Un “Vaso de agua” ya está a la venta….


Desde hoy la librería Badaracco Libros de la calle Entre Ríos 932 tiene a la venta “Un vaso de agua”, relatos y poemas sobre las luchas contra la impunidad y amores.  Los interesados en comprarlo desde el interior del país pueden solicitarlo al correo electrónico de la librería: badaraccodistribuidor@hotmail.com

El próximo 25 de abril  estaré en Santa Rosa, La Pampa,  presentando el libro.

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La Liga Argentina por los Derechos del Hombre rechaza el proyecto Kunkel


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La Liga Argentina por los Derechos del Hombre rechaza el proyecto Kunkelde restricción y represión al derecho del pueblo a reunirse, manifestarse y luchar por sus derechos libremente; convocamos a resistir contra su eventual aprobación.

El primer derecho de los pueblos es a luchar por conquistar derechos; reprimirlo es violar los derechos humanos en tiempo presente.

“Decreto 1066 de 1983. 1) Que la Constitución Política

del Estado, en su artículo 19, N° 13,   asegura a todas las personas,

el derecho a reunirse pacíficamente  sin permiso previo y sin armas…

3) – Que el ejercicio de  estos derechos tiene por límite

el resguardo de un tercero  y su uso no puede llegar hasta lesionar

la libertad  de otra persona o la conveniencia de la sociedad;

4).- Que es un deber de la autoridad ejercer la vigilancia

y cuidar de la integridad de las personas,

y la conservación de las plazas, calles, etc.etc.”

AUGUSTO PINOCHET UGARTE, General de Ejército,

Presidente de la República de Chile

 

El proyecto del Frente Para la Victoria, anticipado por la Presidenta Fernandez de Kirchner en su discurso del 1º de marzo, tiene un claro carácter restrictivo de los derechos humanos en cuanto penaliza la movilización popular (no solo los piquetes como falsamente se informa, sino toda forma de protesta social, prohibiendo sin más las que se quieran realizar frente escuelas, hospitales, comisarias –art 2, inciso a-) que es el primero de los derechos de los pueblos: sin lucha social ni movilización popular no hay posibilidad alguna de conquistar el acceso a los derechos formalmente proclamados, defender los amenazados o conquistar nuevos derechos.

El proyecto se coloca en una secuencia histórica de larga data que fue rota por las luchas populares de Diciembre del 2001; desde entonces la derecha busca sacar al pueblo de las calles sin éxito, y está por verse si aún consiguiendo la aprobación del engendro consiguen romper la creciente dinámica de luchas contra el ajuste y los casos de “gatillo fácil”.

La ley anuncia el aval oficialista de la cultura represora que nunca desapareció de las fuerzas de seguridad, pero que por algunos años había estado huérfana de legitimidad social y aval gubernamental, el solo anuncio del proyecto incrementará la represión porque la Bonaerense, la Gendarmería, la Federal, etc. tienen un oído muy fino para “leer” los mensajes del Poder, y este es un claro mensaje de penalización de la lucha popular y de amenazas represivas.  El proyecto pareciera buscar la “normalidad” represora que caracterizó nuestra historia desde nuestros inicios como Nación (ley 4144 de 1902, por ejemplo)

El diputado  Kunkel y quienes lo acompañan van más atrás de las leyes macristas que indican que se debe avisar “cuando sea posible”. Con la Ley Kunkel las movilizaciones del 19 y 20 de Diciembre del 2001 o las del Puente Pueyrredón de junio del 2002 cuando asesinaron a Kostecky y Santillán, serían ilegales y por ende “legal” la represión.   Conviene resaltar que el proyecto Kunkel no se presentó en el 2008 cuando la burguesía sojera y los grupos económicos poderosos impulsaban la protesta callejera contra la Resolución 125; no, se presenta ahora cuando crece la resistencia al ajuste de la economía derivado de la devaluación realizada a pedido del FMI y demás organismos financieros internacionales con los que se está negociando nuevos pagos de la eterna deuda externa impuesta por el Terrorismo de Estado, por lo que consideramos que su texto es uno más de los efectos a largo plazo del Genocidio.

Arrogarse el derecho de decidir cuál reclamo popular y cual organización social tiene “derecho” a protestar y cual no tiene un cuño fascista indudable[1] que se fortalece con la exigencia de un “delegado”, como si los parisinos del Tercer Estado que atacaron la Bastilla, dando inicio a la Gran Revolución Francesa, la revolución burguesa  por antonomasia, hubieran tenido delegado. Junto con el costado represivo, el proyecto revela un profundo costado elitista y soberbio que pretende borrar al pueblo como sujeto de la historia. La sola elección del “delegado” le garantiza a este su procesamiento en la o las causas penales que se inicien a posterioridad de la protesta.

Al exigir que el aviso sea dado a las fuerzas policiales, el proyecto muestra su propósito represivo con claridad aún mayor que la normativa de Pinochet, que establece que el aviso debe darse a autoridades políticas (el mismo criterio sostiene el poder judicial de la C.A.B.A., ante la referencia genérica a la “autoridad” en la norma local).

El proyecto da un plazo de dos horas para la negociación, amén de lo ridículo Y exiguo del plazo, ello impide a quienes protestan cualquier consulta racional con sus bases, asesores, amigables componedores, etc. Asimismo, el plazo contradice groseramente el declamado propósito de garantizar la libre expresión y vulnera el derecho de defensa. Obviamente, el no acuerdo en la “mediación” abre el camino para la represión y desalojo en forma directa prácticamente apenas comenzada la protesta.

Pese a las declamaciones contenidas en el Cap. III sobre el uso de la fuerza, la exigüidad del plazo y la posibilidad de desalojar o reprimir una protesta ilegitima o que se transforme en tal en caso de no arribar a un acuerdo, torna letra muerta tales propósitos. Y es muy grave que cuando habla de prohibición de portación de armas de fuego al personal de las fuerzas de seguridad, aclara que solo para aquellos que estén en contacto directo con los manifestantes. Para el resto, o sea los que se ubiquen solo un poco mas lejos lo permite. Con ello se da un permiso legal para amenazar con armas a la vista. O para usarlas en definitiva como ocurrió en el asesinato de Fuentealba, los Qom de Formosa, los compañeros del Parque Indoamericano y muchos más en estos años. Claro que desde ahora, será “legalmente” y con el apoyo político del oficialismo y la oposición de derecha que saluda estas iniciativas con alborozo.

El Kirchnerismo tuvo políticas de memoria y de reparación material y simbólica hacia las víctimas del terrorismo de Estado que valoramos y apoyamos en toda circunstancia . Esas políticas fortalecieron la lucha histórica por Memoria, Verdad y Justicia, y en cuanto convergieron con esas luchas posibilitaron los juicios, la creación de sitios de memoria y una resignificacíón de la historia reciente en una dirección de más cercanía con la verdad. Hemos sido parte de los juicios y asumimos nuestras responsabilidades en la construcción de sitios de Memoria, fundamentalmente desde el Instituto Espacio para la Memoria de la ciudad autónoma de Buenos Aires creado por ley en 2004.

En esta década se han dado pasos de gigante en los temas de Memoria, Verdad y Justicia, pero nunca se interrumpieron las prácticas represoras por parte del aparato armado del Estado que en la década kirchnerista se reformuló y creció exponencialmente como acaba de jactarse Capitanich al sumar más de 400 mil hombres bien armados, mejor estrenados y sujetos a un mando único que por ahora es Berni pero se procura que el Ejercito, y por eso la promoción de Milani a pesar de su pasado genocida, recupere la articulación y comando de semejante aparato de control social y represión.

Al contrario de la propuesta Kunkel, habría que hacer efectiva la prohibición de torturar y cesar la represión de las manifestaciones populares, haciendo responsable a la autoridad política que “manda” las fuerzas de seguridad de sus acciones, como así también sancionar leyes que depuren las fuerzas policiales, de seguridad y militares de todo personaje vinculado a la represión histórica, el gatillo fácil y las mafias de la droga que hoy acechan en el territorio. Es necesario asimismo tomar las medidas legales que sean necesarias para hacer cesar la criminalización de la protesta, que ha llevado a la arbitraria condena de los trabajadores petroleros de Las Heras y tantos otros militantes populares. Hacen falta leyes que garanticen la libre organización popular (por ejemplo, una nueva ley sindical que termine con las burocracias sindicales corruptas y mafiosas que toleran el trabajo en negro, el trabajo infantil y el trabajo esclavo, todas formas de violación de los derechos económicos sociales formalmente garantizados por la Constitución Nacional).

La historia nos ha enseñado que ninguna Ley es garantía suficiente para el respeto de los derechos humanos; solo el pueblo organizado hace visible, conquista el reconocimiento por parte del Estado y con las luchas sociales se logra el acceso universal a los mismos. Encorsetar la lucha popular es antagónico a tal proceso y por tanto, antagónico a la lucha por los derechos humanos.

Cada cual puede elegir de qué lado de la cuestión se coloca.

La Liga Argentina por los Derechos del Hombre, como lo hace desde hace 76 años, seguirá firme junto a los que luchan por la libertad, la igualdad y la justicia para todos

 

 

Los huelguistas de hambre de Paraguay conquistaron “prisión domiciliaria” hasta el Juicio Oral en lo que constituye una enorme victoria del pueblo paraguayo y la solidaridad internacional. Algunas razones del triunfo y posibles consecuencias


hmbreEncerrados en el Hospital Militar, aislados de sus compañeros de lucha y familiares, sometidos a todo tipo de presiones psicológicas, los Cinco Campesinos de la Causa Curuguaty que estaban en huelga de hambre desde el 14 de febrero, reafirmaron lo que dijeron el primer día: no levantarían la huelga de hambre hasta conquistar alguna forma de libertad que les permita proseguir la lucha por la recuperación de las tierras conocidas como Marina Kue, donadas a la Marina Paraguaya en su momento y usurpadas por un caudillo colorado y escenario de la masacre de junio de 2012 que terminó con la vida de once campesinos y cuatro policías y posibilitó la farsa del juicio político que tumbó al presidente constitucional Lugo.    Rodeados de un amplísimo arco de fuerzas campesinas, sociales, políticas, religiosas, parlamentarias y culturales de Paraguay, alentados por una vasta solidaridad internacional, lograron torcer el brazo a la nefasta Justicia Paraguaya (stronerista hasta la medula) y en la media noche del sábado pasado lograron la prisión domiciliaria que bien puede leerse como una libertad acotada y condicional, pero libertad al fin.  Para valorar adecuadamente la magnitud de su victoria hay que partir de que su detención fue parte fundamental de una operación imperial de sometimiento del gobierno de Lugo, hay que recordar que desde 1989 (fin del gobierno de Stroessner pero no del Stronerismo) hay un ataque sistemático contra los dirigentes campesinos como ellos: más de ciento cincuenta asesinatos comprobados y otros tantos sin documentar, cientos de procesados y en los últimos años algunas decenas de condenados a penas cuasi perpetuas (treinta y cinco años en Tacumbú es más que eso, es vivir en el infierno) y que el “Poder Judicial”, que no respeta parte alguna del Estado de Derecho, no está acostumbrado a ser contradicho y mucho menos a ser derrotado.  Si al Poder la victoria de la huelga de hambre le duele en la soberbia elitista de quienes desprecian los campesinos y abominan de la lucha social, al movimiento popular le viene de maravillas y se suma al éxito logrado en la Huelga General del 26 de marzo pasado en una dinámica de movilizaciones y acciones unitarias que pareciera estar constituyendo una tendencia al crecimiento de la movilización y la acumulación de fuerzas para los sectores más combativos y de izquierda. La libertad de los compañeros de Curuguaty fue una de las dos consignas centrales de la huelga general, la otra fue la anulación de la ley APP que facilita las privatizaciones y otros negociados espurios. La “domiciliaria” es el primer resultado concreto de la huelga que adquiere así mayor importancia histórica: la tercera en toda la historia paraguaya comienza a torcer la historia más de lo que algunos preveían.

 

El comunista Rubén Villalba, líder de los campesinos de Curuguaty, cada vez que tuvo posibilidad de comunicarse con su pueblo, insistió una y otra vez que el sentido de su lucha no era lograr su propia libertad sino la recuperación de las tierras de Marina Kue, y que en esa lucha estaba dispuesto a dar su vida. Y cumplió.  En la coherencia de Rubén y de sus compañeros de huelga está el secreto de su victoria y en buena medida las razones para la recuperación de un movimiento social y político que venía de vivir la frustración del gobierno de Lugo (no cumplió  sus promesas y mucho menos satisfizo las expectativas), la propia Masacre de Curuguaty con el siguiente encierro de los compañeros, estigmatizados como “terroristas asesinos” por casi todos, el triunfo del mafioso neoliberal Cartes y las sucesivas derrotas “judiciales”.  Los dogmáticos buscarán en las razones económicas, en las contradicciones al interior del bloque de poder entre los intereses de la vieja mafia stronerista que domina el aparato del Partido Colorado y buena parte de la estructura sindical tradicional, en el choque de influencias entre los yankees y los brasileros (que son en Paraguay igual que una potencia Imperial), las causas de esta victoria, allá ellos; yo prefiero pensar que es la ética de estos campesinos y de aquellos otros, los Seis de la Causa Cecilia, la razón fundamental de la recuperación del movimiento popular en Paraguay. Desde la ética, desde la coherencia, desde la desnuda exposición de sus propósitos vitales y sencillos: tierra para trabajar, tierra del estado usurpada por un empresario, libertad para organizarse, etc. es que pudieron romper la maniobra vil de estigmatización e ir agrupando al lado de sus reclamos a una enorme porción de la sociedad paraguaya, incluyendo a la cúpula de la Iglesia Católica (la misma que avaló el golpe a Lugo) y vastos sectores medios de Asunción, tentados por el consumismo y el modelo de vida yanqui como casi toda la burguesía de la región.  La victoria de los huelguistas de hambre, de Néstor Castro, Rubén Villalba, Felipe Balmori, Adalberto Castro y Arnaldo Quintana es también una gran enseñanza y un llamado de atención para el movimiento popular latinoamericano: no es con concesiones a la derecha que se la vence, parecieran decir los campesinos paraguayos a un movimiento que solo en parte se sensibilizó y movilizó por ellos olvidando la primera y fundamental lección del Che Guevara:  Acuérdense que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada.
Sobre todo sean siempre capaces de sentir en lo mas hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad mas linda de un revolucionario.    
Deberían pensar en aquella frase los que construyen retorcidos discursos para explicar que los intereses de tal o cual gobierno u proceso les impide ser solidarios con los presos políticos de Paraguay, de Colombia, de Honduras, de Perú, con tantas y tantos luchadores sociales que hoy sufren encierro en esta América Latina donde conviven los procesos de integración no subordinados a los EE.UU. con presos políticos y penetración de la Cuarta Flota Imperial. Alguna vez Fidel explicó que ellos eran solidarios con todos los que luchan porque en esa relación de dar y recibir solidaridad, el que más se beneficia es el que la da; entonces podríamos completar ahora su pensamiento con la hipótesis que la ausencia de solidaridad con los presos políticos no es factor de fortaleza de los gobiernos progresistas y sus procesos de integración sino una de las razones de su debilitamiento, estimulado y aprovechado por los operadores imperiales de cada país y del Imperio. Entonces, la victoria de los huelguistas de hambre debería ayudar a recuperar las viejas tradiciones solidarias del movimiento popular latinoamericano, esas que se potenciaron en los “años del lobo” cuando la Operación Cóndor nos juntó como presos políticos a los argentinos, chilenos, cubanos y uruguayos en Centros como Orletti y que se hunden en la historia del ideario de San Martín, Bolívar y Martí. Acaso el primer paso para asumirnos como americanos de la Patria Grande sea superar las fronteras de la balcanización y asumir la lucha por los presos políticos de toda América Latina como el primer deber, el más elemental e ineludible, de todo patriota y humanista del siglo XXI.

Qué significaba ser de la Fede para el Ciego, para Danilo, para Alberto Cafaratti, para el Negro Quieto o para Osatinsky


marcha_indultosUn Periodista que trabaja para la BBC de Londres y la televisión inglesa, insiste en preguntar quien soy y le explico que yo soy un militante de la Juventud Comunista de la Argentina, de la Fede le digo aunque no se si el tipo podrá traducir lo que eso representa para mi. Y para las decenas de miles, decenas de miles de jovenes que pasaron por sus filas buscando el camino de la victoria

Para el Ciego, para Danilo, para Alberto Cafaratti, para el Negro Quieto o para Marcos Osatinsky.

Para el que volaba atado por los pies a un helicóptero en la base Belgrano y cuando lo bajaban seguía diciendo que él era de la Fede.

Para Teresa que miraba a los ojos de los torturadores hasta que los tipos bajaban la cabeza.

Para los que lloraban pateando la puerta del Comité Central la noche en que Alfonsín ganó las elecciones y se rompió -para bien y para siempre- el mito de la infalibilidad de la dirección y de la ineluctabilidad de la victoria.

El Ñato dice que la derrota y la victoria es más relativa de lo que parece.

-Que el general Humberto Ortega, jefe del ejército de Nicara­gua y custodio del gobierno neoliberal, es el símbolo de la derrota del Sandinismo; y que Raúl Sendic, saliendo del pozo en que lo quisieron destruir los militares uruguayos, para seguir siendo un militante revolucionario es nuestra victoria.

Y esta es mi victoria.

La de la memoria sobre la traición.

Pequeña, casi intrascendente.

Pero, ¿cuántas veces pude sentir la victoria en estos treinta años?

¿Acaso aquella mañana del ’69 en que los secundarios ocu­pamos Santa Fe?

¿O cuando todas las Juventudes Políticas amenazaban con cruzar la cordillera para pelear junto a los hermanos chilenos en aquella marcha multitudinaria?

¿En mayo del 2000 cuando la Izquierda Unida salió del ano­nimato y Patricio se hizo diputado?

¿O en diciembre del 2001 cuando miles, y miles, y miles, y miles de jóvenes arrasaron con la Alianza, con De la Rúa, con Ro­dríguez Saa, con los radicales, los peronistas, los conservadores y el Frepaso; y con todos los que nos robaron, tantas veces, nuestra lucha y nuestra sangre?

En Rosario, mejor dicho en una pequeña ciudad pegada a Rosario que se llama Villa Gobernador Gálvez mataron a una comunista en la pueblada de diciembre.

Se llamaba Graciela Acosta y vivía en una villa miseria sola con sus siete hijos. Era militante de una organización en defensa de los derechos humanos, y de un movimiento de des­ocupados.

Dicen que el tiro no era para ella, era para su amiga Mónica, su compañera, su hermana militante. Pero ella se movió para salvarla y se quedó con la bala que tenía otro destino.

Hicieron un acto frente a la Seccional de la que salieron los policías que la mataron. Jorge llamó y me preguntó si podía par­ticipar, le dije que sí y terminé siendo uno de los oradores.

Hablaron muchos compañeros, parados de espalda a los milicos que provocaban con las armas larga en las manos. El ambiente estaba tenso.

La última de la lista de oradores fue la que vive por Gracie­la.

Tiene tres meses de comunista, pero varias generaciones de pobreza y de luchar por la dignidad.

Nadie aprende tanta política en tres meses como lo que sabe esta mujer.

Lo que sabe lo aprendió en años de sufrir, y de pelear.

Levanta el dedo y los acusa. Dice que los conoce uno a uno, y que no se le van a escapar. Los tipos sienten el impacto. Si yo fuera uno de ellos, también tendría miedo.

Mónica sigue su discurso frente a los mismos que la habían querido matar hacía solo quince días. Y termina con una parte del alegato de Fidel en aquel Hospitalito que estaba al lado del cuartel Moncada en Santiago de Cuba.

¿Recuerdan?, el de La Historia me Absolverá.

Fue en 1953 después del fallido asalto al Cuartel, cuando Fidel parecía que estaba derrotado para siempre y lo juzgaban para escarmiento de todos los que se habían atrevido a seguir su ejemplo.

Y para que nadie se atreviera a intentarlo de nuevo.

Y Fidel dice, Mónica dice -que no quiere la sangre de los asesinos.

-Que no le hace falta la venganza. Que como la vida de su compañera no tiene precio, ni toda la sangre de los asesinos podrá pagar su muerte.

-Que para los caídos pide el triunfo de la lucha liberadora.

-Que no hay mejor venganza que para todos el pan, para todos la rosa, para todos la escuela y el hospital; para todos el trabajo y la dignidad.

-Para todos la felicidad.

Yo la miro asombrado, hace años que buscaba el final de este libro y no sabía que esta mujer, que vive por la generosidad de su hermana militante, sería quien me ayudaría, al fin, a encontrarlo.

Ahora sé que la memoria venció a la traición.

Que cruzamos el desierto, y llegamos enteros.

Pocos, pero enteros.

Y que del otro lado nos esperaban miles y miles que nunca oyeron hablar de la Cuarta, tampoco de la Guardia de Infantería Reforzada de Santa Fe o de la Casita de Santo Tomé, ni falta que les hacía saberlo para poder pelear y tumbar dos gobiernos.

Me doy cuenta que ya no es necesario seguir buscando como transmitir la memoria de un modo adecuado.

Que a esta gente, mujeres y hombres del pueblo, se les puede contar esta historia sin más vueltas, ellos sabrán que es la suya.

fragmento final de Los Laberintos de la Memoria, cuya tercera edición está disponible libremente en el blog

“Escribir recuerdos es sanador”….reportaje en Tiempo Argentino


 

“Escribir recuerdos es sanador”

Reivindica a la literatura como un remedio para exorcizar las huellas de la dictadura y “llenar los agujeros” que deja el horror. Ficción, “deudas” familiares y la lucha política.

Por: 
 
Daniel Enzetti

Una bomba destrozó su casa rosarina en 1975, la dictadura lo secuestró dos veces, y entre las sesiones de picana y torneos de patadas que armaban sus captores para que aprendiera buenas costumbres, casi se muere en un centro clandestino de detención. Los genocidas veían a José Schulman como una figurita difícil. En plena caza de brujas rojas, no podían privarse de tener a uno de los principales miembros de la Juventud Comunista de Santa Fe. Pero el tipo, empecinado, sobrevivió. Es secretario nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre –el organismo de Derechos Humanos más antiguo del país–, querellante histórico en la causa Triple A, impulsor de la investigación por la responsabilidad de la empresa Acindar en la matanza de Villa Constitución, y declarante permanente en decenas de audiencias por juicios de lesa humanidad. Pero su herramienta de pelea es la literatura. Cuentos, relatos y poesía. Como los que están en su último libro, Un vaso de agua. Realidad ficcionada, porque “hay cosas del horror tan íntimas e indecibles, que no se pueden describir en un ensayo periodístico o histórico. Eso, la ficción lo resuelve.”

–La ficción regala licencias…
–Hay dos frases que me enseñaron eso. Una de Augusto Roa Bastos en el libro Vigilia del Almirante: “Con los documentos verdaderos se escribe la historia falsa, sólo la ficción puede contar la verdad.” La otra es del español Jorge Semprún, que pasó por los campos de concentración nazis: “No se puede vivir sin recordar, pero es imposible estar todo el tiempo recordando.”
–¿Para qué escribe, y qué le dio la escritura?
–Primero es importante decir por qué lo hago. Empecé a escribir en medio de la peor crisis depresiva de mi vida, cuando en 1999 detuvieron a Víctor Brusa, el funcionario judicial que me había torturado, y lo liberaron al otro día. Me di cuenta de que volcar recuerdos en un papel era sanador, y me permitía recuperar las cosas que me había arrancado la dictadura.
–¿Cuáles?
–Buena parte de la juventud. La dictadura nos robó eso, vivir con plenitud, con alegría. ¿Quién podía sostener el deseo cuando te vuelan tu casa o te torturan tirado en un camastro?
–El primer cuento del libro, que se titula igual, habla de aquella bomba y de su madre sola, esperando ayuda después de la explosión. ¿Cómo lo recuerda?
–Militaba en la Liga y en el PC santafesino, y ya tenía señales de que la cosa empeoraba. El 5 de diciembre de 1975, la bomba reventó mi casa familiar, a las 3 de la mañana. El cuento responde a una deuda que yo tenía con mi vieja, sentí mucha culpa pensando en ella.
–¿Por qué?
–Porque ella no había decidido luchar por la revolución, como sus hijos. Y tuvo que soportar cosas terribles. Todavía la recuerdo de madrugada, en el medio de las esquirlas. Se sentó en la vereda, y no se acercó un solo vecino para ayudarla. La imagen me vino a la cabeza en estos días, a raíz de los linchamientos. Parece que ahora descubrieron que hay gente de derecha. 
–Uno de sus textos dice que los militares “veían a las chicas como incubadoras vivientes”.
–Hay algo del horror que es inenarrable. Lo que uno hace con la ficción es bordearlo, inventar, llenar agujeros por no entender o no conocer ciertas cosas. Escribir es como invocar un conjuro que me saca el dolor.  «

Paraguay: la tercera Huelga General de su historia y la enésima huelga de hambre de los presos políticos.


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El que acaba de finalizar es el cuarto viaje de la Liga al Paraguay en los últimos años.

El primero fue en el 2009 para realizar en conjunto con los compañeros de La Comuna un seminario sobre la Operación Cóndor en el edificio del Congreso de la Nación (por cierto, el edificio fue donado por Taiwán y así lo recuerda una placa en la entrada, algo bastante simbólico de la situación colonial del país guaraní). Por entonces gobernaba Lugo pero el Poder Judicial Stronerista seguía intacto y ya los Seis Campesinos apresados por la Argentina con engaños (el embajador los invitó a gozar del país de los derechos humanos para luego apresarlos en la oficina donde tramitaban el asilo político) para entregarlos en bandeja para la ejecución judicial que ha cargado una condena de treinta y cinco años sobre los hermanos campesinos. Hemos tratado de visitarlos en cada ocasión que tuvimos. Seguimos aprendiendo de ellos y del conjunto del movimiento campesino, popular y de las fuerzas políticas de izquierda con las que hemos ido tejiendo relaciones fraternales.[1]

El segundo viaje fue en abril del 2013 para participar en la frustrada Audiencia preliminar (una especie de juicio corto que en un par de días sella el destino de los acusados) de los Campesinos de Curuguaty, emboscados, torturados, asesinados y apresados en una maniobra policial/judicial que tenía en la mira la ejecución congresal del presidente Lugo en un Juicio Político donde la acusación se permitió afirmar que “dado que los acontecimientos eran de publico conocimiento, no hacían falta demostrarlos”. Si así liquidaron un presidente constitucional, la increíble sucesión de aberraciones jurídicas que rodean al caso Curuguaty no llaman la atención. Allí le dimos a Rubén Villalba y sus compañeros de lucha un primer abrazo: fue en la propia sala de audiencias frente a soldados con armas largas que custodiaban campesinos, mujeres y bebés. En la lectura de la “prueba” se mencionaron rollos de papel higiénico, tapitas de gaseosas y otros elementos tan peligrosos como esos.

El tercer viaje fue en noviembre pasado para participar en una Misión Internacional de Observación de los Derechos Humanos en Paraguay. En 48hs recorrimos 1200 kms. por los territorios ocupados militarmente, que “casualmente” son los de mayor desarrollo de los cultivos de soja transgénica (Paraguay es el cuarto mayor país exportador sojero del mundo), de producción ganadera (sexto mayor país exportador de carne vacuna del mundo) y de marihuana (solo México produce más que Paraguay), todos cultivos que no requieren de grandes cantidades de labores agrícolas y por eso impulsan de manera sistemática el proceso de extinción del campesinado paraguayo y el asesinato o la ejecución judicial de los dirigentes campesinos que pretenden frenar el proceso “modernizador”. Cálculos diversos ponen en más de ciento cincuenta lideres campesinos los asesinados desde el final de la Dictadura de Stroessner en 1989. En los últimos años la secuencia represiva pasó de las incriminaciones masivas pero que no generaban condenas judiciales al asesinato calificado y la persecución puntual sobre los dirigentes como los que se conocen como los del Caso Cecilia o los del Caso Curuguaty.[2] En esa vasta zona del Chaco Paraguayo que se extiende desde la frontera con Brasil al este y la frontera boliviana al norte se concentran las mayores acciones de resistencia campesina y de represión estatal. Una vasta zona fue militarizada por Cartes y por allí andan los asesores yankees que se alojan en las bases militares que se van instalando en el Paraguay. Allí también opera el Ejercito del Pueblo Paraguayo, un grupo de lucha armada que por ahora no cuenta con demasiados vínculos con el movimiento campesino y popular de resistencia y que sirve de excusa para criminalizar a todas y todos los que de un modo u otro resisten el plan Cartes. En esa zona están las tierras de Marina Kue, cedidas a la Marina Paraguaya en su momento, usurpadas por un “prócer” del Partido Colorado (base de la dictadura Stronerista y ahora del gobierno de Cartes) que intentaban ser visualizadas como publicas por los campesinos cuando fueron masacrados por el Operativo de junio de 2012, que terminaría llevándose puesto a Lugo.[3]

En este cuarto viaje compartimos los preparativos y realización de la tercera Huelga General en la Historia del Paraguay (las otras dos son de 1958 y 1994), participamos en el Festival de Apertura, en los actos de Inicio (a las 0 hs del día miércoles 26 de marzo), en el piquete del Frente Guazú que cortó un importante acceso de Asunción desde las cinco a las ocho de la mañana, compartimos con los abogados de Codehupy la guardia contra probables arrestos y luego los actos de cierre en pleno centro de Asunción. Volvimos a entrar a Tacumbú para solidarizarnos con la huelga de hambre de los compañeros de Curuguaty y conversar largamente con los Seis Campesinos de la causa Cecilia. Fueron cuatro días muy intensos durante los cuales pude conversar con decenas de dirigentes sociales, políticos y hasta con ex miembros del anterior gobierno que mucho aportaron a entender la realidad paraguaya y comprometerme aún más con sus justas causas.[4]

Intentaré sistematizar mis aprendizajes en cuatro breves notas que pretenden inducir a la investigación y el conocimiento para incrementar la imprescindible solidaridad

 

uno. En Paraguay no hay Justicia. No hay Estado de Derecho ni siquiera la ficción burguesa que reina en casi toda América Latina.

Paraguay pagó muy caro sus intentos de desarrollo autónomo entre 1816/1875 (inicio del gobierno del Dr. Gaspar Rodríguez de Francia y finales del Genocidio perpetrado por la Triple Alianza brasilera, argentina y uruguaya). Devastada por la guerra fue luego saqueada por los gobiernos impuestos que primero vendieron la tierra pública a los pocos que podían comprarla gestando una matriz de propiedad de la tierra que todavía se mantiene: el 4,1% de las propiedades concentran el 88,12% de la superficie agrícola mientras el restante 95,9% de las fincas (menores a 100has) solo posee el 11, 88% del territorio (Censo Agropecuario Nacional 2008). La Comisión Nacional de la Verdad determinó que la inmensa mayoría de las tierras privadas son “mal habidas” puesto que fueron obtenidas con el concurso de la Dictadura Stronerista principalmente. La impunidad en Paraguay es básicamente la estructura de la propiedad agraria.

En los años 30 fue llevada a guerrear con Bolivia de la mano de las petroleras que disputaban el Chaco Paraguayo. Ganó la guerra pero perdió el futuro. Los dictadores Morinigo entre 1940 y 1948 y Stroessner por treinta y cinco años sellaron la dominación y dejaron a Paraguay fuera de la tradición del liberalismo burgués que formateó las republicas de la región. La frase “lo que es de conocimiento publico no necesita probarse” inscripta en la acusación contra Lugo resume la tradición stronerista que preside el Poder Judicial: ninguna de las llamadas garantías procesales funciona en Paraguay y basta examinar el caso de los Seis Campesinos (condenados por la simple delación de un supuesto infiltrado en el partido Patria Libre que hasta tuvo que retractarse varias veces porque se confundía con las fechas y decía haber escuchado preparativos para un secuestro meses después que se había realizado) o el de Marina Kue en el que los asesinados y torturados son los campesinos pero los fiscales, militares y oficiales de inteligencia que prepararon la masacre son los que acusan y condenan, para hacerse una idea de lo que hablamos. Constitución hay, simplemente que nadie le hace ningún caso.

En los últimos meses se utiliza las siguientes figuras del Código Penal para perseguir a los campesinos: art. 142 “invasión de inmueble ajeno”, art. 216 “intervenciones peligrosas en el transito terrestre” a los que se suman los que reprimen “perturbación de la paz publica” “amenaza de hechos punibles” “resistencia a la autoridad” “coacción agravada” y principalmente el de “asociación criminal” que por el monto de la pena prevista es el que más limitaciones pone al accionar de las y los defensores de los derechos humanos.

 

dos. En Paraguay los campesinos siguen siendo el sujeto social principal de la historia. Y hoy están amenazados de extinción.

Liquidados los intentos industrializadores de Gaspar Francia, durante casi todo el siglo XX Paraguay fue ahogado por el latifundio y las dictaduras. El 55% de la población no tiene para comprar una canasta básica de alimentos y más del 30% de la población está por debajo de la línea de la pobreza según la Cepal/2012. Y casi todos ellos son campesinos o de origen campesino.

Permítanme citar extensamente a un pensador inglés extraordinario: John Berger quien en el epilogo de Porca Tierra explica (y yo comparto) las razones de un proceso histórico universal propio del desarrollo de la civilización capitalista:   “La agricultura no requiere necesariamente la existencia de campesinos. El campesino británico fue aniquilado (salvo en ciertas zonas de Irlanda y Escocia) hace más de un siglo. En Estados Unidos no ha habido campesinos en la historia moderna porque el índice de desarrollo económico basado en el intercambio monetario fue demasiado rápido y demasiado total. En Francia, en la actualidad cada año abandonan el campo unos 150.000 campesinos. Los planificadores económicos de la CEE prevén la eliminación sistemática del campesinado para el final del siglo, si no antes. Por razones de orden político a corto plazo no utilizan la palabra eliminación, sino el término modernización. La modernización entraña la desaparición de los pequeños campesinos (la mayoría) y la transformación de la minoría restante en unos seres totalmente diferentes desde el punto de vista social y económico. El desembolso de capital con vistas a una mecanización y fertilización intensiva, el tamaño necesario de la granja que ha de producir exclusivamente para el mercado, la especialización en diferentes productos de las zonas agrícolas, todo ello significa que la familia campesina deja de ser una unidad productiva y que, en su lugar, el campesino pasa a depender de los intereses que le financian y le compran la producción. La presión económica, imprescindible para el desarrollo de este plan, la proporciona la caída del valor en el mercado de los productos agrícolas. En Francia hoy, el poder adquisitivo del precio de un saco de trigo es tres veces menor que hace cincuenta años. La persuasión ideológica la proporcionan todas las promesas de la sociedad de consumo. Un campesino intacto era la única clase social con una resistencia interna hacia el consumismo. Desintegrando las sociedades campesinas se amplía el mercado.   En gran parte del Tercer Mundo, los sistemas de tenencia de la tierra (en muchas zonas de América Latina un uno por cien de los propietarios posee el sesenta por ciento de la tierra cultivable y el cien por cien de la más productiva), la imposición de monocultivos para el beneficio de las empresas capitalistas, la marginalización de las granjas de subsistencia y, sólo y únicamente debido a ello, el ascenso de la población, hacen que cada vez más y más campesinos se vean reducidos a un estado de pobreza tal que, sin tierra, sin semillas, sin esperanza, pierden toda su identidad social previa. Muchos de estos ex campesinos se aventuran en las ciudades, en donde forman una masa compuesta por millones de personas; una masa, como no la había habido nunca antes, de vagabundos estáticos; una masa de sirvientes desempleados. Sirvientes en el sentido de que esperan en los suburbios, arrancados de su pasado, excluidos de los beneficios del progreso, abandonados por la tradición sin nadie a quien servir. Engels y la mayoría de los marxistas del siglo XX predijeron la desaparición del campesinado frente a la mayor rentabilidad de la agricultura capitalista. El modo de producción capitalista aboliría la producción del pequeño campesinado «como la máquina de vapor aplasta a la carretilla». Estas profecías subestimaban la resistencia de la economía campesina y sobrevaloraban el atractivo que podría tener la agricultura para el capital. Por un lado, la familia campesina podía sobrevivir sin beneficios (la contabilidad de los costos no se puede aplicar a su economía); y por el otro, para el capital, la tierra, a diferencia de otros productos, no es infinitamente reproducible, y la inversión en la producción agrícola termina enfrentándose a algún imperativo y produce menores ingresos. El campesino ha sobrevivido más tiempo del que le habían pronosticado. Pero durante los últimos veinte años, el capital monopolista, mediante sus empresas multinacionales, ha creado una nueva estructura del todo rentable, la «agribusiness», por medio de la cual controla el mercado, aunque no necesariamente la producción, y el procesado, empaquetado y venta de todo tipo de productos alimenticios. La penetración de este mercado en todos los rincones de la tierra está acabando con el campesinado. En los países desarrollados mediante una conversión más o menos planificada; en los países subdesarrollados de forma catastrófica. Anteriormente, las ciudades dependían del campo para el alimento, y los campesinos se veían obligados, de una manera o de otra, a separarse de su llamado «excedente». No falta mucho para que todo el mundo rural dependa de las ciudades incluso para el alimento que requiere su población. Cuando suceda esto, si llega a suceder realmente, los campesinos habrán dejado de existir.” [5]

Como afirmé más arriba en Paraguay este proceso histórico universal se potencia por la mafia de la droga, de la soja y de los ganaderos. Todos ellos se ven “molestos” por la presencia de los campesinos, y se dedican a asesinar, criminalizar, encarcelar y condenar a los dirigentes campesinos. El que no quiera verlo deberá mirar a otro lado.

 

tres. La “anomalía” del gobierno de Lugo y lo “original” del de Cartes

No importan las limitaciones y falencias que tuvo, el gobierno de Lugo fue una verdadera anomalía en la historia de dictaduras y continuidades democráticas funcionales al “continuismo” que se vivieron desde 1989 en adelante. Según un ex Ministro de su gobierno, Lugo estaba apoyado en tres pilares que lo sostenían y explicaban:

  • el movimiento campesino, social y popular que impuso la (débil) coalición electoral que lo llevó al triunfo, pero que no lo sostenía en sus tímidos aprontes reformistas y que lo terminó traicionando del modo más brutal (fue su aliado del Partido Liberal el que sostuvo el proceso de golpe constitucional y lo reemplazó en el gobierno.
  • los procesos de transformación en curso en América Latina que generaron formas estatales de integración no tradicionales como el Alba y las promesas (incumplidas) de crear un Banco del Sur o generar una nueva estrategia de Defensa que reemplace la doctrina de Seguridad Nacional reciclada bajo la mascara de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo.
  • una corriente militar progresista que gestó un inédito Ministerio de Defensa, popular y nacionalista, antimperialista y partidario de la unidad popular.

La táctica imperial fue transparente y debería ser anotada por el movimiento popular latinoamericano: presionó a Lugo de todas las maneras posibles (legales, comunicacionales, económicas y hasta con maniobras de inteligencia) para que no “sintonizara” con el movimiento popular de modo tal que lo desalentara y desmovilizara mediante la incorporación a la función publica de decenas de dirigentes sociales; neutralizó todo lo que pudo la integración con  latinoamérica y se aprovecho del oportunismo económico de los principales “socios comerciales” Brasil y Argentina que siguieron sometiendo al Paraguay a “relaciones no equitativas”, o sea que ejercieron formas coloniales de dominación sobre la electricidad y otras riquezas paraguayas como la tierra que usufructúan productores brasileros y argentinos; y cuando se vio con fuerzas para forzar la renuncia del Ministro de Defensa desde la Embajada norteamericana los días de Lugo estaban contados. Claro que para liquidarlo acudieron a la Masacre de Curuguaty como una clara señal que no iban por Lugo sino por los campesinos y la izquierda revolucionaria.

El golpe preparó la llegada de Cartes que expresa la continuidad del Stronerismo pero intenta cumplir las tareas inconclusas que el capital internacional reclama: privatizaciones, más y más concesiones para arrebatar el agua y la energía eléctrica y transformar todo  en una inmensa huerta de soja, marihuana y crianza de vacas.

En su camino neoliberal, Cartes no solo arremete contra el pueblo, también tropieza con sectores del poder, de la vieja mafia colorada y otros sectores burgueses.

 

cuatro. la huelga de hambre de Curuguaty y la tercera huelga general

Permítanme una confesión personal: no me atraen las huelgas de hambre. En mis lecturas adolescentes aprendí de los guerrilleros rusos antifascistas y del Comandante Guevara que un hombre comprometido con el cambio social debe cuidar su vida y ponerla al servicio de los demás. Hacer lo que haya que hacer en beneficio de la humanidad, no importan las circunstancias, era el modo de definir el heroísmo de Julius Fucik, aquel de “por la alegría he ido al combate, por la alegría muero, que jamás la tristeza sea asociada a mi nombre”.

Permítanme una segunda confesión personal: cuando los Seis Campesinos estaban presos en la Cárcel de Marcos Paz (periodo de tiempo carcelario que la Justicia Paraguay califica de “estadía en un hotel”), vivía aquellos días con angustia y tristeza. Con mucho temor por los compañeros y mucha impotencia.

Pero en este viaje a Paraguay; en las conversaciones con Carlos Luis Casabianca, inveterado veterano de cárceles y exilios, aprendí que en las condiciones extremas de un país en que no existe el Estado de Derecho, la huelga de hambre es casi siempre el único recurso.

A diferencia de Argentina, tanto la lucha armada contra la injusticia como la huelga de hambre en la Cárcel son parte de la cultura política popular aceptada con bastante naturalidad por casi todos los luchadores sociales y políticos.

La masacre de Curuguaty, los presos de Curuguaty, la aberración jurídica de Curuguaty, el encierro infame de los campesinos de Curuguaty precedió al golpe contra Lugo y durante meses y meses nombrarlos era casi un acto de heroísmo por el grado de descalificación que el sistema había logrado sobre ellos. Casi tanto como la que montó sobre los Seis Campesinos de la causa Cecilia.

Pero los presos de Curuguaty resistieron. Encabezados por su jefe político, el comunista Rubén Villada; alentados por sus familiares dirigidos por una extraordinaria campesina de nombre Martina (que nos visitó en Argentina el año pasado), rodeados por buena parte del movimiento de derechos humanos: el Serpaj Paraguay, la Codehupy, la Comuna y sus equipos jurídicos, sostenidos de todas las maneras posibles (incluidas las políticas pero mucho más por la ternura) de la Articulación Curuguaty y su referente más popular, el Pollo Fabricio, resistieron y pasaron a la ofensiva. Luego de innumerables vejámenes, encerrados en la Cárcel más sórdida del Paraguay y seguro que una de las más sórdidas de América Latina (más que las Colombianas, que no es poco).

Hay una relación intima, oculta pero innegable entre la resistencia de los presos de Tacumbú (y ahora nombro a todos los presos políticos de Tacumbú) y la resistencia popular a las leyes privatizadoras de Cartes. No es casualidad entonces que del conjunto de consignas que convocaban la huelga general sobresalgan dos: la anulación de la Ley APP (alianza entre lo publico y lo privado, les suena?) y la solución del caso Curuguaty (no solo la libertad de los compañeros, sino la recuperación de las tierras de Marina Kue para el pueblo).

Y son esas dos consignas las que le dan a esta tercera huelga general un significado histórico especial.

No soy adivino, ni mucho menos experto conocedor de la realidad paraguaya pero me animaría a decir que en el largo ciclo histórico: frustración de la experiencia autonómica de Gaspar Francia, genocidio argentino brasilero del pueblo paraguayo a finales del siglo XIX, la larga noche de las dictaduras de Morinigo Stroessner, la farsa continuista con mascaras democráticas, la anomalía Lugo y su derrota; la huelga general marca un punto de recuperación de aquella frustración y vuelve a poner en marcha el reloj de la acumulación de fuerzas.

Que avance o no dependerá de la fuerza y la inteligencia del movimiento popular y de muchos otros factores (vitalidad del proceso latinoamericano, disputas al interior del bloque de Poder, hegemonías en el movimiento popular, etc.) pero algo tengo claro de mis viajes a Paraguay: solo la ética puede fundar una política liberadora y no hay política de liberación que no se haga cargo de los presos políticos, la actitud hacia ellos es un barómetro eficaz de la verdadera subjetividad popular;  el primer derecho de los pueblos es a la autodeterminación y ese es el primer derecho a defender de manera solidaria: luchar por la libertad de los presos políticos paraguayos no es solo un deber ético y moral, es una acción de autodefensa para todos los pueblos de América Latina porque de las muchas verdades guevaristas hay una que atravesó todas las pruebas y es aquella que él envía sus hijos como despedida y que sigue siendo la estrategia política más realista y eficaz de todas: “…y sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.”

[1] http://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/2009/12/13/cuatro-fotos-del-paraguay/

[2] http://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/2013/11/15/la-dignidad-se-aloja-en-el-sotano-del-penal-paraguayo-de-tacumbu/

[3] http://www.codehupy.org/index.php?option=com_content&view=article&id=241:-informe-preliminar-de-la-mision-de-observacion-internacional-de-la-situacion-de-los-derechos-humanos-en-paraguay&catid=8:estatutos

[4] complementé las conversaciones con la lectura de tres libros: “Reflexiones políticas desde la Cárcel” de Agustín Rodríguez, uno de los Seis Campesinos; “Clandestino y bajo el agua” de Carlos Luis Casabianca, presidente del Partido Comunista Paraguayo y activo luchador cotidiano a sus 86 bien llevados años que además fue mi generoso anfitrión y el “Informe de Derechos Humanos sobre el caso Marina Kue” de la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay.

[5] http://soria-goig.com/despoblacion/despo_03.htm

El cumpleaños de Iris Avellaneda y la cuestión Milani


Desde hace algunos años, Iris festeja su cumpleaños en la Minga de Morón, esa gran acción popular, cultural y política, contra el olvido y la impunidad que se desarrolla el domingo previo a cada 24 de marzo.

En el 2009, cuando todavía no arrancaba el Juicio Oral contra los Generales Riveros y Verplaetsen, el asesino Aneto y el resto de los imputados en la causa del Negrito Floreal, la Dirección de Derechos Humanos de Morón tuvo el decoro de pasar un video sobre la vida del Negrito y permitir que Iris le hable a la multitud desde el escenario principal.

Cuando se apagaron las luces y comenzó a proyectarse el video de Floreal, un silencio sobrecogedor se produjo en ese inmenso campo y cuando Iris comenzó a hablarles; como habla Iris, sencillo, con dulzura de madre y contundencia guevarista, se produjo el “milagro”. Los miles de jovenes se engancharon con Iris como si ella fuera una artista famosa. Ese día nos convencimos que habíamos vencido.  El Negrito había salido del pequeño espacio de nuestra memoria para comenzar a convertirse en un mito de la resistencia popular. Y con eso que todavía faltaba el juicio, el aguante de la noche previa al comienzo, los cuatro meses con la sala llena y la gente en la calle, y los alegatos y la sentencia. Todavía faltaba que Floreal volviera a su escuela y se hiciera libro, y que los niños de  la Escuela Policía Federal de Avellaneda decidieran cambiar su nombre por el de Floreal Avellaneda y muchas otras cosas que ocurren casi a diario con el Negrito peleándole al olvido y la impunidad.

 

Iris, como el resto de sus compañeros de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre es una mujer agradecida. Por eso tenemos con los compañeros de Morón, de la dirección de Derechos Humanos, del Municipio, del Consejo Deliberante, etc. , una relación muy especial, fraterna, respetuosa, de gente que se sabe distinta pero que camina junta hacia el mismo objetivo.

Respetuosa y fraterna sí, pero no menos respetuosa de nuestros principios y proyecto político. Por eso, este año Iris levantó un pequeño cartel hecho a mano por los HIJOS de la zona Oeste que decía: “Fuera Milani Genocida”. Un verbo, un nombre propio y un calificativo que condensan la posición de la Liga en estos días, porque el Fuera Milani Genocida podría haber sido también Fuera Berni Represor o Fuera Granados Manodura.  El Fuera expresa una posición activa de la Liga. No somos gente de media palabra. Cuando dijimos Apoyamos los Juicios contra los Genocidas no nos quedamos mirando o leyendo lo que otros hacían sino que con alma y vida nos metimos en todos los juicios que nos dio y nos da el cuero, que no son pocos. Y cuando supimos que un Militar acusado por sobrevivientes y familiares de victimas del Terrorismo de Estado de haber participado en el Genocidio de manera actica y conciente, no fuimos ni somos de los que nos “lamentamos” o “preguntamos los porqué de tal decisión”; no, nosotros luchamos para que se vaya Milani.

Con Iris decimos Fuera Milani Genocida.

Porque hay que echarlo y porque Milani debe ser juzgado con todas las garantías procesales (las mismas que él le negó al soldado Ledo) y condenado por sus crímenes, que son los de un Estado que lo protegió por cuarenta años y que ahora lo sigue protegiendo

Y no nos equivocamos porque, una vez más, las conductas actuales de aquellos que participaron en el Genocidio, confirman la matriz ideológica que los conformó como asesinos. Desde que asumió Milani no ha dejado de producir actos institucionales de adaptación del Ejercito a la estrategia global del Imperialismo Norteamericano para la región: instalar el eje de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo como centrales de la labor de las fuerzas de “Seguridad” o para decirlo en nuestros términos, del “aparato armado del Estado”.  En enero firmó un acuerdo con el Comando Sur del Ejercito de Estados Unidos para comprar material rodante para las tropas que se van instalando en la frontera como “refuerzo” de la Gendarmería y policías provinciales, supuestamente para la lucha contra los narcos que no dejan de crecer y ocupar territorios para la mafia. En febrero su cómplice Berni (también militar, pero no del arma de Inteligencia sino Medico Militar) participó en la reunión de la OEA para planificar la lucha contra “el terrorismo” y todo el tiempo se promueve el debate sobre si es o no es necesario sumar a las fuerzas armadas al combate contra los narcos.

Con la designación de Milani comenzó una secuencia de claudicaciones y regresiones que van arrasando con el progresismo kirchnerista. Que Mariotto sea el que proponga liquidar el derecho de huelga de los trabajadores de la educación da una idea de todo lo que cambió en estos meses. El pedido de una ley que limite el derecho a cortar las calles y las rutas por parte de los que no tienen otra manera de resistir la injusticia y los atropellos, hecho desde la más alta figura del Poder Ejecutivo confirma que no estamos ante cambios parciales o coyunturales sino ante una regresión en forma de las políticas de derechos humanos.  Y es ante esa regresión que nos plantamos y llamamos a resistir.  Fuera Milani Genocida dijo Iris en la Minga de Morón.

Libertad a Esteche y Lescano, los dirigentes de Quebracho presos por repudiar el asesinato de Fuentealba, agregamos nosotros. Fuera Berni, Granados y todos los que predican mano dura para los niños y pobres y represión para los que luchan. Anulación de la condena a prisión perpetua para los petroleros de Las Heras que luchaban por aumento salarial en el 2006 y tomaron una comisaria para liberar sus dirigentes. Derogación de la Ley Antiterrorista 26734 (en su última versión de 2011, hubo otra de 2007, ambas propuestas por los Kirchner) y abandono de todo ámbito de coordinación continental de lucha “antiterrorista” que sirven de fundamento a la activa política de expulsiones del país de compañeros latinoamericanos como los Seis Campesinos Paraguayos que fueron condenados a treinta y cinco años de prisión por la Justicia Stronerista en el 2009. Respeto a los ambitos autonomos de construcción de memoria: No a la disolución del Instituto Espacio para la Memoria que propugna el acuerdo Cristina Macri de fin de año. Y muchas más cuestiones que resumimos en nuestro proclama del 75º aniversario de la Liga.[1]

No es la hora de “lamentarnos” o “aconsejar” a los Milani, Berni, Granados o Mariotto que reflexionen y cambien sus posturas. No somos tan ingenuos para creer que alguien hace lo que no quiere o no está convencido. Desde 1937 aprendimos a decir tortura a la tortura y presos políticos a los presos políticos. Y a resistir. Siempre. Contra quien sea y en las condiciones que sean.

Y esa es la lección política y ética de Iris con su Fuera Milani Genocida.

Es un llamado a RESISTIR las políticas represoras y violadoras de los derechos humanos.

A resistir como ella resistió la impunidad de sus torturadores y asesinos de su hijo.

Eso es lo que aprendimos en estos años.

Contra los violadores de los derechos humanos no vale lloriquear o lamentarse, y mucho menos llamarlos a que dejen de ser lo que son.

La única política ética es la de resistir.

Y la Liga seguirá el camino de su historia que hoy renueva Iris.

Por el Negrito Floreal y por el viejo Floreal, por Teresa y por Freddy, por Julio y por todas y todos los que hicieron de la ética la manera de hacer política de derechos humanos

 

dirección nacional de la Liga

 

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[1] https://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/2012/12/08/en-su-setenta-y-cinco-aniversario-la-ladh-al-valorar-su-historia-de-lucha-como-parte-de-todas-las-luchas-por-la-conquista-de-todos-los-derechos-humanos-para-todos-propone-y-se-compromete-a-luchar/