marco de la Conferencia de Buenos Aires de junio de 1929, a la que no puede asistir por razones de salud, es un debate entre pares: entre revolucionarios que buscan los mejores caminos para abrir paso a la revolución socialista.   ¿Qué es lo que se discutió entonces?: El carácter de la revolución en América Latina, las fuerzas que pueden abrirle paso, la cuestión indígena, el modo de organización del partido de los revolucionarios y la política de alianzas que se debe desplegar.  Mariategui presenta dos ponencias que, por la proximidad con su muerte,  pueden considerarse parte de su pensamiento más maduro y complemento armónico de los Siete Ensayos: uno es El problema de las razas en América Latina y el otro es Punto de Vista Antimperialista

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En la primera de ellas expone un balance lapidario sobre la colonización española y su supuesto “progreso” histórico: La colonización de la América Latina por la raza blanca no ha tenido en tanto, como es fácil probarlo, sino efectos retardatarios y deprimentes en la vida de las razas indígenas.  La evolución natural de éstas ha sido interrumpida por al opresión envilecedora del blanco y del mestizo para luego definir desde una visión clasista la cuestión: Llamamos problema indígena a la explotación feudal de los nativos en la gran propiedad agraria y denunciar el racismo de las clases propietarias: Los elementos feudales o burgueses, en nuestros países, sienten por los indios, como por los negros y mulatos, el mismo desprecio que los imperialistas blancos… La solidaridad de clase se suma a la solidaridad de raza o de prejuicio, para hacer de las burguesías nacionales instrumentos dóciles del imperialismo yanqui o británico. Y lejos de cualquier idealización del potencial revolucionario de los indios, aunque más lejos de la subestimación, afirma: Una conciencia revolucionaria indígena tardará quizás en formarse; pero una vez que el indio haya hecho suya la idea socialista, le servirá con una disciplina, una tenacidad y una fuerza, en la que pocos proletarios de otros medios podrán aventajarlo.

Por este enfoque sobre la cuestión indígena, y su valoración del comunismo primitivo de los incas,  va a ser acusado de romántico, en un sentido peyorativo; sin comprender que el romanticismo (la crítica anticapitalista a partir de valores pre/capitalistas) tiene una tradición revolucionaria en la que se inscriben los propios Marx y Engels en cuanto conciben el comunismo moderno como el restablecimiento –en nuevas condiciones- de ciertos rasgos de las comunidades primitivas.   Mucho se ha escrito de su anti/positivismo, que  mucho se explica por su uso como justificación –en nombre del progreso y la modernización- del sistema de dominación liberal burgués de Leguía (1919/1930) que él sufrió en carne propia durante casi toda su vida política activa, y en lucha contra el cual apeló a todas las armas disponibles incluidas algunas provistas por el idealismo de Bergson; pero conviene destacar también su perfil anti/ posibilista. Mariategui aplaude las palabras de Lenin: “peor para la realidad” en el sentido de no subordinarse a las correlaciones de fuerza impuestas por el desarrollo económico social.  Confía, para cambiarlas, en la fuerza moral de los revolucionarios; y su visión del papel del mito social es equiparable a la noción de factor subjetivo que años más tarde practicaría el Che.  Ambos valoran altamente la subjetividad como esfera de disputa del poder y como ámbito de construcción de fuerza revolucionaria.

Qué dice en su Punto de Vista antimperialista?: …las burguesías nacionales, que ven en la cooperación con el imperialismo la mejor fuente de provechos, se sienten lo bastante dueñas del poder político para no preocuparse seriamente de la soberanía nacional…y  por ello…no tienen ninguna predisposición a admitir la necesidad de luchar por la segunda independencia como sostenía el Apra de Haya de la Torre la Internacional Comunista y la delegación argentina encabezada por Codovilla y González Alberdi. Se niega a aceptar el tratamiento de Nuestra América con el molde de las colonias asiáticas o africanas como propone el Secretariado Sudamericano, por boca de Humbert Droz: Los países de América Latina, a pesar de su independencia política formal, son países semi-coloniales los cuales deben ser examinados del punto de vista de nuestra táctica en los países coloniales y semi-coloniales ” por lo  que el “el movimiento revolucionario en América Latina puede ser caracterizado como una revolución campesina y antiimperialista” y que en consecuencia “ entra en la categoría de lo que se ha convenido en llamar una revolución democrático burguesa .

Mariategui responde: Pretender que en esta capa social prenda un sentimiento de nacionalismo revolucionario, parecido al que en condiciones distintas representa un factor de lucha antiimperialista en los países semi-coloniales avasallados por el imperialismo en los últimos decenios en Asia, sería un grave error. Enfrenta decididamente la concepción de que hay que completar el desarrollo capitalista en América Latina: La creación de la pequeña propiedad , la expropiación de los latifundios, la liquidación de los privilegios feudales, no son contrarios  a los intereses del imperialismo, de un modo inmediato.  Por el contrario…que las viejas aristocracias se vean desplazadas por una burguesía y una pequeña burguesía más poderosa e influyente –y por lo mismo más apta para garantizar la paz social- nada de esto es contrario a los intereses del imperialismo. Y por ello, afirma “…nuestra misión es explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera”…y concluye con una síntesis brillante …somos antimperialistas porque somos marxistas, porque somos revolucionarios, porque oponemos al capitalismo el socialismo como sistema antagónico, llamado a sucederlo, porque en la lucha contra los imperialismo extranjeros cumplimos nuestros deberes de solidaridad con las masas revolucionarias de Europa.

Ahora bien,  y creo que esto es lo fundamental, ¿cómo es que se llega a conclusiones contrapuestas por parte de gente que se supone que tiene los mismos propósitos?

Porque Mariategui llega a las conclusiones expuestas después de estudiar apasionadamente la historia del Perú y la realidad económica, social y cultural de los explotados y humillados de su tierra (cuatro millones de indios sobre cinco millones de peruanos), analiza el sistema de dominación desde una perspectiva histórica y demuestra que la República (fruto de la Independencia) va a contener rasgos de continuidad del Virreinato y éste de la Conquista de América por la España colonialista: La revolución americana, en vez del conflicto entre la nobleza terrateniente y la burguesía comerciante, produjo en muchos casos su colaboración, ya por la impregnación de ideas liberales que acusaba la aristocracia, ya porque ésta en muchos casos no veía en esa revolución sino un movimiento de emancipación de la corona de España. Para él, el marxismo es una herramienta interpretativa y una guía para la acción transformadora

Humbert Droz, y  quienes lo apoyaban, recorren el camino inverso: trasladan un esquema supuestamente valido para los países asiáticos a un continente desconocido, para ellos el marxismo es una ideología omnipotente con respuestas para todo, aún para lo no estudiado. Algo así como un talismán.

El viraje de nuestro partido comenzó como critica de un hecho puntual: el apoyo a la formula del Partido Justicialista en las elecciones de 1983, culminación de una larga serie de actos de seguidismo a fracciones civiles o militares de la burguesía. Una vez roto el mito de la infalibilidad de las direcciones el debate fue abordando todos y cada uno de los problemas acumulados:  del análisis del hecho electoral a la táctica durante la dictadura militar, luego al debate sobre el peronismo y de allí al Congreso del ’29 para comprender que no se podía discutir la política sin poner en cuestión el modo de comprender el marxismo.   En cada uno de estos debates, la lectura de Mariategui fue decisiva en la comprensión del carácter de la revolución que madura en América Latina, socialista sin duda; en la descalificación de la vulgata del concepto de burguesía nacional que encadenado a la lucha por la revolución democrática burguesa y la subordinación de cada destacamento revolucionario nacional a la táctica de salvar el socialismo real nos llevó a la tragedia de la Unión Democrática en 1946; en la valoración del carácter especifico del desarrollo histórico de América Latina al que hemos calificado como el Continente de la Esperanza en 1990 cuando tantos abandonaban el campo de la revolución para subirse al carro de los supuestos vencedores; en la comprensión de que la lucha por la revolución se hace desde el corazón y los sentimientos; y acaso más que nada en esa lección extraordinaria del Mariategui que se para frente a la realidad y la mira como un desafío a transformar, nunca como un muro imposible de derribar.

El Mariategui que nosotros vemos vigente es  aquel nos dice que No queremos, ciertamente, que el Socialismo sea en América calco y copia.  Debe ser creación heroica.  Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano.  He aquí una misión digna de una generación nueva.

 

Valoración de Ernesto Giudice


Intervención en un panel de homenaje a Ernesto Giudice organizado por la revista Cuadernos Marxistas  y publicado en el número 10 de octubre de 2000

A mi parece que con las intervenciones que se han ido desplegando a lo largo del panel va quedando bastante claro, va apareciendo como una pintura de la tragedia de la izquierda argentina, la tragedia de Giudici, la tragedia de los revolucionarios argentinos.

Y yo, que ni soy filosofo como Nestor, ni compartí demasiado la militancia con Ernesto Giudici (por mi edad: era estudiantes secundario cuando él dirigía la comisión universitaria del partido) como Mario José, voy a intentar reflexionar desde lo que considero que es lo más importante que he hecho en mi vida: ser parte del esfuerzo militante por lograr hacer virar al Partido Comunista y lograr reubicarlo en la trayectoria, en la senda revolucionaria que señalaron los que lo fundaron, o mejor dicho, los que fundaron la tradición marxista revolucionaria en la Argentina.

Yo voy a tratar de arrancar de esto último que iba dejando Nestor, que es la renuncia de Ernesto Giudici al Partido Comunista, hace 26 años, casi en estos mismos días.

Como se contaba, en un gesto mínimo, Giudici renuncia al partido en el cual había pertenecido durante 40 años y envió una “Carta a mis camaradas”.

Y ahora, veinticinco años despues voy a hacer lo que debimos hacer entonces y no hicimos, voy a intentar responder a Ernesto.  Y quisiera que se interprete lo que voy a decir como un esfuerzo por responder aquella carta, que a mi se me ocurre que es una de las piezas políticas más dramáticas, uno de los textos revolucionarios argentinos donde más esta metido el cuerpo, y donde más esta metido el alma de un militante..

Es una carta que transmite angustia, transmite dolor, transmite la tragedia de no haber podido transformar el partido que él hubiera querido que fuera una herramienta revolucionaria, y en su Carta lo dice claramente.  El esfuerzo de su carta es para eso, es para que el Partido Comunista vuelva a ser eso que él pensaba que debía ser cuando se afilió en su juventud.

Carta a mis camaradas”  va a arrancar cuestionando la metodología de dominación que imperaba en el Partido Comunista, va discutir una posición política precisa, exacta, va luego  a cuestionar el enfoque estratégico más general y la línea política del partido.  Se va a preguntar por la historia, va a llegar a la conclusión que esa mirada histórica y esa línea política responden una determinada manera de comprender del marxismo, del marxismo va a ir a la ética revolucionaria, de la ética revolucionaria va a ir al proyecto de vida de un militante revolucionario y de eso va a volver a la metodología

Y esa secuencia que recorre implacablemente “Carta a mis camaradas” es la secuencia que recorrió de un modo apasionado, angustiado, impetuoso y desordenado la militancia del Partido Comunista, que en aquellos meses de  1985 iba a gestar uno de los principales acontecimientos en la vida del Partido Comunista desde su fundación, el viraje.

Es el esfuerzo proclamado, explícito, desde el Partido Comunista, de recuperar la esencialidad revolucionaria poniendo como había planteado Ernesto en su libro la cuestión del poder en el centro de la discusión.

En mi opinión el tema del poder recorre el pensamiento de Giudici en toda su obra y no solo cuestiona la mirada sobre el poder en aquellos momentos en que la lucha abierta por el poder se  pone de manifiesto, sino también va a cuestionar la mirada sobre el poder que se tiene en aquellos momentos grises de acumulación de fuerzas.

Giudici va a mencionar en su libro tres momentos de la historia argentina en que él considera que  las masas, el pueblo, la gente se predisponen a la lucha revolucionaria y va a cuestionar severamente que es en esas circunstancias en que  la dirección del Partido Comunista abandona las ideas que tenia hasta ese momento y abandona la lucha por el poder.

Puntualmente va a tomar lo de  1971  como una cuestión clave, y yo personalmente coincido con este enfoque porque el Partido Comunista había arrancado la dictadura de 1966 con un análisis que desde el punto de vista de clases era impecable.

El titulo del documento aprobado en el XIIIº Congreso del Partido Comunista es “Abatir la dictadura de los monopolios” y mucho más allá de contar anecdotas parciales que podrían dar la idea de un partido omnipotente en la lucha de clases, yo sí les podría contar en detalle como el Partido Comunista de la provincia de Santa Fe organizó prácticamente la marcha del hambre que se hizo de Villa Ocampo a Santa Fe que fue la primera lucha de masas contra la lucha de Onganía en enero del 1969,  insertándose en la crisis del azúcar que estaba estallando en Tucumán y en todo el resto de las regiones azucareras.

El tema es que esa política que había levantado al Partido Comunista, que llego a expresarse en una consigna táctica que aun recorre el mundo  y que no  era otra que  “Unamos nuestros brazos, por un argentinazo” es una consigna que precede a la del  “el pueblo unido jamás será vencido”, que paso a la historia grande del movimiento popular.

Con esto de las historia y de las contradicciones de las consignas también se podría hacer el seguimiento de los cambios en la línea política del partido.   “Unamos nuestros brazos, por un argentinazo” que era una consigna de abierto llamado a la lucha contra la dictadura, va a ir  desapareciendo en 1971, a raíz de un acontecimiento de política exterior,  que es el abrazo de Salvador Allende con Agustín Lanusse en Salta y alrededor del cual se elaboró un sofisticado discurso de “sacrificarnos” en aras del proceso chileno, de supuestos deberes internacionalistas que justificaban modificar la política del partido.

Se va a abandonar la política de impugnación abierta del Gran Acuerdo Nacional, se va a abandonar la política de sostenimiento de la lucha obrera y popular y de la insurrección y se va a pasar paulatinamente a las sucesivas adaptaciones de la línea hasta terminar  participando en el proceso electoral del modo más vergonzoso en la Alianza Popular Revolucionaria que ni siquiera aceptó la participación de los comunistas porque la Democracia Cristiana mantenía la justificación de la ley 17401 de prohibición de las actividades comunistas.

Giudici va a detenerse mucho en  reflexionar sobre el periodo 1943/45, período de surgimiento del peronismo en donde dice: acá el punto es ver que hay gente, que hay masas, que hay un nuevo sujeto social que irrumpe y al cual hay que prestarle atención por encima de las formas con que irrumpe en la política.

Hemos dicho ya que va detener 1971, y sobre todo como decía Nestor, se va a concentrar en las potencialidades que había generado la lucha de masas obrera y popular desplegada en la Argentina desde 1969 (y que llegarían a 1975), y que en ese momento (1973)  tenia todavía intacta sus potencialidades

Plantea que el debate debe concentrarse en acordar una táctica  que permita construir una fuerza (ese es el termino teórico, el concepto que incorpora Giudici al debate) que tenga capacidad de organizar esa potencialidad revolucionaria que hay sobre todo en la juventud, y de ir por el poder. Y de ir por el poder.

Pero no solo se detiene a analizar la cuestión del poder en el momento, llamémosle en que la lucha abierta por su conquista es explícita; sino que Giudici se va a detener a pensar de cómo se ha ido transformando en la política del Partido Comunista la cuestión del poder.

Va a analizar como sucesivos cambios han transformado la estrategia del poder del partido en una estrategia de poder “por saturación”, en una metafora que toma de la historia de las revoluciones burguesas.  Recuerda que la burguesía inglesa llegó al poder por el camino de penetrar todos los poros de la sociedad hasta convertirse en fuerza hegemonica de la sociedad sin tener necesidad de realizar un asalto directo como los franceses y  la toma de la Bastilla.

Y va a encontrar en esa figura la explicación de lo inexplicable.

Durante años muchos le preguntaron y él mismo confiesa haberse preguntado a si mismo: ¿pero cual era la estrategia de poder del Partido Comunista?, y yo creo que el acierta en explicar de que en realidad la estrategia del poder que sostenía el Partido Comunista hasta el 16º Congreso era un estrategia de poder pos saturación, era la estrategia de penetración en la justicia, en los gobiernos en la economía, en la burguesía y va a expresar eso en un llamado que hace en “Carta a mis camaradas”, que condensa todo este razonamiento, cuando el dice, “hemos demostrado, como en un marxismo dogmático, se saltó del sectarismo al oportunismo de derecha, y éste termina en un liberalismo en el cual lo dominante es el formalismo democrático burgués: frente democrático nacional, amplia coalición democrática, camino pacifico, fetichismo electoral, brecha democrática, apertura democrática. En esta postura practicista ajena al proceso histórico real la revolución democrático burguesa, democrático agraria imperialista deviene también en un formalismo teórico. En este caso el socialismo y el comunismo quedan como una fe cultivada íntimamente, en completa disociación con el proceso histórico. Dualismo, practicismo, teoricismo” dice Giudici.

Y clama en su libro que la cultura del frente democrático nacional y la cultura del gobierno de amplia coalición democrática deberían, en 1973, pertenecer ya al museo de las antigüedades.

Más allá que intentemos después algún otro tipo de balance sobre el proceso del viraje del partido, hoy le podemos decir a Ernesto Giudice de que en el Partido Comunista de 1999 la cultura del frente democrático nacional, la cultura de los gobiernos de amplia coalición pertenecen al museo histórico de las categorías inútiles para la revolución.

Categorías que impiden ver el carácter de clases de los gobiernos, categorías que impiden comprender los procesos reales por los cuales la burguesía construye su sistema de dominación.

Giudici va de la cuestión del poder a la historia, creo que él hace un gran esfuerzo por superar la dicotomía liberales revisionistas, pero dice que al hacer esa salvedad hay que ser conciente de que el Partido Comunista por lo que ha estado influenciado es por el liberalismo, y se propone desarrollar una línea de razonamiento histórico sobre el dominio  imperial concreto, ingles, sobre la Argentina que ayuda a entender no solo la presencia del liberalismo en la sociedad Argentina, sino una tradición de pactismo, de claudicación de la burguesía nacional ante el imperio que podríamos nosotros muy bien detectar en los últimos años en el propio Pacto de Olivos, o en el pacto de Washington entre la Alianza y el PJ de estos días.

Los ingleses no dominaban, fundamentalmente, pasando a sangre y fuego las tierras por ellos conquistadas sino que instalaban un mecanismo de negociación, de conversación, de acuerdos; y ese mecanismo de acuerdos, ese mecanismo de pacto es lo que ha aprendido profundamente la burguesía Argentina desde hace más de cien años y como explica Giudici los modos de dominación políticos de la clase explotadora penetran en el modo de hacer política alternativa de las clases oprimidas y creo que nos da una pista muy importante para entender el sistema de dominación política en la Argentina y para entender mucho de los limites del movimiento revolucionario.

En todo caso, y es una preocupación puntual de Giudici, es imprescindible empezar por liquidar el mito radical; yo diría el mayor mito político en la historia Argentina es que en la Argentina existía un partido de la burguesía respetuoso de la democracia que era la Unión Cívica Radical, el mito radical que nace a principios de siglo, y que se mantiene aun hoy generando esta situación tan patetica, casi ridicula o  trágica, de dirigentes sindicales que se proclaman renovados, casi clasistas, y se encuentran absolutamente asombrados y desubicados ante un gobierno radical que reprime como si no hubiera ocurrido la matanza de Vasena en la Semana Trágica, como si no hubiera ocurrido la matanza de la Patagonia, como -y lo muestra Giudici en su libro-  como si el Dr. Ilia no hubiera impedido el reconocimiento electoral del Partido Comunista en 1966, pocos días antes de su derrocamiento, pretextando que el Partido Comunista no era democrático

Estoy convencido de que en este tema de la historia hay muchisimo por hacer todavía; si alguna deuda tiene el marxismo como corriente del pensamiento critico en la Argentina es resolver una explicación de la historia que supere justamente la tradición liberal y  la tradición revisionista, que como se decía en esta mesa, muchas veces cometen el mismo error de análisis invertido.

Giudici va a ir después a tener que cuestionarse, y a tener que cuestionar, que tipo de lectura hacemos del marxismo. Si vamos a entender al marxismo  como un pensamiento crítico  que no se detiene ante nada o si vamos a aceptar al marxismo como una colección de manuales, de libritos, de cassettes o videocasetes que tienen todo explicado, aunque muchas veces la realidad se quede fuera de sus explicaciones

Ernesto va a resaltar, y a mi me parece como una cuestión clave para entender lo que pasaba en el Partido Comunista, el papel de la Comisión Nacional de Educación.

Por que ese Partido Comunista no autoreproducía la ideología dominante en el partido de un modo cualquiera, sino que teníamos un sofisticado mecanismo de reproducción de su modo de ver el marxismo de su mirada de la historia y de su comprensión de la línea que llegó a tener no solo una estructura de dimensiones gigantescas, sino que llega a tener una ley de educación partidaria que reglamentaba minuciosamente que cosas se podían leer en cada nivel de la actividad o en cada nivel de la militancia.

¿Por qué voy a esto?, porque uno de los métodos de Giudici en el plano filosófico es que él se acerca bastante, se mete bastante con uno de los conceptos principales de Luckas y con uno de los conceptos principales de Gramsci, que es el dejar de pensar de que la principal idea de Marx era de que las fuerzas económicas, que la vida económica determina la vida espiritual de la sociedad, y de empezar a pensar que en realidad lo que hace Marx es explicar la unidad como una totalidad de la sociedad en el cual, en última instancia y en largos períodos de historia, las relaciones sociales que se establecen en el plano de la economía terminan determinando en última instancia al resto de las relaciones sociales.

El viejo filosofo alemán Hegel, dijo una vez que lo que en teoría son diferencias milimetricas, cuando llegan a la vida, estas diferencias pueden ser kilometricas, y en estas dos fracesitas que yo he dicho puede que parezca que hay una diferencia milimétrica, pero cuando estas dos fracesitas se despliegan, se transforman en dos visiones opuestas  de la realidad.   Una, la dogmatica, tendía a reducir todo a la economía y caía facilmente en el determinismo mecanico y fatalista; la otra, propia de un marxismo creador, intenta comprender la realidad en su complejidad y multiples relaciones e inter relaciones, ubicando en ese sistema de procesos, el factor determinante.

Y el tema es que ese dominio ideológico, ese aparato de autoreproducción de una ideología dogmatica dominante en el Partido Comunista, la tragedia es que genero camadas y camadas de militantes que no tenían posibilidad de acceder a la dialéctica, que no podían comprender, por carecer de ese pensamiento dialéctico, la esencia del marxismo,

Lenin llego a escribir de puño y letra que sin leer la Lógica de Hegel , no se podía leer el Capital, posiblemente lo suyo haya sido una exageración, pero estaba diciendo que no se puede leer el Capital de cualquier modo, que no se puede entender el marxismo con ojos no marxistas, que no se puede acceder a la idea revolucionaria sin proponerse acceder al dominio de la dialéctica, a la comprensión de la unidad como una totalidad contradictoria y en proceso permanente de cambios

Entonces lo que en la cabeza de Giudici es una unidad totalidad con contradicciones, métodos, evento político, línea, historia, teoría, ética, proyecto de vida, en mucho de nuestros compañeros, en mucho de los compañeros de mi generación, no se pudo transformar en una comprensión unitaria y se transformo en una comprensión fragmentada; y ese fue, desde el punto de vista de las dificultades internas, el mayor obstáculo con que tropezó el viraje del Partido Comunista.

Porque al poco de andar igual que Giudici que empezamos discutiendo la posición ante la dictadura y tuvimos que ir a discutir la mirada sobre la historia, y tuvimos que ir a discutir el marxismo, nos encontramos con que una buena parte de nuestros compañeros entraban en esos debates del modo más dogmático posible y producía todo clase de fracturas en nuestra conducta política, en nuestro accionar

Y así como de un modo histórico habíamos pasado del sectarismo autista de los años ´20 a la política del frente democrático nacional por varias décadas, con el XVIº Congreso sectores importantes de nuestro partido volvieron a la idea de que se puede hacer actividad política revolucionaria sin lucha reivindicativa, sin trabajar con la gente, sin penetrar en las contradicciones secundarias que el enemigo se genera a cada rato.

Entonces nosotros intentamos, o una parte de esa militancia intentó aprovechar, intentó utilizar la “Carta a mis camaradas” de Giudici, y hay que decir que viraje del Partido Comunista, el proceso que empezó en el 16 Congreso fue un proceso que primero empezó con gestos

Gestos, igual que como el gesto que había hecho Giudici al renunciar.

Ernesto había escrito en uno de sus libros la cosa más terrible que se pueda escribir sobre un dirigente comunista, dice: “de esos labios puritanos jamás sale la palabra Che Guevara”, de esos larbios puritanos jamás sale la palabra Che Guevara dijo Giudici, y el primer gesto que hizo la militancia que gestaba el viraje del Partido Comunista, fue el ocho de octubre de 1984 en la Ciudad de Rosario, realizar el primer acto publico de homenaje al Che Guevara que hacia el Partido Comunista, y el primer acto publico en homenaje al Che Guevara que se hacia después de la caída de la dictadura.

Y en ese acto en medio de la oleada posibilista, en medio de la euforia radical, Patricio Echegaray, entonces secretario de la fede, iría a decir que junto con el Che Guevara nosotros volvíamos a creer en la revolución; que junto con el Che Guevara nos negábamos a aceptar que la Argentina era imposible de modificar, y que junto con el Che Guevara se podía practicar la oleada de la izquierda y la unidad de los revolucionarios

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El segundo gesto que hizo el viraje fue practicar la unidad de la izquierda

Efectivamente hay una obvia relación entre perder de vista la lucha por el poder con una política de alianza con la burguesía, con una política de alianza que siempre miraba para la derecha, y solo se puede explicar la creación del Frente del Pueblo y los sucesivos esfuerzos por construir la unidad de la izquierda, desde la voluntad de recuperar la lucha por el poder como elemento articulador de la vida cotidiana de los comunistas argentinos.

Quería terminar con esto, yo me he referido muy superficialmente a los problemas que sufrió el viraje del partido, pero por lo menos quería intentar encontrar una pista de cuales fueron los verdaderos problemas internos, las verdaderas dificultades intrínsecas que tenia el Partido Comunista para triunfar en su viraje, dejando de lado las teorías conspirativas de la historia que siempre han circulado entre nosotros.

Y hay que decir también  que ese viraje no solo tropezó con nuestras limitaciones, sino que también se enfrentó con una modificación brusca del escenario mundial, con el triunfo de la contrarrevolución en el mundo, con la caída de los llamados países socialistas y nada menos que con el triunfo de la restauración menemista en la Argentina en 1989.

Durante 10 años ese viraje ha estado expuesto a las mayores tensiones tanto externas como internas, porque si algo hemos aprendido en estos 10 años, si algo hemos aprendido con los que ahora están en el gobierno de la provincia de Buenos Aires, en la intendencia de Avellaneda, o no me importa en que otro lugar de la institucionalidad, es que el reformismo, como explicaba Giudici, había penetrado profundo entre nosotros, y que más de uno que se incorporó al viraje  y que parecían ser los más audaces en la lucha por transformar al Partido Comunista llevaban dentro suyo esa profunda deformación, esa profunda perdida de voluntad de la lucha por del poder, ese profundo posibilismo, esa profunda claudicación ética que recorre una de las tradiciones que recorren al marxismo y al Partido Comunista en toda su historia.

Pero yo creo que también la lectura de los textos de Giudici ayuda a comprender esto que Nestor decía de un modo más complejo: no se puede pensar al Partido Comunista como una especie de bloque monolítico donde nada vivía, donde nada circulaba, donde nada crecía, hay que pensarlo al Partido Comunista como una contradicción permanente en la dirección, en la base, entre discurso y conducta, entre conductas diversas y esa tradición combativa y esa tradición revolucionaria, esa tradición de marxismo creador es la que ha impedido que el Partido Comunista sucumba a las presiones del sistema dominante, sucumba a las sucesivas maniobras de posibilismo argentino, del alfonsinismo, de la reforma peronista, de la reforma de Cafiero y del Frente Grande y que nosotros podamos ser lo que me parece, o lo que yo propongo que consideremos como lo mejor que podemos hacer de este panel: que sea el acto de recepción de Ernesto Giudici de vuelta a la casa del Partido Comunista.

Y esto no dependerá tanto de Giudici, que yo estoy absolutamente seguro que siempre fue un comunista y siempre quiso volver acá; que Giudici vuelva a nuestra casa dependerá de nosotros, dependerá de que entendamos el viraje como una batalla permanente contra el dogmatismo, el posibilismo y la claudicación, dependerá de que nos hagamos al viraje cada ves más poderosos, de que hagamos del Partido Comunista algo más grande que nosotros mismos.

Gracias.

julio de 2000